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Jueves, 26 mayo 2011
Psicología

Causas inusuales por las que podemos perder el autocontrol de la agresividad

El autocontrol ante situaciones desagradables, por ejemplo las que nos enojan, nos resulta útil en la vida cotidiana. Pero tiene sus riesgos, ya que reprimir emociones e impulsos puede conducirnos a conductas más agresivas. Todos sabemos que acumular rabia, sin darle salida, puede desembocar en una explosión, y que es mejor dejarla fluir en pequeños escapes que toda junta de repente. Una nueva investigación ha profundizado en cómo podemos ver menguado nuestro autocontrol por causas que a priori parecen poco evidentes.

Kathleen Vohs de la Universidad de Minnesota, una científica que ha pasado más de una década estudiando el autocontrol como un recurso limitado, y tres de sus colegas de la Universidad de Texas, analizaron a dos grupos de sujetos. Los integrantes de un grupo llevaban 24 horas sin dormir, mientras que los del otro habían dormido todo lo necesario.

Los resultados muestran que las personas que en la primera parte del experimento habían tenido que ejercer el autocontrol, concretamente ante estímulos que suscitaban asco, no rabia, tenían más probabilidades de mostrar niveles más altos de agresividad en un videojuego de competición. Es decir que no se trataba de que llevasen dentro más rabia, sino que su autocontrol en general había menguado temporalmente. Además, era estrictamente la merma de recursos para el autocontrol lo que promovía la agresividad; el no haber dormido no influía.

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Hallazgos como éste nos recuerdan la necesidad de que las personas en puestos de gran responsabilidad se hallen en las mejores condiciones emocionales posibles. Sobre todo, tal como acota Vohs, si ocupan cargos en los que la ira contenida puede influir de manera directa y contundente en sus actos y decisiones profesionales. E ilustra esta reflexión con un ejemplo claro, el de un juez que se esfuerza por mantener su autocontrol ante los detalles sórdidos o incluso abiertamente indignantes de crímenes sobre los que debe trabajar a diario. Si este juez tiene que hacer mucho uso de su capacidad de autocontrol, el resultado final puede ser que cuando tenga un mal día emita sentencias más duras que las que habría emitido en circunstancias emocionales distintas.


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