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Miércoles, 11 marzo 2015
Arqueología

El enigma de la degradación súbita de las momias más antiguas del mundo

Al menos dos mil años antes de que los antiguos egipcios empezaran a momificar a sus faraones, un pueblo de cazadores-recolectores conocido como la cultura Chinchorro y que vivía a lo largo de la costa de los actuales Chile y Perú, desarrolló métodos bastante sofisticados para momificar no solo a los personajes que integraban la élite, sino a todo tipo de miembros de la comunidad (hombres, mujeres, niños e incluso fetos que no llegaron a nacer). La datación por radiocarbono establece la época de aquellas primeras momificaciones artificiales en torno al año 5050 antes de Cristo, lo que las convierte en las momias de preparación humana más antiguas del mundo.

 

Extrañamente, después de permanecer muy bien conservadas durante milenios, durante la pasada década muchas de las momias de la cultura Chinchorro han empezado a degradarse con notable rapidez.

 

Cerca de 120 momias de la cultura Chinchorro están guardadas en la colección del Museo Arqueológico de la Universidad de Tarapacá, en Arica, Chile. Ahí fue donde los científicos se dieron cuenta de que las momias estaban empezando a degradarse de forma visible a un ritmo alarmante. En algunos casos, los especímenes se estaban convirtiendo en cieno negro.

 

Para descubrir la causa, y una forma de detener el deterioro, los responsables de la conservación de las momias y otros expertos de la Universidad de Tarapacá, incluyendo a la arqueóloga Marcela Sepúlveda, principal impulsora de una iniciativa para buscar soluciones, organizaron un equipo de investigación para el que reclutaron a reputados especialistas de América y Europa, incluyendo a Ralph Mitchell, profesor emérito de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas (SEAS) de la Universidad de Harvard, y que tiene su sede en Boston, Massachusetts, Estados Unidos.

 

Mitchell ha usado sus conocimientos de microbiología medioambiental para averiguar las causas de la descomposición de objetos de muy diversa naturaleza, desde manuscritos históricos, hasta trajes espaciales del programa Apolo de la NASA, pasando por los muros de la tumba del faraón Tutankamón.

 

[Img #25915]

 

El tipo de degradación experimentado por las momias de la cultura Chinchorro nunca antes había sido estudiado. El reto al que se enfrentaban Sepúlveda, Mitchell, Alice DeAraujo de la Universidad de Harvard, y los demás, era averiguar qué estaba causándolo y cómo prevenir más degradación.

 

Los análisis meticulosos revelaron que la degradación tenía origen microbiano. Pero la proliferación nociva de estos microorganismos respondía a una causa concreta, que era la clave de todo el enigma: El nivel de humedad. Los experimentos demostraron que una humedad elevada en el aire desencadena daños en la piel de las momias.

 

Este hallazgo concordó con una circunstancia que Sepúlveda advirtió: los niveles de humedad en Arica, donde está situado el museo arqueológico, han estado aumentando en los últimos tiempos.

 

El análisis de DeAraujo sugirió que el margen ideal de humedad para las momias guardadas en el museo está entre el 40 y el 60 por ciento. Un poco más alta y podría producirse la temible degradación microbiana; un poco más baja y podría desencadenarse la igualmente dañina acidificación.

 

El siguiente paso en esta línea de investigación debería ser obtener datos suficientes con los que poder valorar el impacto de la temperatura y de la luz sobre el grado de conservación de las momias.

 

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