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Jueves, 1 enero 2015
Ciencia-ficción

El Ojo del Artista (Jorge Munnshe) Capítulo 3

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EMPEZANDO UNA NUEVA VIDA JUNTOS

 

    La mañana en que Nadine pasó a recogerle por la pensión para llevarle a su casa, Eric se sentía como si fuese a iniciar un viaje a una tierra lejana y exótica. Experimentaba la excitación deliciosa de la aventura, y también un poco de miedo. Era consciente de que comenzaba una nueva vida. El trayecto en coche no era muy largo, pero él tenía claro que aquel era seguramente el viaje más importante que había hecho hasta entonces.
    En principio, iba de visita por dos semanas, para después decidir si quedarse a vivir o no. Pero ambos daban por hecho que no surgiría ningún problema de convivencia insalvable entre ambos y que él se quedaría a vivir en la casa por tiempo indefinido. 
    Llegaron a la urbanización y circularon por su interior. Todas las casas eran del mismo estilo. Este consistía en una vivienda grande, de casi 500 metros cuadrados, en dos pisos y garaje, rodeada por una parcela amurallada de terreno. Aunque más caras que otras viviendas, no llamaban la atención. Eran las casas típicas de matrimonios de profesionales liberales y propietarios de negocios medianos. Intuía que el poder económico de Nadine daba para mucho más, pero que su principal objetivo era pasar desapercibida. Aquella era una buena zona para ello. La mayoría de los residentes pasaba el día fuera trabajando, y el contacto entre vecinos se adivinaba escaso por esa y otras razones.
    La casa de Nadine era una de tantas. Sin embargo, al entrar, se percató de que las medidas de seguridad parecían extremas, e incorporando lo último en tecnología. Justo tras cerrar la puerta, Nadine tecleó algo en un panel junto a la puerta, y se abrió un orificio en el mismo, por el que surgió un haz luminoso parecido al de un lector de códigos de barras.
    —Es para que el sistema te reconozca como inquilino y no se dispare la alarma cuando entres tú solo. Acerca tu mano a la luz.
    Él así lo hizo y ella le ayudó tomándole de la muñeca para orientar su mano hacia la posición más correcta para que el sistema hiciese la lectura.
    —¿Y tendré que hacer algo especial cada vez que entre? ¿Posar mi mano sobre el lector o algo así?
    —No, nada. Abrir la puerta y ya está. Es todo automático. Ven, te enseñaré lo principal de la casa. —Eludió darle más detalles técnicos.
    El interior de la casa de Nadine era cien por cien funcional. Carecía de ornamento alguno. No divisó ni siquiera alguna fotografía familiar. Parecía la vivienda de alguien preparado para mudanzas fáciles.
    Prescindir de personal de servicio doméstico para poder preservar la privacidad que tanto valoraba, debía ser la causa de los sofisticadísimos electrodomésticos, robots de limpieza y elementos domóticos con que ella había equipado la casa. 
    Los automatismos tecnológicos, y otras estrategias, como por ejemplo comprar ya cocinados todos los alimentos, hacían que el trabajo doméstico fuese mínimo.
    Nadine le mostró la sala de estar, la cocina, los dos baños, el gimnasio, el estudio donde pintaría, y el dormitorio de él. Este era amplio y albergaba una cama de matrimonio.
    Sus cuadros dijo tenerlos colgados dentro de la alcoba de ella, la cual no le mostró.
    —Te he hecho un obsequio de bienvenida, para celebrar el inicio de nuestra vida en común. Aunque, teniendo en cuenta las fechas, también puedes considerarlo un regalo navideño si prefieres verlo de ese modo. Ven, está dentro del armario de tu dormitorio.
    Siguiendo las indicaciones de Nadine, Eric extrajo el paquete principal y varios menores, cuidadosamente envueltos en papel de regalo, y procedió a abrirlos. 
    Descubrió un ultimísimo y potente ordenador, con un amplio surtido de los mejores programas de procesamiento gráfico del mercado y un arsenal de dispositivos profesionales para pintura y tratamiento de imágenes.
    El coste del lote completo debía ser casi el de un automóvil nuevo de gama media. Eric nunca se había planteado siquiera la posibilidad de llegar a comprar algún día esta clase de equipamiento, y en cambio, ahora lo tenía ahí, a su entera disposición, regalado por su misteriosa y exquisita benefactora, su mecenas y amante que tal vez con este presente pretendía suplir el anillo de boda que en otras circunstancias quizá le habría ofrecido.
    Disponiendo de aquel equipo, podría materializar sus ideas con mayor precisión, facilidad y rapidez que nunca antes, y además plasmar otras que jamás habría logrado trasladar de su mente a la pintura. 
    Imaginando con acierto lo mucho que significaría para Eric que le hiciera aquel obsequio, Nadine había demostrado una sensibilidad que pocas personas poseen. Ella sabía que él nunca adquiriría un equipamiento tan caro aunque dispusiera del dinero que valía, así que el modo de hacer que lo poseyese era regalárselo.
    Con algunas lágrimas de emoción brotando de sus ojos, la abrazó.

 

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    Aquellas navidades fueron las más felices que Eric había vivido hasta la fecha. Aunque, al igual que Nadine, no se consideraba una persona religiosa, el ambiente hogareño tan asociado a esas festividades sí lo valoraba, sobre todo porque era algo de lo que él muy pocas veces había podido disfrutar.
    Dicho ambiente siempre fue escaso en cualquiera de las navidades anteriores de su vida. En cambio, esta vez lo disfrutó con tanta abundancia como las familias que él siempre había considerado privilegiadas, esas en las que no eran habituales las disputas, los rencores, los reproches, la indiferencia, y en las que no tenían cabida la violencia doméstica ni el ahogar en alcohol los problemas.
    Además, tal como Nadine y Eric preveían, después de esas dos primeras semanas viviendo juntos, nada motivaba que no siguieran haciéndolo.
    Ambos se sentían satisfechos con su convivencia, aunque los cinco primeros días juntos fueron bastante anárquicos, y nada representativos del estilo de vida que habían planeado llevar. Haciendo balance de ellos, él recordaba sobre todo la sensación de letargo, agotamiento físico y mental, y hasta aturdimiento, que le acompañó durante buena parte de los mismos.
    Razonando sobre las posibles causas de ese estado de fatiga, llegó a la conclusión de que la principal debió ser la tensión nerviosa por su cambio de vida mientras se acostumbraba a convivir con Nadine. Quizá de manera inconsciente tenía miedo de defraudarla de algún modo y que ella le echase y su vida volviera a ser como antes de conocerla.
    Otro ingrediente importante debió ser el efecto de los inevitables estallidos de pasión, a veces a horas intempestivas, que en aquellos días se produjeron, casi todos provenientes de Nadine. Para ella, tenerle en casa a todas horas también debió trastocar su rutina, y quizá le costó asumir que había unas horas para cada cosa, y que al vivir juntos ya no necesitaba apurar al máximo su contacto físico con Eric para que se le hiciese más llevadera su separación de él hasta la siguiente cita. Eric recordaba haber hecho el amor con ella mañana, tarde y parte de la noche durante dos días, saltándose con toda probabilidad más de una comida, aunque no lo recordaba. Y también varias horas en otra ocasión en que ella se introdujo en su cama despertándole, sin que él llegase a saber si era de día o de noche.
    Sus catorce horas seguidas de sueño profundo en una ocasión, las otras muchas horas que pasó dormitando, confundir el día con la noche en un caso, la repetición de actos y atribuir a un mismo día sucesos de dos días sucesivos, debían ser la causa de una aparente laguna de dos días que él tenía en su memoria. 
    Inexorablemente, los recuerdos debían haberse mezclado de forma confusa en aquel torbellino orgiástico, y de ahí que no recordase correctamente a qué día correspondían algunos de los acontecimientos. Nadine, en cambio, parecía recordarlo todo a la perfección.
    Al despertarse en el sexto día, sobre las ocho de la mañana, ya no sentía dolorido su cuerpo, ni embotada su mente. Se vistió y bajó a la cocina, donde Nadine estaba terminando de desayunar. Ese día fue el primero del estilo de vida que ambos habían proyectado llevar.
    Él dedicó la mañana a trabajar, aunque más configurando su nuevo equipo y experimentando, que pintando. Nadine no le distrajo ni interrumpió un solo instante. Ella salió a hacer unas compras y luego pasó un par de horas en la habitación de la casa habilitada como gimnasio.
    A mediodía, comieron. Como Nadine ya le había adelantado, seguir una dieta sana y equilibrada era para ella una norma, y también la aplicaría a él. Pero eso no implicaba, como ya fue comprobando Eric para su alivio, estar atado a un régimen monótono o no saciar el apetito. Cada semana, ella hacia acopio de una variada colección de platos, en una tienda de alimentación especializada y dos restaurantes, uno de ellos vegetariano, y no sería difícil satisfacer el paladar de Eric al mismo tiempo que alimentarle de modo adecuado.
    Después de comer, efectuaron entre ambos las tareas domésticas, en apenas media hora. El resto de la tarde, hasta la hora de cenar, estuvieron haciendo el amor.
    Después de la cena, cada uno se retiró a su dormitorio.
    Esa sería, con excepciones ocasionales, la rutina que seguirían de lunes a viernes.
    La mañana del sábado estaba reservada par a salir de compras, aunque por separado. Mientras Nadine compraba en unos establecimientos, Eric lo hacía en otros. Él la esperaba con sus bolsas en una cafetería, y ella pasaba a recogerle con el coche. Aparcaba fuera, y entraba en el local, siempre con gafas oscuras, como en todas las ocasiones en que deambulaba por lugares concurridos. Él iba a su encuentro cuando la divisaba, aunque a veces solo reparaba en ella cuando llegaba hasta donde estaba sentado.
    La tarde del sábado, y el domingo entero, los dedicaban al ocio. Mayormente, hacían el amor, entregándose a más juegos eróticos que otros días, pero también tenían tiempo para conversar de pintura, arte y de los temas que les fascinaban, así como para realizar otras actividades que les apeteciesen.

 

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    Las semanas fueron transcurriendo.
    Eric estaba sumergido de lleno en la pintura. Las circunstancias eran óptimas para que desplegase toda su creatividad. Nadine parecía entender a la perfección la necesidad de concentración que todo artista tiene cuando está trabajando para sacar adelante su obra. Jamás le interrumpía durante las mañanas, ni le distraía de ningún modo. Una vez en que se ausentó un rato de casa sin habérselo dicho antes, le dejó una nota escrita sobre una silla ante la puerta de su estudio, en vez de entrar a despedirse. Y como ese, muchos otros detalles le demostraban que ella, aunque no fuese una artista, conocía a la perfección el modo de trabajar de todo creador de arte, y valoraba mucho la labor que él hacía. Solo ya por eso era la pareja ideal para un artista. 
    Pero además, en su caso, era su mecenas. Eric había reflexionado mucho sobre el motivo que había impulsado a Nadine a adoptar ese papel.
    El motivo argumentado por ella era que amaba su arte y deseaba poseer sus mejores pinturas en exclusiva, llevada por el impulso casi fetichista de aquellos coleccionistas de arte que pagan elevadas sumas de dinero por un cuadro sin la menor intención de revenderlo luego a más precio, solo para tenerlo expuesto en una habitación de su casa y deleitarse contemplando esa obra de arte que nadie más puede ver de forma directa.
    Aunque Eric barajó en su día otras hipótesis, incluyendo la de que ella de forma velada le pagaba sus servicios como amante asegurándose así de tenerlo siempre a su lado, ahora creía que la generosidad de Nadine podía ser un acto de amor. 
    Sabía que ella no era una mujer egoísta e insensible. Y que tenía claro que la vida provoca cambios de rumbo imprevistos. Dado que ella no había formalizado nada sobre su unión sentimental, debía ser consciente de que por ese motivo Eric estaba y se sentía desprotegido en el ámbito legal, y que eso podría acabar erosionando la relación entre ambos. Así que para que él no sintiera que estaba desperdiciando su vida laboral y poniendo en riesgo la solvencia de su jubilación, ella le otorgaba los mismos ingresos que él obtendría con un empleo formal y estable.
    De este modo, si algún día se separaban, él habría estado trabajando todo este tiempo, acumulando íntegro el dinero ganado, ya que ella le pagaba todos sus gastos personales, no aceptando que en modo alguno contribuyese a la economía familiar. 
    Así, no corría el peligro de pasarse una serie de años pintando como hobby para contentar a una millonaria que no quiere que trabaje sino que esté de vacaciones permanentes en su casa, viviendo en igualdad de condiciones excepto que él no cuenta con recursos económicos propios, para acabar encontrándose, si su idilio termina, de patitas en la calle, sin dinero, sin haber cotizado a la seguridad social, y con un montón de pinturas por las que no ha obtenido nada de dinero.
    En ese hipotético escenario, haber atendido durante los mejores años de su vida el capricho de una amante rica y posesiva, conducía a un resultado nefasto. De la manera en que Nadine había arreglado las cosas, eso nunca sucedería.
    Ella le pagaba con puntualidad y en efectivo cada pintura de la serie que finalizaba. 
    Eric ingresaba el dinero en una cuenta bancaria que iba solo a nombre de él, por deseo expreso de ella que jamás aceptó que la añadiese como segunda titular.
    Siguiendo el impulso súbito de la inspiración, también elaboraba algunas pinturas de otros temas. Ella, para las de esta clase, insistía en comprarle copias electrónicas a precio de cuadro impreso con marco, aún cuando él intuía que lo hacía solo para complacerle. En estos casos, no adquiría los derechos en exclusiva, sino tan solo un ejemplar para uso particular, manteniendo él los derechos para publicarlas y vender copias.
    Eric se sentía un tanto incómodo recibiendo pagos de alguien que en muchos aspectos podía considerar su esposa. En otros, por supuesto, no se parecía para nada a una esposa... 

 

Capítulo 1: AL BORDE DEL NAUFRAGIO
Capítulo 2: LA MECENAS MISTERIOSA
Capítulo 4 (parcial): LA HABITACIÓN PROHIBIDA
Varios fragmentos representativos de otros capítulos
Sobre la novela y su autor, acceso gratis a los primeros capítulos, y dónde comprarla

 


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