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Lunes, 15 septiembre 2014
Biología

El Ser Humano ahora regula la evolución de las especies

La evolución actual de las especies está muy influenciada por las acciones, intencionadas o no, del Ser Humano. No se trata simplemente de que muchas especies se estén extinguiendo por nuestra culpa, y que aquellas de las que sacamos provecho las hayamos modificado a través de la crianza selectiva. El fenómeno va mucho más allá, y es más veloz de lo que se podría esperar.

 

Mucha gente está acostumbrada a pensar en la evolución como un proceso a largo plazo. Sin embargo, tal como ilustra el equipo del biólogo evolutivo Thomas Smith, de la Universidad de California en la ciudad estadounidense de Los Ángeles, la evolución también trabaja a corto plazo.

 

Hay muchos ámbitos en los que, sin quererlo, estamos influyendo rápida y poderosamente sobre la evolución de las especies.

 

Uno de los más preocupantes de esos ámbitos es el de la evolución microbiana hacia la resistencia a antibióticos y otros fármacos, un problema bien conocido y que se ha generado con bastante rapidez. Como respuesta al mismo, se está articulando un nuevo campo médico, el de la medicina evolutiva, y los médicos cada vez tienen más clara la conveniencia, siempre que sea posible, de recetar “cócteles” de fármacos que ataquen de múltiples maneras a los patógenos, a fin de impedir que se vuelvan resistentes a un fármaco. Si se usa el mismo medicamento una y otra vez para tratar de eliminar a un patógeno, el efecto de selección que puede darse, al morir los individuos de la especie más vulnerables al medicamento, y sobrevivir los que mejor lo soportan, quienes a su vez generarán descendientes con esa misma capacidad, dará lugar a una cepa resistente a tal fármaco, donde todos los individuos lo soportarán bien. En cambio, si se utilizan varios fármacos simultáneamente para atacar a los patógenos de diversas maneras al mismo tiempo, es mucho más difícil que algún individuo sea resistente a todo. Lo normal es que el rasgo que le hace resistente a algo le haga más vulnerable a otra cosa. Es muchísimo más difícil que la evolución conduzca a la resistencia a 12 cosas distintas al mismo tiempo, que a solo una.

 

Otro ámbito preocupante de la evolución de las especies promovida por el Hombre es la agricultura. El uso continuado de pesticidas para combatir a insectos herbívoros, malas hierbas y otros organismos nocivos para las plantas agrícolas ha provocado en estos una evolución hacia la resistencia a pesticidas. El fenómeno también se ha generado con notable celeridad. Por suerte, la propia influencia humana sobre la evolución ofrece una vía para combatirlo: Un agricultor puede refrenar e incluso reducir la resistencia a pesticidas mediante la estrategia de habilitar una parcela, al lado de su campo, la cual contenga lo necesario para permitir la subsistencia de los organismos nocivos. La existencia de este “refugio” permitirá que los individuos sin resistencia a los pesticidas prosperen tan bien como los que sí son resistentes, lo que supondrá que estos últimos dejen de tener en la población la supremacía de la que antes disfrutaban. Eso hará más probable que cualquier mutación que favorezca algún rasgo en detrimento de la resistencia al pesticida se extienda por toda la población, y deje de haber individuos con una resistencia extraordinaria.

 

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Una parcela con plantas de algodón libres de pesticidas, que sirve de refugio para unas orugas, ha hecho que las de los campos de algodón cercanos tarden más en desarrollar resistencia a los pesticidas debido, entre otras cosas, a que los individuos sin resistencia se pueden aparear con los resistentes, dando lugar a una descendencia menos resistente. (Foto: Alex Yelich / Universidad de Arizona)

 

Smith y sus colegas, que han llevado a cabo un estudio para verificar la magnitud del problema y buscar estrategias que puedan ayudar a solucionarlo, abogan por una mejor coordinación entre especialidades científicas, a fin de forjar las mejores estrategias para mantener a raya los efectos nocivos de la evolución inducida por el Ser Humano. Entre las recomendaciones, las dos principales son: Combatir la resistencia a antibióticos mediante el ardid de usar cócteles de múltiples fármacos, y refrenar la resistencia a pesticidas habilitando parcelas sin ellos al lado de los campos a proteger, impidiendo que los individuos resistentes predominen en la población.

 

La influencia humana sobre la evolución de especies se manifiesta de numerosas formas, y hay ejemplos de todo tipo, no necesariamente preocupantes para nosotros pero sí muy ilustrativos de nuestra enorme influencia sobre los mecanismos evolutivos y la gran rapidez con que estos generan cambios. Un ejemplo llamativo, tal como expone Smith, es el modo en que la vida silvestre ha evolucionado a cada lado de la autopista 101 en el sur de California. Las poblaciones de animales en el lado norte de la autopista son ahora genéticamente muy distintas a las del lado sur, debido a que cada lado ha evolucionado por separado. Y esa autopista no lleva construida precisamente millones de años.

 

La gente es reacia a creer que el Ser humano pueda o deba controlar la evolución, pero con los antibióticos, los pesticidas e incluso las autopistas, la decisión de intervenir en la evolución ya la hemos tomado, tal como razona Smith, un tanto inquietantemente.

 

Por desgracia, los microbios nocivos para nuestra salud y los organismos que arruinan nuestras cosechas están evolucionando muy deprisa, mientras que las especies en peligro de extinción están evolucionando muy despacio.

 

En el estudio también han trabajado, entre otros, Scott Carroll, de la Universidad de California en Davis, Bruce E. Tabashnik, de la Universidad de Arizona, ambas instituciones en Estados Unidos, y Peter Søgaard Jørgensen, de la Universidad de Copenhague en Dinamarca.

 

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