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Miércoles, 8 abril 2015
Microbiología

Bacterias agrupándose espontáneamente para formar estructuras comparables a cristales

Los insectos forman enjambres, los peces se agrupan en bancos, y los pájaros conforman bandadas. De la misma manera, los individuos de una especie de bacteria forman estructuras dinámicas, calificables en ciertos aspectos como cristales vivientes. Así se ha descubierto en una investigación realizada por científicos de la Universidad Rockefeller en Nueva York, Estados Unidos.

 

Estos biofísicos han comprobado que los microbios de la especie llamada Thiovulum majus, que nadan rápido y consumen azufre, pueden organizarse formando una retícula bidimensional (de una sola capa) compuesta por células en rotación, el primer ejemplo conocido de bacterias formando dicho patrón espontáneamente.

 

La disposición repetida y regular de las células microbianas comparte la geometría de los átomos dentro de un cristal mineral, pero las dinámicas son fundamentalmente distintas; los “cristales” bacterianos se mueven constantemente y se reorganizan como resultado de la energía generada por las células individuales dentro de ellos, tal como ha comprobado el equipo de Albert Libchaber, profesor de la citada universidad y jefe de su Laboratorio de Física Experimental de la Materia Condensada.

 

El movimiento giratorio de las células individuales ha llevado a que los investigadores las hayan descrito como “tornados microscópicos”.

 

[Img #26661]

 

No es coincidencia que la Thiovulum majus se halle entre las bacterias conocidas que nadan más rápido. Siendo capaces de moverse a hasta 60 longitudes de su cuerpo por segundo mientras giran rápidamente, estos microbios se propulsan utilizando un flagelo parecido a un látigo que recubre sus superficies. Pero en su hábitat natural, en las profundidades de las aguas cenagosas, estos microbios no viajan mucho. Se anclan a una superficie y utilizan sus flagelos en generar una corriente lo bastante fuerte para atraer los nutrientes que necesitan, y que flotan en el agua.

 

No está claro por qué estos microbios forman estos “cristales”, ni tan siquiera se sabe si lo hacen en hábitats distintos de los observados.

 

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