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Lunes, 16 mayo 2011
Astronomía

Ío podría tener un océano de magma bajo su corteza

Varios años después de su incineración en la atmósfera de Júpiter, ocurrida en 2003, la sonda Galileo de la NASA sigue aportando descubrimientos para la ciencia. El análisis de los datos enviados por esta máquina ha permitido revelar que la luna volcánica Ío podría tener un océano subterráneo de magma fundido o parcialmente fundido.

El resultado no es inesperado y podría ayudar a explicar por qué este satélite de Júpiter es el objeto más volcánico de todo el sistema solar. Para que nos hagamos una idea, Ío produce 100 veces más lava que todos los volcanes de la Tierra juntos. Pero a diferencia de estos últimos, que están localizados en ciertos puntos calientes de la superficie de nuestro planeta, en Ío podemos encontrar volcanes en cualquier lugar. Para explicar esta actividad, podría existir un océano de magma situado a entre 30 y 50 km de profundidad bajo la corteza de la luna.

Quizá la Tierra y su propia luna hayan presentado en el pasado océanos de magma similares, hace miles de millones de años, pero actualmente ya se han enfriado. Así pues, el estudio de Ío podría ayudar a los geólogos a entender mejor cómo se creó y evolucionó la actividad volcánica en nuestro planeta.

Los científicos saben desde hace tiempo que la órbita de Ío lo pone de una manera particular al alcance de la gravedad de Júpiter, de manera que el interior del satélite sufre como si apretáramos periódicamente una pelota de goma. El resultado de este fenómeno es la generación de un calor interno que a su vez funde el magma.

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La sonda Galileo, lanzada en 1989 y trabajando alrededor de Júpiter desde 1995, utilizó instrumentos diversos, como el magnetómetro de a bordo, para estudiar el campo magnético del planeta, que interactúa con Ío. Las señales extrañas detectadas ahora pueden explicarse por la presencia del citado océano de magma subterráneo, que tendría unos 30 km de grosor y una temperatura de unos 1.200 grados C.


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