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Jueves, 19 marzo 2015
Ecología

La urbanización de amplias áreas del planeta está provocando cambios evolutivos rápidos en la flora y la fauna

Ya se sabe que los humanos y las ciudades que construimos afectan al ecosistema y que incluso ello promueve un cierto grado de cambio evolutivo en los rasgos de las especies. Las señales son sutiles pero llamativas: Las arañas de las ciudades se están haciendo más grandes que las de campo, y los salmones en los ríos están empequeñeciendo; los pájaros de las áreas urbanas crecen más dóciles y atrevidos, apropiándose de más recursos y de una mayor porción del hábitat que los conseguidos por sus primos del campo.

 

Lo que es nuevo es que estos cambios evolutivos están ocurriendo mucho más rápido de lo que se pensaba previamente, y que suponen un impacto potencial sobre el funcionamiento del ecosistema ya incluso en la época actual, no solo en un futuro lejano.

 

Los resultados de una nueva investigación llevada a cabo por Marina Alberti, de la Universidad de Washington en la ciudad estadounidense de Seattle, sugieren que si las actividades humanas generan cambios evolutivos que afecten a los ecosistemas, y ya hay indicios firmes de ello, las repercusiones para la estabilidad de tales ecosistemas y para el propio bienestar humano podrían ser significativas.

 

La nueva investigación muestra que ciertos motores urbanos esenciales del cambio influyen en la dinámica ecoevolutiva a través de interacciones entre los componentes del sistema, tanto de la naturaleza general como exclusivamente humanos y también de tipo artificial, en el ecosistema urbano. Esto sucede mediante una serie de mecanismos sutiles, incluyendo cambios en el hábitat, interacciones bióticas, nuevas perturbaciones y dinámicas sociales.

 

Las ciudades no están simplemente afectando a la biodiversidad al reducir la cantidad y el grado de variedad de especies que viven en hábitats urbanos. Los humanos en las ciudades están provocando que ciertos organismos sufran cambios evolutivos acelerados que tienen efectos en el funcionamiento del ecosistema, incluyendo aspectos como la biodiversidad, el reciclaje de nutrientes, la dispersión de semillas, la desintoxicación o saneamiento medioambiental, la producción de alimentos y finalmente la salud y el bienestar humanos.

 

El nuevo estudio ha pasado revista a las crecientes evidencias de “huellas humanas”, o ejemplos documentados de cambios de características ocasionados por los humanos en peces, pájaros, mamíferos y plantas, y sus efectos en el funcionamiento del ecosistema.

 

Además de los ejemplos citados antes, Alberti destaca otros notables cambios evolutivos recientes promovidos por las actividades humanas: Las lombrices tienen una mayor tolerancia a los metales, las semillas de algunas plantas se dispersan de forma menos efectiva, y un tipo de ratón urbano que es un anfitrión esencial para las garrapatas que transmiten la enfermedad de Lyme nos está llevando a picos de exposición humana a dicha dolencia.

 

[Img #26167]

 

Los pájaros no solo se están convirtiendo en más dóciles y atrevidos, sino que además están cambiando sus trinos para asegurarse de que sus señales acústicas no se pierdan en el ruidoso ambiente urbano. Los mirlos se están volviendo sedentarios y han cambiado su comportamiento migratorio en respuesta a la urbanización.

 

Los humanos causamos en las ciudades estos cambios a través de diversas vías. Nuestra urbanización altera y rompe los patrones de vegetación naturales, introduce contaminantes tóxicos y perturbaciones tales como un mayor grado de ruido, un mayor nivel nocturno de luz, e incrementos de temperatura. La presencia humana también cambia la disponibilidad de recursos como la comida y el agua, alterando el ciclo vital de muchas especies.

 

Alberti cree que todas estas evidencias que están surgiendo plantean varias cuestiones peliagudas:

 

-¿Puede la rápida urbanización global afectar al curso de la evolución de la Tierra?

 

-¿Está la urbanización acercando al planeta a un punto de inflexión medioambiental con una magnitud similar a la de la Gran Oxidación que introdujo el oxígeno en la atmósfera hace más de 2.000 millones de años?

 

-¿Podrían diferentes patrones de urbanización alterar el efecto de la acción humana sobre la evolución de los ecosistemas?

 

Aunque Alberti parece pintar un futuro muy sombrío, defiende que la suya no es una visión catastrofista del futuro, sino que tan solo pone de manifiesto tanto los retos como la oportunidad única que los humanos tenemos de moldear la evolución de la Tierra. En palabras de Alberti, podemos hacer que la urbanización de ecosistemas provoque su desplome como tales, o podemos dirigirla conscientemente hacia un estado que los acabe volviendo más resistentes y sostenibles.

 

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