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Miércoles, 16 abril 2014
Geoquímica

El agujero de la capa de ozono del Ártico no llega a los niveles de la Antártida

Desde el descubrimiento del agujero de la capa de ozono de la Antártida, científicos, políticos, y múltiples colectivos se han preguntado si algún día se podría dar un agotamiento similar de la capa de ozono sobre el Ártico.

Un nuevo estudio del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) ha encontrado razones para el optimismo: “Los niveles de ozono en el Ártico todavía no han llegado a descender de forma tan extrema como los observados en la Antártida”, aseguran los investigadores, que publican el trabajo en la revista PNAS.

Aunque no haya duda de un cierto agotamiento del ozono en el Ártico, las condiciones extremas de la Antártida hasta el momento son muy diferentes.

“El Ártico es unos pocos grados más caliente que la Antártida, incluso en los años más fríos, y eso crea una gran diferencia química. Los elementos químicos son más eficaces en la destrucción de la capa de ozono donde hace más frío, y la Antártida es realmente el lugar más frío del planeta”, declara a Sinc la química estadounidense Susan Solomon, que es catedrática del MIT y lidera el estudio. Solomon (Chicago, 1956) fue la mujer que en 1986 demostró la relación entre gases clorofluorocarbonados (CFC) y el agujero de ozono.

Para obtener sus resultados, los investigadores utilizaron un globo y datos de satélite obtenidos desde el corazón de la capa de ozono en las regiones polares. Encontraron que los niveles de ozono en el Ártico cayeron de forma significativa durante un período prolongado de frío inusual, en la primavera de 2011.

Aunque esta caída hizo que bajaran los niveles de ozono, la disminución no fue para nada tan drástica como la pérdida casi completa de la capa de ozono en el corazón de la capa en la Antártida durante muchos años.

Ante la cuestión de si se cerrará el agujero de la capa de ozono a finales de siglo, como predicen algunos científicos, la experta cree muy probable que este hecho se produzca en torno a 2060.

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“Las concentraciones de los compuestos que causan el agujero de ozono ya están empezando a disminuir. Desaparecerán poco a poco porque los procesos de destrucción son muy lentos. Además, creo que vamos a ver algunos años con agujeros de ozono mucho más superficiales que antes, tal vez en un período de 10 años, pero en las etapas más frías todavía habrá agujeros de ozono que se mantendrán durante mucho tiempo”, añade la experta.

Las gélidas temperaturas estimulan la pérdida de ozono porque crean condiciones propicias para la formación de nubes estratosféricas polares. Cuando la luz incide en estas nubes, se desata una reacción entre el cloro de los CFC, sustancias químicas producidas por el hombre que se utilizaban en refrigerantes y otros productos que, en última instancia, destruyen el ozono.

Tras descubrir los efectos que tenían los CFC en la década de los 80, los países de todo el mundo acordaron eliminar gradualmente su uso como parte del tratado del Protocolo de Montreal en 1987.

Para la científica, las claves para el éxito de este protocolo se componen de “un fantástico trabajo tecnológico” en la búsqueda de alternativas. “Creo que la innovación –añade–  tiene mucho que ofrecer en el problema del cambio climático, no solo en los hidrofluorocarbonos, también en el campo de reducción del dióxido de carbono en la atmósfera y en el área de la energía”.

Tendrán que pasar décadas para que los CFC desaparezcan totalmente del medio ambiente –lo que significa que todavía hay un cierto riesgo de agotamiento del ozono causado por estos contaminantes– pero los científicos se muestran optimistas.

"Es realmente una historia de éxito para la ciencia y la política, se tomaron las decisiones correctas justo a tiempo para evitar daños al medio ambiente en general", subraya Solomon, que realizó algunas de las primeras mediciones en la Antártida que apuntaban hacia los CFC como la causa principal del agujero de la capa de ozono agujero.

El trabajo del equipo del MIT también muestra las razones químicas de las diferencias que se dan en los polos. Han demostrado que la pérdida de ozono en la Antártida está estrechamente asociada con niveles reducidos de ácido nítrico en el aire.

"No podemos asegurar que no habrá nunca pérdidas extremas de ozono en el Ártico en años futuros inusualmente fríos, pero hasta ahora, todo va bien y eso es una buena noticia", concluye. (Fuente: SINC)

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