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Lunes, 16 junio 2014
Sociología

Otro motivo por el que estar en un grupo puede volver menos éticas a ciertas personas

Cuando las personas se agrupan, pueden ocurrir cosas, buenas o malas, que serían poco probables que ocurrieran si esas mismas personas actuasen por separado, de manera exclusivamente individual. Los grupos pueden alcanzar el rango de instituciones sociales, que difícilmente un individuo podría alcanzar solo. La acción combinada de todos los sujetos de un grupo permite llegar a metas que de manera individual sería imposible lograr. Pero puede haber un lado oscuro en tales alianzas: Pertenecer a un grupo hace que el individuo pierda contacto con sus creencias morales personales, y puede volverle más propenso a hacer daño a otros individuos que son de fuera del grupo, según las conclusiones a las que se ha llegado en un nuevo estudio.

 

Aunque la mayoría de las personas exhibimos una clara preferencia por la equidad en nuestro trato con otra gente, esa escala personal de valores puede verse alterada si el individuo se deja guiar demasiado por su pertenencia a un grupo, sobre todo si dicha pertenencia le hace pensar en términos de "ellos" o "nosotros". En las bandas callejeras violentas, o en los grupos de hinchas de fútbol más agresivos, esto tiene un claro exponente. Pero el patriotismo, la religión y otras cosas que nos hacen sentir parte de un grupo al que debemos seguir contra viento y marea, también pueden llevar a algunas personas a perpetrar malos actos.

 

Al formar parte de un grupo lo bastante numeroso, algunas personas sienten que su responsabilidad personal por malos actos se diluye en la del grupo. Por un lado, se sienten camuflados en la muchedumbre, y por otro se dejan llevar por la falsa idea de que la "moral" que deben seguir es la del grupo y no la suya propia individual. Eso anestesia sus escrúpulos cuando hacen cosas malas como parte de un grupo. El fenómeno es bien conocido en sociología y en psicología de grupos. Es, por ejemplo, el detonante de los saqueos perpetrados por una multitud, o el de una red de corrupción muy extendida; robar cuando todos lo hacen parece menos grave que robar cuando nadie más lo hace.

 

El equipo de las profesoras Rebecca Saxe, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Cambridge, Estados Unidos, y Mina Cikara, ahora en la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh, Pensilvania, Estados Unidos, ha estudiado otro factor que podría estar implicado en esta dinámica de grupo: la hipótesis de que cuando las personas están en grupos, “pierden el contacto” con sus propias creencias y moralidad, y se vuelven más propensas a hacer cosas que normalmente creerían que son malas.

 

Este proceso por sí solo no explica el conflicto entre grupos: Estos promueven también el anonimato, disminuyen la responsabilidad personal, y animan a recalificar acciones dañinas como “necesarias para lograr un bien mayor”. Aún así, estos nuevos resultados sugieren que, al menos en algunos casos, reflexionar sobre la escala propia de valores morales podría ayudar a atenuar la influencia de la "mentalidad de turba" (el impulso psicológico a hacer lo mismo que hace una muchedumbre exaltada).

 

Cikara empezó este proyecto de investigación después de experimentar las consecuencias de dicha mentalidad de turba: Durante una visita a un estadio de beisbol con motivo de un partido entre el equipo del que es seguidor su marido y el equipo rival, su marido fue increpado una y otra vez por hinchas del equipo contrario, que le identificaron como seguidor del otro equipo por llevar puesta una gorra del mismo.

 

[Img #20458]

 

Cikara, a la que nadie había increpado, decidió quitarle la gorra a su marido y ponérsela ella, pensando que sería un objetivo menos perseguido, en virtud del hecho de ser una mujer. "Estaba totalmente equivocada. Nunca me han insultado de tal forma en toda mi vida”, confiesa Cikara.

 

El hostigamiento, que continuó fuera del estadio, provocó una fuerte reacción en Cikara, quien ni siquiera es seguidora del equipo de beisbol de su marido.

 

La desagradable experiencia demostró a Cikara lo que ocurre cuando, a ojos de un grupo de gente arrastrada por la mentalidad de la turba, se deja de ser una persona individual neutra para pasar a ser un miembro del "grupo contrario". Al ponerse la gorra, se convertía automáticamente en una persona odiada, aunque no la conocieran de nada ni la hubiesen visto hacer algo malo.

 

Tras el incidente, Cikara empezó a investigar los mecanismos neurológicos subyacentes en la dinámica de grupos que produce un mal comportamiento. En el nuevo estudio, hecho en el MIT, Cikara, Saxe, Anna Jenkins, y Nicholas Dufour se centraron en una parte del cerebro llamada corteza prefrontal medial. Cuando alguien reflexiona sobre sí mismo, esta parte del cerebro exhibe un aumento notable y característico de actividad en los escaneos cerebrales por fMRI (por las siglas en inglés de functional magnetic resonance imaging, o resonancia magnética funcional por imágenes).

 

Un par de semanas antes de que los voluntarios para el experimento vinieran al laboratorio, los investigadores los encuestaron a todos sobre sus hábitos en los medios sociales, así como sobre sus creencias morales y comportamiento.

 

Cuando los sujetos llegaron al laboratorio, el equipo de investigación escaneó sus cerebros mientras jugaban a un juego idóneo para lo que se pretendía analizar. Jugaron una vez en solitario y otra formando parte de un equipo.

 

Se midió la actividad en la citada región cerebral. Se comprobó que en algunas personas esta actividad se reducía cuando los sujetos participaban en la competición como parte de un grupo, en comparación con lo que sucedía cuando competían en solitario. Esas personas eran más propensas a ejercer una conducta agresiva contra sus competidores por el mero hecho de ser del otro grupo que las personas que no mostraban esta actividad cerebral disminuida.

 

E incluso la hostilidad de estas personas hacia las del grupo contrario se prolongó después del juego, en una prueba camuflada de mera consulta. A cada sujeto se le pidió que seleccionara fotografías que aparecerían en el estudio publicado, de un grupo de cuatro fotos por persona de dos compañeros de equipo y de dos miembros del equipo contrario. Los sujetos que experimentaron la citada reducción severa en la actividad de su corteza prefrontal medial eligieron las fotos en las que más desfavorecidos estaban los miembros del equipo contrario, cosa que no hicieron con las de sus compañeros de equipo.

 

Los investigadores también constataron que, después del juego, las personas con una actividad reducida en la corteza prefrontal medial tenían mayores dificultades para recordar las declaraciones morales (relacionadas con su escala personal de valores) que habían oído durante el juego, como parte del experimento.

 

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