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Jueves, 26 febrero 2015
Astronomía

Algunos planetas potencialmente habitables comienzan siendo similares a Neptuno

Una nueva investigación amplía la cantidad de tipos de planetas que podrían llegar a albergar vida en alguna época de su historia.

 

El equipo de Rodrigo Luger y Rory Barnes, de la Universidad de Washington en la ciudad estadounidense de Seattle, ha determinado que una irradiación intensa por parte de la estrella madre puede hacer que planetas no muy distintos de Neptuno, y referidos como miniNeptunos, ingresen en la zona orbital habitable, pierdan sus espesísimas envolturas gaseosas, y se conviertan en mundos rocosos como la Tierra, provistos de una atmósfera con una densidad análoga y una superficie capaz de albergar masas estables de agua líquida, resultando por tanto planetas potencialmente habitables.

 

La zona orbital habitable es la franja alrededor de una estrella donde el calor de esta permite la existencia de agua líquida en la superficie de un eventual planeta.

 

Según las conclusiones del nuevo estudio, dos fenómenos de los que se sabe que pueden inhibir la potencial habitabilidad de los planetas (las fuerzas de marea y una vigorosa actividad estelar) podrían en ciertos casos hacer justo lo contrario, aumentar las oportunidades de vida en determinados planetas que orbitan alrededor de estrellas de baja masa. Ambos fenómenos podrían combinarse para transformar a miniNeptunos inhabitables (planetas grandes en órbitas exteriores y dotados con espesas envolturas de hidrógeno) en planetas más cercanos a su estrella, desprovistos de esa gruesa mortaja de hidrógeno y potencialmente habitables.

 

La mayoría de las estrellas en nuestra galaxia son de baja masa, de un tipo conocido como enanas de clase M. Más pequeñas y tenues que el Sol, con zonas orbitales habitables situadas más cerca de ellas que las de estrellas más grandes y potentes, son buenos objetivos para la búsqueda y el estudio de planetas habitables. Los astrónomos esperan encontrar muchos planetas de tipo terrestre (rocoso como la Tierra) y superTierras (mundos rocosos como la Tierra pero más grandes que esta) en las zonas habitables de estas estrellas en los próximos años, así que es importante saber si podrían efectivamente sostener vida.

 

[Img #25561]

 

La Tierra y Neptuno encarnan a dos tipos muy diferentes de planetas, pero el nuevo estudio indica que un mundo parecido a Neptuno puede acabar transformándose en otro similar a la Tierra. La gama de tipos de planetas capaces de llegar a albergar vida en alguna época de su historia es, por tanto, mayor que lo creído hasta ahora. (Imagen: Rodrigo Luger / NASA)

 

Las superTierras son planetas más grandes en cuanto a masa que el nuestro, si bien más pequeños que los gigantes gaseosos tales como Neptuno y Urano.

 

Usando modelos informáticos, los autores del estudio hallaron que las fuerzas de marea y la pérdida de una espesa envoltura rica en hidrógeno puede en ocasiones convertir planetas que empiezan como miniNeptunos en mundos potencialmente habitables.

 

¿Cómo sucede esta transformación?

 

Los miniNeptunos se forman habitualmente lejos de su estrella madre, cuando moléculas de hielo se unen a gases (mayormente hidrógeno y helio) en grandes cantidades y otros materiales hasta formar los núcleos de roca y hielo rodeados por densas envolturas gaseosas.

 

Al principio son mundos muy fríos e inhóspitos. Pero no siempre los planetas permanecen en la misma órbita en la que se crearon. Junto con otros procesos, las fuerzas de marea pueden inducir una migración planetaria hacia el interior del sistema. Este proceso puede llevar a los miniNeptunos hasta la zona habitable de su estrella madre, donde están expuestos a niveles de rayos X y radiación ultravioleta mucho más altos.

 

Esto a su vez puede llevar a una rápida pérdida del grueso manto de gases más volátiles, incluyendo al principal, el hidrógeno, hacia el espacio, a veces dejando como resultado un mundo rocoso sin esa envoltura ultradensa rica en hidrógeno y trasladado a la zona orbital habitable.

 

Tal planeta es probable que tenga abundante agua en la superficie, ya que su núcleo es rico en hielo de agua. Una vez trasladado el planeta a la zona orbital habitable, este hielo puede fundirse y formar océanos, quizás abriendo un camino hacia el surgimiento de vida.

 

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