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Miércoles, 17 diciembre 2014
Entomología

La tiranía sexual de ciertas hormigas reina sobre machos que desean evadirse de ellas

Algunas reinas de hormiguero se aprovechan de machos de una especie distinta pero similar que las confunden con una reina de su propia especie, para "robarles" el esperma, y son capaces de retener por la fuerza a esos machos cuando descubren su error, y alargar la cópula con ellos, hasta lograr extraerles la carga completa de esperma.

 

Este hallazgo lo ha hecho el equipo de Sara Helms Cahan, y Michael Herrmann, de la Universidad de Vermont en Estados Unidos, y es una pintoresca pero contundente demostración de que el conflicto sexual de intereses entre dos especies puede desembocar en una situación comparable en algunos aspectos a una vampirización de semen, efectuada en este caso por una reina contra un macho incauto. Hay que tener en cuenta que en muchas especies, las reinas tienden a ser de mayor tamaño corporal y más fuertes que los machos, por lo que pueden dominar físicamente a estos. Además cuentan con una longevidad y una vida fértil extraordinarias, equiparables en el caso de la especie humana a una mujer que viviera durante varios siglos, manteniéndose joven y seductora, algo que la humanidad solo ha conocido en las historias de ficción sobre vampiras y entes similares.

 

En el desierto a lo largo de la frontera entre Arizona y Nuevo México, los científicos observaron el apareamiento entre dos especies de hormigas del género Pogonomyrmex, de las que se sabe que pueden tener descendencia conjunta híbrida. Las reinas de una especie serán felices de aparearse con machos de la otra especie, porque ellas obtienen provecho de eso. Sin embargo, los apareamientos de este tipo resultan evolutivamente perniciosos para los machos. El motivo es que estas reinas sólo usan este esperma de la otra especie para producir las obreras estériles que necesitan para construir sus colonias.

 

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La reina roja en el centro está copulando con el macho situado a la derecha y que está patas arriba. Sus órganos de copulación están amarrados con firmeza, de modo que aunque el macho pueda mover con total libertad sus patas, está firmemente unido a ella. La hormiga a la izquierda es un macho competidor que intenta entrar en la acción. (Foto: Michael Herrmann y Sara Helms Cahan)

 

Esto es contrario a la finalidad del instinto de reproducción en el caso del macho, ya que en vez de transmitir sus genes a una amplia descendencia, su unión con la reina indebida solo producirá hembras estériles y por tanto ahí acabará su linaje por esa vía; no tendrá ni siquiera nietas. Entonces, para empezar, ¿por qué estos machos se aparean con estas reinas? En los estudios de campo, Herrmann observó que los machos, en la avalancha frenética de apareamiento que estas hormigas exhiben una vez al año, tras las lluvias del monzón de verano, no parecen ser capaces de distinguir las reinas de su propia especie de las reinas de la otra especie. O más concretamente, no pueden distinguirlas hasta que comenzaban a copular con ellas. Entonces, los machos se percatan de que se están apareando con una reina de la especie equivocada. Al darse cuenta de su gran error, reducen el flujo de esperma hacia estas reinas. Si la estrategia del macho da buen resultado, aún tendrá la oportunidad de aparearse de nuevo, esta vez con una reina de su misma especie, ya que preservará suficiente cantidad de su esperma para invertirlo en una pareja mejor.

 

Sin embargo, la reina se da cuenta de esto y procura impedirlo. Una vez que ha comenzado a copular con el macho incauto, no permitirá que este la deje plantada tan fácilmente. Las reinas han desarrollado otro truco para contrarrestar la estrategia de los machos: Mientras ella mantiene sujeto al amante incauto mediante el firme acoplamiento de los órganos de copulación, lo que impide que escape aunque tenga libertad de movimientos en sus patas, la reina alarga la cópula hasta obtener todo el semen que el macho quería negarle y que sería el mismo que le habría dado a una reina de su misma especie. En cierto modo, estas reinas, al copular con un macho de la otra especie, se comportan como vampiras de semen.

 

Las reinas deben aparearse con machos de ambos tipos, para por ejemplo engendrar hijas que serán reinas, y para producir a la "plantilla laboral" que trabajará en el hormiguero.

 

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