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Miércoles, 30 abril 2014
Neurología

Confirman que la Enfermedad de la Guerra del Golfo tiene un origen químico artificial

De entre los soldados estadounidenses que estuvieron en la campaña de la Guerra del Golfo Pérsico, sostenida en 1991 contra Irak, un porcentaje inusualmente alto de ellos comenzó a sufrir diversos problemas físicos y psicológicos poco después de su regreso a casa. Entre los síntomas, figuraban fatiga, dolor muscular, sarpullido, diarrea, problemas cognitivos e incluso discapacidad. Esta combinación de síntomas acabó siendo conocida como Síndrome de la Guerra del Golfo, o Enfermedad de la Guerra del Golfo.

Al principio se la consideró una enfermedad psicosomática provocada por la tensión nerviosa propia de luchar en una guerra, pero la gravedad de los síntomas no tardó en demostrar que era mucho más que eso. Se asumió que las causas podían ser varias.

En 1998, el Congreso de Estados Unidos creó el Comité Asesor de Investigación sobre las Enfermedades de los Veteranos de la Guerra del Golfo.

Hace más de una década, la corporación RAND en Estados Unidos llevó a cabo una revisión amplia de las evidencias científicas que podían quizá avalar a ocho posibles causas de la Enfermedad de la Guerra del Golfo: enfermedades infecciosas, bromuro de piridostigmina (un fármaco usado en tropas como protección parcial contra una sustancia empleada como arma química ¬somán-), efectos secundarios de vacunas especiales, la tensión nerviosa propia de combatir en una guerra, la exposición a armas químicas o biológicas, el humo de los incendios en los pozos petrolíferos, la exposición a pesticidas, y el uso de munición compuesta en buena parte por uranio empobrecido.

A pesar del tiempo transcurrido desde esa guerra, solo en años recientes se ha comenzado a discernir qué pudo ocurrir.

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En 2008, el citado Comité Asesor de Investigación sobre las Enfermedades de los Veteranos de la Guerra del Golfo estableció que el Síndrome de la Guerra del Golfo era una enfermedad real, afectando a nada menos que a unos 250.000 de los 697.000 soldados estadounidenses enviados a la Guerra del Golfo entre 1990 y 1991. El informe previo ya había documentado una serie de estudios que encontraron pruebas que relacionaron a la enfermedad con la exposición a pesticidas y al bromuro de piridostigmina (presente en las píldoras contra el gas nervioso entregadas a las tropas), así como otras fuentes tóxicas.

Hace unos días, este Comité Asesor, cuya directora científica es Roberta “Bobbie” White, catedrática de salud medioambiental en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston en Massachusetts, Estados Unidos, ha presentado un nuevo informe.

Éste recoge, entre otras cosas, análisis y resúmenes de conclusiones de investigaciones realizadas sobre el tema desde el último informe.

Los estudios publicados desde 2008 continúan apoyando la conclusión de que el Síndrome de la Guerra del Golfo está relacionado causalmente con exposiciones químicas en la zona de guerra. Y muchos estudios del cerebro y del sistema nervioso central, utilizando captación de imágenes, electroencefalografía (EEG) y otras mediciones objetivas de la estructura cerebral y su función, aumentan la lista de pruebas obtenidas de que la disfunción del sistema nervioso central es un elemento crítico en la enfermedad.

Otra de las conclusiones del nuevo informe es que las investigaciones realizadas desde 2008 continúan mostrando que el Síndrome de la Guerra del Golfo no está asociado con factores causantes de estrés psicológico durante la guerra. Las tasas de estrés postraumático y otras enfermedades psiquiátricas en los veteranos de la Guerra del Golfo se hallan muy por debajo de las tasas de tales trastornos en los veteranos de otras guerras recientes (por ejemplo la del Vietnam, muchísimo más dura psicológica y físicamente), y también muy por debajo de las tasas del Síndrome de la Guerra del Golfo.

Además, indica el informe del comité, ha surgido nueva información que sugiere que ciertas exposiciones podrían estar conectadas con la aparición de cáncer cerebral en veteranos de la Guerra del Golfo. Los estudios muestran que los soldados que más expuestos estuvieron a la liberación de gas nervioso durante la destrucción por tropas estadounidenses del arsenal iraquí de Khamisiyah (el arsenal contenía, entre otro armamento, armas químicas) poseen una tasa significativamente más elevada de mortalidad debido al cáncer de cerebro.

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