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Viernes, 25 julio 2014
Antropología

El misterio de cómo nuestros antepasados se volvieron cazadores muy letales de mamuts sin cambios en sus armas

Hace entre 45.000 y 15.000 años, se produjo en el centro y el Este de Eurasia una proliferación inusitada de campamentos de caza que hoy son yacimientos arqueológicos ricos en herramientas de piedra, pero sobre todo, y esto es lo extraño, repletos de restos correspondientes a cantidades asombrosas de mamuts abatidos, que en algunos casos se cuentan por centenares de individuos.

 

Aunque los mamuts, parientes evolutivos lejanos de los elefantes actuales, ya habían sido cazados antes por los humanos anatómicamente modernos y por sus ancestros y parientes evolutivos extintos durante al menos un millón de años, esa fuerte y súbita proliferación en la actividad de los humanos como cazadores resulta un tanto enigmática. ¿Qué cambió para que de repente se volvieran tan letales, siendo capaces de matar mamuts a un ritmo y magnitud sin precedentes?

 

Las armas disponibles durante esa época no parecen justificar ese aumento tan notable de eficiencia, el cual supuso el empujón definitivo que abocó a los mamuts a la extinción.

 

Un nuevo análisis de yacimientos arqueológicos europeos que contienen grandes cantidades de mamuts muertos, e incluso restos de antiguas viviendas humanas construidas con huesos de mamuts, ha llevado al equipo de la paleoantropóloga Pat Shipman, de la Universidad Estatal de Pensilvania en Estados Unidos, a formular una nueva interpretación sobre cómo se formaron esos lugares. Ella sugiere que su súbita aparición pudo deberse a que los humanos anatómicamente modernos empezaron a servirse de la ayuda de los primeros perros domésticos para matar ejemplares de mamut.

 

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Una pista crucial para la nueva hipótesis de Shipman es el trabajo reciente de un equipo dirigido por Mietje Germonpré del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales, que ha obtenido evidencias de que algunos de los grandes carnívoros en esos yacimientos eran perros primitivos domesticados, no lobos como se asumió anteriormente. Entonces, con esta prueba como pista, Shipman utilizó información sobre cómo los humanos cazaban con perros para formular una serie de predicciones comprobables acerca de estos yacimientos de mamuts.

 

Los perros ayudan a los cazadores a encontrar presas más rápido y más a menudo, y una jauría también puede rodear a un animal grande y mantenerlo retenido en ese espacio cercado mediante la táctica de amenazarlo en grupo con ladridos, gruñidos y mordiscos ocasionales, hasta la llegada de los cazadores. Ambos efectos debieron incrementar el éxito en la caza practicada por nuestros antecesores. Además, los perros grandes, como los identificados por Germonpré, pueden ayudar a arrastrar a la presa hasta la vivienda, o, gracias a su capacidad de defender el cadáver de otros carnívoros, pueden facilitar que los cazadores acampen en el propio lugar donde han abatido a la bestia cazada.

 

Lo descubierto en otros dos estudios, a cargo de equipos independientes, aporta también datos que encajan en la nueva hipótesis del papel del perro en el auge de la caza de mamuts organizada por el Hombre y en la extinción de estas enormes bestias. Hervé Bocherens y Dorothée Drucker, de la Universidad de Tubinga en Alemania, llevaron a cabo un análisis isotópico de los huesos de lobos y de supuestos perros en el yacimiento checo de Predmostí. Encontraron que los individuos identificados como perros tenían dietas diferentes de aquellos identificados como lobos, indicando posiblemente que los primeros eran alimentados por humanos. Además, el análisis del ADN mitocondrial hecho por Olaf Thalmann, de la Universidad de Turku en Finlandia, y otros, mostró que los identificados como perros tenían una firma genética característica que no se conoce en ningún otro cánido. Este hallazgo, que añade misterio al origen de los primeros perros domesticados, podría indicar que estos extraños cánidos no dieron lugar a los perros domésticos modernos, o que el raro linaje de ADN mitocondrial del que formaron parte se acabó extinguiendo con el paso del tiempo. En cualquier caso, todo apunta a que la sinergia entre el Ser Humano y esos perros arcaicos fue poco menos que explosiva. La combinación entre lo mejor de cada especie a la hora de cazar convirtió a la asociación entre el Hombre y el Perro en una máquina de matar, que exterminó incluso a un coloso como el mamut.

 

El primer animal en ser domesticado, muchísimo antes incluso que los usados en la ganadería, fue el perro. La relación del Ser Humano con el Perro es especial. Después de varias decenas de miles de años conviviendo estrechamente, y a veces dependiendo uno del otro mutuamente para sobrevivir, los perros actuales tienen una capacidad innata de compenetración con los humanos que en algunos aspectos cognitivos relacionados con el lenguaje y la conducta social supera incluso a la existente en el chimpancé, nuestro pariente evolutivo más cercano.

 

Por su gran antigüedad, es difícil saber cuál fue el origen de la relación entre el Hombre y el Perro, el motivo que llevó al Ser Humano primitivo a decidir adoptar a un cachorro de perro y criarlo de modo que se convirtiera a efectos prácticos en un miembro útil del grupo de humanos y no de una manada de sus congéneres caninos. Muy probablemente, el motivo principal fue obtener del perro ayuda para cazar a otros animales. Otro motivo quizá fue obtener protección contra algunas bestias, lo que pudo hacer valiosa la compañía personal del perro y desembocar en el concepto de mascota.

 

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