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Lunes, 29 septiembre 2014
Paleontología

Dientes fósiles de carnívoros extintos aportan nuevos datos sobre el Gran Intercambio Americano

Investigadores del Conicet (Argentina), el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (Panamá), la Universidad de Saskatchewan (Canadá) y la Universidad de Zürich (Suiza) han aportado nuevos datos sobre el Gran Intercambio Biótico Americano (conocido como GABI, por sus siglas en inglés), evento en el cual la fauna terrestre y de agua dulce pudo emigrar de América del Norte a América del Sur y viceversa gracias al surgimiento del istmo de Panamá. A partir de dientes fósiles hallados en Colombia y Venezuela pertenecientes a dos especies ya extinguidas de prociónidos (una familia de animales carnívoros a la que pertenecen los actuales mapaches o los coatíes), han podido determinar que el GABI fue un evento mucho más dinámico y complejo de lo que se creía.

 

Los animales del orden Carnivora, que incluye a los mamíferos placentarios con inclinaciones carnívoras en su dieta, se conocen desde el Paleoceno, hace cerca de 60 millones de años, y su historia evolutiva se centró en los continentes del Hemisferio Norte y en menor medida en África. Marcelo Sánchez, investigador del Instituto y Museo Paleontológico de la Universidad de Zürizh, detalla que en América del Sur los primeros Carnivora datan del Mioceno tardío (hace entre siete y ocho millones de años) y se corresponden con prociónidos del género Cyonasua (una especie extinta que en griego significa coatí-perro, por los rasgos similares que presenta de ambos), recuperados en el extremo sur del continente, en la Patagonia argentina.

 

Sin embargo, la historia tradicional dice que el GABI ocurrió hace 3’5 millones de años, por lo que este grupo de carnívoros tuvo que migrar mucho antes. Los nuevos hallazgos, publicados recientemente en la revista ‘Naturwissenschaften’, están relacionados con los prociónidos argentinos pero son mucho más jóvenes que éstos (tienen entre 3’3 y dos millones de años) y se han hallado en localidades neotropicales próximas al istmo de Panamá.

 

“Estos fósiles están al lado de Panamá, la puerta de entrada a los animales inmigrantes norteamericanos. Entonces, ¿por qué los vemos llegando mucho antes a la Patagonia, a pesar de que está a más de 4.000 kilómetros de distancia? Una posible explicación es que los prociónidos utilizaron los Andes como una ruta de migración para moverse hacia las zonas temperadas de Suramérica primero, y tiempo después lograron moverse hacia las zonas bajas de los trópicos, lo que nos muestra que el GABI fue mucho más dinámico y complicado de lo que habíamos creído hasta el momento. Todos estos nuevos descubrimientos en el trópico de Suramérica, del cual casi no se conoce nada, nos están ayudando a entender mejor el GABI, una de las la invasiones biológicas más grande que jamás haya existido”, explica Carlos Jaramillo, investigador del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

 

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De este modo, el trabajo apoya la teoría de que los prociónidos se dispersaron entre América del Norte y América del Sur en dos eventos separados. “Los nuevos restos predatan los movimientos faunísticos más importantes entre América del Norte y América del Sur, los cuales se produjeron después de la formación definitiva del puente inter-americano, hace unos tres millones de años”, añade Sánchez.

 

En los últimos cinco años el equipo de investigadores ha incrementado la exploración de depósitos fósiles a ambos lados del istmo de Panamá para aportar nuevos datos sobre el GABI. La ampliación del canal de Panamá ha permitido acceder a una gran cantidad de rocas con un excelente registro fósil de los últimos 20 millones de años, mientras que del lado Suramericano, han encontrado nuevos sitios con un excelente registro fósil tanto en la Guajira colombiana como en estado venezolano de Falcón.

 

Los dientes fósiles de animales prociónidos analizados en el trabajo han sido hallados en estos emplazamientos del lado Suramericano. En el caso del animal del género Cyonasua, los científicos calculan que se trataría de un ejemplar de entre 3 y 13 kilogramos de peso mientras que el otro animal, del género Chapalmalania (también extinto), tendría aspecto de oso y una masa cercana a los 22 kilogramos. (Fuente: Cristina G. Pedraz/DICYT)

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