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Martes, 17 marzo 2015
Astrobiología

Prosigue la polémica sobre un supuesto origen extraterrestre de restos biológicos en una microesfera de titanio

Una microesfera de titanio que fue atrapada en un recogedor de muestras durante un vuelo estratosférico constituye un buen ejemplo de lo poco que se ha investigado la presencia de microorganismos y otro material biológico a gran altitud en la atmósfera, pero también ha generado ardientes controversias en torno al posible origen extraterrestre de parte de los restos biológicos de esa microesfera de titanio. Los autores principales del estudio en el que se ha llegado a la conclusión de la posible naturaleza alienígena de parte de ese material son dos profesores universitarios bien conocidos desde hace años por nadar a contracorriente de la inmensa mayoría de la comunidad científica y por emitir hipótesis a menudo tachadas de disparatadas por sus muchos detractores.

 

El vuelo de un globo científico en julio de 2013 a una altitud de entre 22 y 27 kilómetros por encima de Wakefield, West Yorkshire, Reino Unido, permitió la recogida de varios tipos de microorganismos, algunos de los cuales llevaron aparentemente a la formación de microcráteres por estar volando a una velocidad elevadísima.

 

El globo, diseñado por Chris Rose y Alex Baker de la Universidad de Sheffield en el Reino Unido, fue lanzado cerca de Chester y transportó un dispositivo especial para recogida de muestras, que solo fue expuesto a la atmósfera cuando el globo alcanzó las citadas altitudes de entre 22 y 27 kilómetros. El globo aterrizó sin problemas e intacto cerca de Wakefield. Los científicos descubrieron después que habían capturado restos biológicos, incluyendo un fragmento de alga diatomea, procedente de la estratosfera, todos los cuales consideran que son demasiado grandes para provenir de la superficie de la Tierra. El trabajo experimental se realizó en la Universidad de Sheffield.

 

En un caso, que es el más llamativo de todos, una esfera de 30 micrómetros de diámetro fue aislada y su análisis indica que en sus capas más exteriores está hecha mayormente de titanio (con pequeñas cantidades de vanadio). Se constató que la esfera de titanio contiene un material que los autores principales del estudio, Milton Wainwright, profesor en la Universidad de Sheffield, y Chandra Wickramasinghe, profesor en la Universidad de Buckingham en el Reino Unido, así como director del Centro de Astrobiología de esta universidad, creen que es de origen biológico. La alta velocidad aparente con la que la partícula se incrustó en el recogedor de muestras parece demostrar que no estaba flotando en el aire, levantada desde la superficie de la Tierra por la fuerza del viento u otras y arrastrada luego por las corrientes de aire, sino que procedía del espacio.

 

El estudio y sus arriesgadas conclusiones se recogieron en un artículo publicado en la revista académica Journal of Cosmology y en otro posterior publicado en la revista académica Journal of Astrobiology & Outreach, recibiendo fuertes críticas.

 

Al astrónomo Chandra Wickramasinghe (nacido en 1939) se le conoce sobre todo por ser cofundador de una teoría de panspermia (origen extraterrestre de la vida en la Tierra) junto con Sir Fred Hoyle (1915-2001). Hoyle, un astrónomo de gran reputación, en esencia por sus aportaciones sobre la nucleosíntesis estelar, destacó también por sus ideas controvertidas sobre otras cuestiones científicas, incluyendo su rechazo a la teoría del Big Bang, cuyo nombre lo acuñó él, así como por su brillante carrera paralela como escritor de ciencia-ficción. En algunos aspectos, tiene muchos paralelismos con Arthur C. Clarke, científico y autor de la archifamosa novela “2001, una odisea del espacio”, llevada al cine por Stanley Kubrick. Hoyle y Wickramasinghe trabajaron juntos durante bastantes años buscando evidencias a favor de su teoría de la panspermia, y tras la muerte del primero, el segundo ha continuado por esta senda, ayudado últimamente por Milton Wainwright y algunos otros. Lo más polémico de la teoría de Hoyle y Wickramasinghe no es que los ingredientes de la vida, o incluso los primeros microorganismos de la Tierra, llegasen del espacio, sino que incluso hoy en día siguen llegando a la Tierra microorganismos procedentes del cosmos. Según ellos, bastantes microbios bien conocidos, algunos causantes de enfermedades, tienen en el espacio exterior uno de sus principales reservorios. Los cometas, y los restos cometarios, serían los principales vehículos de transporte de tales microorganismos a la Tierra.

 

[Img #26079]

 

La esfera de titanio procedente de la estratosfera, con una envoltura que, según los autores del estudio, recuerda a tejido fúngico. La esfera ha sido desplazada levemente de su punto original de incrustación para poner de manifiesto material biológico extendiéndose hacia su exterior y lo que al parecer es un profundo cráter de impacto a la derecha. (Foto: Universidad de Buckingham / Universidad de Sheffield)

 

Siguiendo esta singular línea de razonamiento, el profesor Wainwright argumenta: “La mayoría de las personas asumirán que estas partículas biológicas deben haber necesariamente ascendido hasta la estratosfera desde la superficie de la Tierra, pero se acepta habitualmente que una partícula del tamaño encontrado no puede ascender desde la Tierra hasta una altitud de, por ejemplo, 27 kilómetros. La única excepción conocida es por una erupción volcánica, ninguna de las cuales ha sucedido en los tres años de toma de muestras. En ausencia de un mecanismo por el cual partículas grandes como estas puedan ser transportadas a la estratosfera, solo podemos concluir que las entidades biológicas se originaron en el espacio. Nuestra conclusión entonces es que sigue llegando vida a la Tierra desde el espacio, que la vida no está restringida a este planeta y que casi con toda certeza no se originó aquí”.

 

El profesor Wickramasinghe comenta: “Pediríamos a nuestros críticos que indiquen un mecanismo que pueda elevar material desde la superficie de la Tierra hasta altitudes de 22 a 27 kilómetros y que mágicamente cribe todo el material biológico y no biológico para dejar solo las inusuales entidades biológicas que encontramos, teniendo estas entre 10 y 300 micrones, tamaños que, según los físicos atmosféricos, son demasiado grandes para que las partículas sean llevadas desde la superficie de la Tierra hasta la estratosfera.”

 

El profesor Wainwright, sin embargo, afirma que, desde muchos puntos de vista, el hallazgo del impacto proporciona mejores pruebas de que esta esfera de titanio conectada a algo biológico procedía del espacio. “El hecho de que la esfera de titanio con material biológico, sin equivalente terrestre, causara un cráter cuando impactó con el sistema de toma de muestras proporciona pruebas convincentes de que entró en la estratosfera desde el espacio exterior y no flotaba perezosamente habiendo ascendido desde la superficie de la Tierra hasta una altitud de 22 a 27 kilómetros.”

 

El profesor Wainwright asegura que se tomaron precauciones rigurosas para evitar la posibilidad de contaminación durante el análisis de las muestras o en cualquier momento anterior o posterior a la estancia del dispositivo recolector en la franja estratosférica indicada, y que él y sus colegas tienen plena confianza en que los microorganismos fueron recogidos en la estratosfera.

 

Las declaraciones efectuadas por estos científicos han sido criticadas duramente por muchos expertos. Una opinión muy extendida es que puede haberse producido la citada contaminación que Wainwright descarta.

 

También, como el propio profesor Wainwright asume, un argumento fácil contra las conclusiones de su estudio es que debe haber algún mecanismo, conocido o desconocido, capaz de transferir partículas grandes desde la superficie de la Tierra hasta franjas altas de la estratosfera.

 

Aunque el material biológico encontrado por el equipo de Wickramasinghe y Wainwright provenga de la superficie terrestre, no por ello lo encontrado en este estudio carece de interés. De hecho, la estratosfera y las capas más altas de la atmósfera son las grandes olvidadas en la exploración biológica de la Tierra, y merecen ser estudiadas mucho más. De entre las pocas investigaciones en profundidad hechas al respecto, bastantes han revelado cosas asombrosas. Por ejemplo el bacilo estratosférico, bautizado con el nombre científico de Bacillus stratosphericus, es un microbio presente normalmente en altas concentraciones en la estratosfera, y ha resultado ser muy eficaz para generar electricidad, al servir como componente clave para un nuevo biofilm diseñado por un equipo de científicos de la Universidad de Newcastle, en el Reino Unido (http://noticiasdelaciencia.com/not/3815/). Por otra parte, las nubes de tormenta poseen una gran diversidad microbiana; en ellas se han encontrado, por ejemplo, microbios procedentes de vegetales (http://noticiasdelaciencia.com/not/6186/). También se sabe que cuando ciertas bacterias con la insólita capacidad de provocar la formación de hielo, mueren, bastantes de sus proteínas van a parar a la atmósfera, donde pueden alterar el tiempo meteorológico al contribuir de manera significativa a la formación de nubes y a que se produzcan precipitaciones (http://noticiasdelaciencia.com/not/8742/). Una investigación sobre formación bacteriana de granizo en las nubes (http://noticiasdelaciencia.com/not/1775/) reveló una alta concentración de bacterias en los núcleos de partículas de granizo, lo que sugiere que los microorganismos presentes en el aire a suficiente altitud pueden intervenir en ese y otros fenómenos meteorológicos.

 

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