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Viernes, 18 julio 2014
Ecología

¿Aprender de las hormigas para lograr una mejor inmovilización de CO2 en los suelos?

Un estudio de 25 años de duración proporciona la primera medición cuantitativa de la disolución local de silicatos de magnesio y calcio provocada por hormigas, termitas, raíces de árboles y suelo desnudo. Este estudio revela que las hormigas son uno de los agentes biológicos más poderosos observados hasta la fecha para la descomposición mineral. Tal vez, si se profundiza lo suficiente en el conocimiento de la geobiología de las interacciones hormiga-mineral, se pueda iniciar una línea de investigación orientada al desarrollo de técnicas que permitan acelerar procesos de este tipo que acarrean el “secuestro” de dióxido de carbono (CO2) en los suelos.

 

Con el paso del tiempo a escala geológica, la disolución de silicatos de magnesio y calcio ha llevado a la captura de dióxido de carbono atmosférico a través de la acumulación de dolomita y caliza.

 

Muchos esfuerzos actuales para secuestrar el CO2 se basan en técnicas que implican sepultarlo directamente bajo tierra, lo que entraña riesgos y algunas consecuencias medioambientales negativas.

 

El equipo de Ronald Dorn, de la Universidad Estatal de Arizona, tras su exhaustivo análisis de la acción geoquímica de las hormigas en los suelos, ha llegado a la conclusión de que abrir una línea de investigación y desarrollo destinada a copiar y amplificar los procesos más eficaces promovidos por la actividad de las hormigas podría conducir a notables avances en esa modalidad de la geoingeniería dedicada a atrapar CO2 atmosférico e inmovilizarlo en los suelos.

 

[Img #21128]

 

Con excepción de la tendencia al calentamiento que se aprecia desde el inicio de la Revolución Industrial, en líneas generales el clima de la Tierra se ha enfriado bastante desde hace unos 65 millones de años. Curiosamente, este enfriamiento coincide con la cronología de la expansión en variedad y número de las hormigas en el Paleógeno y el Neógeno, dos periodos dentro de la Era Cenozoica que empezó hace unos 65 millones de años. Aunque es solo una especulación, no se puede evitar pensar que la coincidencia entre esa expansión de las hormigas a escala planetaria y dicho enfriamiento se deba a la influencia geoquímica de esos insectos.

 

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