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Viernes, 20 mayo 2011
Neurología

El alcohol potencia los recuerdos asociados al placer que produce

Es cierto que el alcohol en grandes cantidades disminuye la habilidad del sujeto para retener recuerdos como dónde dejó aparcado el automóvil ayer o el nombre de la persona junto a la cual ha compartido la borrachera. Pero resulta que potencia, de manera subconsciente, otra clase de recuerdos, claramente nocivos.

Cuando una persona consume alcohol, cocaína u otras drogas, su subconsciente está aprendiendo a consumir una mayor cantidad de la sustancia. Pero el proceso de adicción no reside únicamente en eso. El sujeto se vuelve más receptivo a forjar recuerdos y hábitos subconscientes con respecto a alimentos, música, personas y situaciones sociales que acompañan al consumo del alcohol u otra sustancia adictiva.

En definitiva, beber alcohol impulsa a ciertas áreas de nuestro cerebro a un aprendizaje y una formación de recuerdos que sería mejor haber olvidado. Así lo indican los resultados de un estudio conducido por el neurobiólogo Hitoshi Morikawa, del Centro Waggoner para la Investigación del Alcohol y la Adicción, adscrito a la Universidad de Texas en Austin.

En un sentido importante, sostiene Morikawa, los alcohólicos no son adictos a la experiencia del placer o el alivio que sienten al beber alcohol. Son adictos a la constelación de señales ambientales, conductuales y fisiológicas que son reforzadas cuando el alcohol provoca la liberación de dopamina en el cerebro.

La gente suele pensar en la dopamina como un neurotransmisor de la felicidad, o del placer, pero Morikawa argumenta que es más preciso definirla como un neurotransmisor del aprendizaje, ya que refuerza aquellas sinapsis que están activas cuando se libera la dopamina.

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Entre las cosas que aprendemos está que beber alcohol es gratificante. También aprendemos que ir al bar, charlar allí con los amigos, comer determinados alimentos y escuchar ciertas clases de música, es gratificante. Cuanto más a menudo hagamos estas y otras cosas gratificantes mientras bebemos alcohol, y cuanta más dopamina esto libere, más potenciadas estarán las sinapsis implicadas, y más desearemos volver a experimentar el conjunto de experiencias y asociaciones que orbitan alrededor del consumo de alcohol.

Morikawa alberga la esperanza de que, conociendo mejor las bases neurobiológicas de la adicción, será posible desarrollar fármacos antiadicción que puedan debilitar, en vez de fortalecer, las sinapsis más implicadas en una adicción.


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