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Viernes, 17 octubre 2014
Medicina

Dudas sobre protocolos, urgente necesidad de fármacos contra el Ébola, y la situación de alto riesgo del personal sanitario

A nadie se le escapa que, en la lucha contra el virus del Ébola, el papel que tienen las enfermeras, los médicos y los camilleros equivale al de los soldados en primera línea del frente durante una guerra convencional. Pero la situación es aún más dramática en los países de África Occidental más golpeados por la epidemia. El Ébola ha afectado de una forma desproporcionadamente dura a los sanitarios de África Occidental. Cientos de ellos han sido infectados, y en muchos casos han fallecido, según la Organización Mundial de la Salud.

 

La muerte de personal sanitario en países donde ya de por sí escasea agrava aún más la situación, y echa por tierra los esfuerzos realizados desde dentro y fuera de esas naciones para construir una red nacional robusta de dicho personal. Un ejemplo de esto último lo ha vivido CapaCare, un programa de adiestramiento quirúrgico innovador creado por noruegos, dirigido por el cirujano Håkon Bolkan, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, y que fue creado como organización sin ánimo de lucro hace varios años con el objetivo de entrenar a la comunidad sanitaria en Sierra Leona para llevar a cabo operaciones quirúrgicas capaces de salvar vidas.

 

El fallecimiento reciente de uno de las dos docenas de estudiantes del programa, Joseph Heindilo Ngegba, ha sido una durísima demostración directa del gran riesgo al que se enfrenta actualmente el personal sanitario en países como Sierra Leona. “Hay menos trabajadores sanitarios, y el sistema sanitario está derrumbándose”, resume Bolkan abatido.

 

Sierra Leona posee una de las peores proporciones médico-paciente del mundo, con menos de 150 doctores para sus 6 millones de residentes. Eso es un médico para más de 40.000 personas, una diferencia abismal respecto a la proporción de uno para cada 410 personas en Estados Unidos, aproximadamente uno para cada 270 personas en Noruega, y alrededor de uno para cada 150 en Cuba. En 2008, Sierra Leona tenía 10 cirujanos para dar servicio a todo el país. Y con la epidemia de Ébola, las mejoras que se habían logrado están perdiéndose rápidamente.

 

A finales de septiembre, la red estadounidense de Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) emitió un comunicado en el que se afirmaba que en el peor de los escenarios, Liberia y Sierra Leona podrían tener un total de 1,4 millones de casos para finales de enero de 2015 si la enfermedad sigue propagándose sin métodos efectivos que la controlen.

 

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Esta fotografía fue tomada en la ciudad de Freetown, Sierra Leona, en África Occidental, y muestra el nuevo centro de aislamiento para pacientes de Ébola una semana antes de su apertura. La imagen fue captada durante la epidemia de Ébola del 2014. (Foto: CDC / Sally Ezra)

 

La urgencia de situaciones como ésta obliga a saltarse protocolos sobre la autorización de uso de medicamentos que aún están en fase experimental. En condiciones normales, tales fármacos deberían pasar con éxito diversas fases de experimentación y los pertinentes ensayos clínicos, antes de que las autoridades aprobasen su uso en pacientes humanos. Sin embargo, cuando resulta obvio que una persona va a morir, administrarle algún fármaco experimental puede ser su última oportunidad de salvación.

 

Esto ya se está haciendo en la actual epidemia de Ébola, pero todavía hay reticencias injustificables según denuncian 17 expertos en salud en la célebre revista académica de temas médicos The Lancet, editada por la conocida editorial científica Elsevier.

 

Estos especialistas, de instituciones como la Universidad de Oxford en el Reino Unido, el Instituto de Microbiología y Enfermedades Infecciosas del INSERM en Francia, el Centro Médico Langone de la Escuela de Medicina en la Universidad de Nueva York en Estados Unidos, y otras, urgen a poner en marcha con mayor ahínco protocolos alternativos de ensayo clínico para acelerar la evaluación de nuevos tratamientos contra el Ébola. Argumentan que aunque las pruebas controladas aleatorias aportan evidencias robustas de la conducta y efectos del fármaco en la mayoría de las circunstancias, la falta de opciones de tratamiento efectivas para el Ébola, la alta mortalidad de sus afectados, y la precariedad de los sistemas sanitarios en las regiones más afectadas implican que es necesario considerar la adopción de protocolos alternativos para las pruebas.

 

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