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Martes, 28 abril 2015
Ecología

¿Cuántas cabras monteses debe haber en la Sierra de Guadarrama?

La extinción de grandes animales por los humanos es considerada una seria amenaza para la biodiversidad global. En España, por ejemplo, el bucardo, o cabra montés de los Pirineos (Capra pyrenaica pyrenaica), se extinguió recientemente, en el 2000. Por eso, es cada vez más frecuente la introducción de individuos en zonas donde la especie ha desaparecido en tiempos recientes para restaurar la biodiversidad natural, asegurar la persistencia de especies amenazadas y restablecer su área de distribución original.

 

Ejemplos de reintroducciones son las del antílope mohor –extinguido en Mauritania pero conservado en España cuya reintroducción está programada para este año–, o el de la cabra montés (Capra pyrenaica victoriae) en la Sierra de Guadarrama que, tras su extinción a finales del siglo XIX, se reintrodujo en 1989.

 

En este último caso, la medida ha tenido éxito y la cabra montés vuelve a desempeñar su importante papel ecológico y a constituir un emblema y un atractivo turístico para esta sierra, hoy declarada Parque Nacional. Sin embargo, dada la casi total ausencia de predadores, la población de cabras monteses crece y los 67 ejemplares introducidos hasta 1992 se han convertido en poco más de dos décadas en más de 3.300 sólo en la zona de La Pedriza, donde se alcanzan densidades superiores a 47 individuos por km2.

 

Por eso, ahora el problema es determinar cuántas cabras monteses debe haber en la sierra. Según los expertos, deben ser suficientes para que puedan desempeñar su función ecológica y cultural, pero no tantas como para que puedan plantear problemas sanitarios o de degradación de la flora y vegetación, que también está protegida por la Directiva Europea Hábitats, la Ley de Patrimonio Natural y Biodiversidad y el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de la Comunidad de Madrid. Se trata de un problema que se repite, con diferentes especies, en muchos de los Espacios Naturales Protegidos.

 

[Img #27152]

 

Mediante un diseño experimental adecuado a las características de la zona, la vegetación y la especie estudiada, un equipo de investigadores de la ETSI Montes y la ETSI Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) han analizado los daños provocados por el ramoneo (consumo de ramillas y hojas de plantas leñosas) en cada especie vegetal y los han comparado con su disponibilidad.

 

Así han podido cuantificar las preferencias alimenticias de la cabra montés (Capra pyrenaica) y determinar cuáles son las especies vegetales más valiosas como indicadoras de la cantidad de animales admisible para garantizar la sostenibilidad ecológica de la sierra madrileña.

 

El estudio, publicado en Biological Conservation, ha abordado el problema utilizando a las plantas leñosas como indicadoras de la sustentabilidad de la población de ungulados. Los investigadores han constatado que algunas especies protegidas, como el acebo, el abedul, el tejo, el serbal de cazadores o el guillomo superan ya los niveles admisibles de daños por ramoneo y pueden ver, por ello, comprometida su conservación con las cargas actuales.

 

El método, que también ha sido empleado con el ciervo en los Montes de Toledo y el arruí en Sierra Espuña (Murcia), puede ser utilizado con otras especies de ungulados y en otros ecosistemas, en especial en Espacios Naturales Protegidos. Una vez alcanzada la población de ungulados (en este caso cabra montés) admisible, se planteará cómo mantenerla estable, sobre todo teniendo en cuenta que en los Parques Nacionales está prohibida la caza deportiva. (Fuente: Universidad Politécnica de Madrid)

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