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Jueves, 1 enero 2015
Ciencia-ficción

El Ojo del Artista (Jorge Munnshe) Capítulo 4 (parcial)

—————————— Capítulo 4 ——————————
LA HABITACIÓN PROHIBIDA

 

    Uno de esos aspectos en los cuales Nadine no se parecía para nada a una esposa tenía muy intrigado a Eric.
    En los tres meses que llevaban haciendo vida de pareja, él todavía no había visto el interior del dormitorio de ella. Era la única habitación de la casa que aún le era desconocida, y también la única provista de cerradura. La puerta siempre estaba cerrada herméticamente, tanto cuando ella estaba dentro como cuando estaba fuera. A él le dio una copia de la llave de la casa, pero no una de la de aquella alcoba. Por el aspecto de la puerta y el ruido de la cerradura que escuchaba a veces si estaba cerca cuando Nadine entraba o salía, había deducido que se trataba de una puerta blindada, como la que daba a la calle o acaso más robusta.
    Esta fobia de que alguien viese su alcoba parecía estar relacionada con otra que fue constatando en esos tres primeros meses: La de quedarse dormida fuera de su cuarto, o que él o cualquier otra persona la viesen dormida. Ella negaba tener fobia a ser vista mientras dormía, pero su modo de obrar demostraba que tomaba todas las medidas posibles para que eso no llegase a suceder jamás. Aparte de encerrarse bajo llave en su dormitorio, procuraba dormir muchas horas y seguir un horario regular de sueño, de modo que jamás le entrase somnolencia durante el día. 
    Eric estaba seguro que antes preferiría pasar la noche en blanco a dormirse en su presencia o en la de cualquier otra persona. Recordaba de su noviazgo una noche que pasaron juntos en un hotel. Dormitando en plena madrugada, la buscó con los brazos en el lecho y no la encontró. Entreabrió los ojos mirando en la dirección de los pies de la cama, y, en la penumbra de la habitación, divisó su silueta sentada en una silla. No entendió qué hacía allí, sentada a oscuras en vez de estar tendida a su lado. Aquella visión le resulto un tanto fantasmal, pero volvió a quedarse dormido. Por la mañana, cuando despertó, ella ya estaba levantada. Le preguntó sobre lo ocurrido, dudando de si había sido real o solo un sueño. Ella negó haber estado sentada en una silla a oscuras. Admitió haberse levantado de madrugada para ir al baño, y según ella eso explicaba que él no la hubiese encontrado en la cama. Él se extrañó de no haber visto luz bajo la puerta del baño, pero ella le explicó que no encendió ninguna luz para no despertarle. Fue la única vez que pasaron una noche en un hotel. Ella siempre prefería dormir en su casa. Pero en esa ocasión él insistió sobre el romanticismo de dormirse juntos y ella acabó accediendo. Ahora estaba claro que lo hizo solo para complacerle y que no durmió en toda la noche.
    La anomalía de la alcoba siempre cerrada era un tema que Eric abordó varias veces, y del que Nadine detestaba hablar. Al principio, le respondía con evasivas sonrientes, como si el hecho careciera de importancia y fuese solo una anécdota trivial. Pero al no cesar su insistencia en sacar el tema, la actitud de ella fue volviéndose más hostil, y él tuvo claro que ella no quería que él viera su cuarto.
    La razón que la impulsaba a ella a obrar de un modo tan extraño era un enigma para él.
    Tratando de imaginar alguna circunstancia que justificase su reserva, y que estuviera relacionada con el acto de dormir, llegó a la conclusión de que Nadine podía sufrir alguna enfermedad que se manifestara solo durante el sueño y que ella deseara ocultar por vergüenza. Solo se le ocurrieron dos lo bastante plausibles. 
    Quizá por alguna lesión neurológica no podía retener la orina mientras dormía. Aunque para evitar que él lo supiera, bastaría guardar en un armario bajo llave los pañales. Abrir la puerta para que él mirase el dormitorio desde el umbral no podía conducir a ninguna deducción por parte de él.
    Tal vez padecía algún tipo de apnea, y debía dormir usando una máquina para respirar de forma correcta. Ocultar el aparato podía ser más complicado que esconder pañales, pero no imposible con el armario adecuado.
    Acaso lo que Nadine no quería que viese era demasiado grande para ser ocultado, y no estaba vinculado necesariamente con alguna enfermedad.
    En cualquier caso, debía haber una causa física y racional para su recelo. La explicación de que se tratase de una superstición quedaba descartada, ya que Nadine había demostrado tener una mentalidad científica, y conocimientos amplios en todas las ramas de la ciencia, pese a negar haber estudiado alguna carrera técnica.
    La idea de echar un vistazo furtivo a su alcoba empezó a tomar cuerpo en Eric. Si ella padecía alguna enfermedad de la que se avergonzaba, él quería saberlo para así poder ayudarla a superarlo y demostrarle que él la quería igual. Por otra parte, no podía evitar ocasionales punzadas de miedo. ¿Y si ocultaba allí algo ilegal, o además espantoso? 
    Las historias de dementes coleccionando porciones de los cadáveres de sus amantes asesinados le venían a la mente con frecuencia. No creía que ese fuera el caso con Nadine, pero obviamente tampoco las víctimas de ciertos psicópatas sospechan cuál es la personalidad oculta de estos.
    Cuando no estaba dentro de su dormitorio, Nadine solía llevar la llave de este en un bolsillo, insertada en su llavero. Cuando hacían el amor, ella se desnudaba en el baño y dejaba allí su ropa hasta que volvía a vestirse. El mejor momento para hacerse con esa llave sería justo después de que ella experimentase un orgasmo. Saldría con la excusa de necesitar ir al baño, le cogería el llavero, abriría la puerta del cuarto secreto, echaría un vistazo, y lo devolvería a su sitio.
    Eric llevó a cabo su plan una tarde. Nadine, tumbada boca abajo con la cabeza recostada sobre los brazos, y estos cubriendo en parte sus oídos, acababa de zambullirse en la relajación profunda tras un orgasmo intenso. Al verla con la guardia tan baja, supo que era el momento idóneo.
    Le dijo que necesitaba ir al baño y que volvía en seguida. Ella respondió con un gemido afirmativo.
    Salió. Una vez dentro del cuarto de baño, hurgó con cuidado en los bolsillos de los vaqueros de ella, hasta encontrar el llavero.
    Abrió un grifo, y salió cerrando la puerta tras de sí.
    Sin hacer ruido gracias a ir descalzo, caminó hasta la puerta del dormitorio secreto. Muy despacio, para evitar sonidos delatores, introdujo la llave en la cerradura y la hizo girar milímetro a milímetro. Como suponía, se trataba de una puerta blindada, comparable a la de la entrada a un domicilio.
    Empujó con suavidad la puerta. 

 

Capítulo 1: AL BORDE DEL NAUFRAGIO
Capítulo 2: LA MECENAS MISTERIOSA
Capítulo 3: EMPEZANDO UNA NUEVA VIDA JUNTOS
Varios fragmentos representativos de otros capítulos
Sobre la novela y su autor, acceso gratis a los primeros capítulos, y dónde comprarla

 


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