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Lunes, 18 mayo 2015
Paleontología

El análisis de un esqueleto de 1500 años atrás revela el posible origen geográfico de la lepra que asoló a Gran Bretaña

Averiguar de qué parte de la Tierra llegó una enfermedad infecciosa que luego se propagó por un determinado país puede ayudar a conocer mejor los entresijos del microorganismo causante, y de este modo conducir a mejores vías de combatir a la enfermedad o a otras parecidas. Pero es un tema moralmente delicado, porque siempre hay gente empeñada en buscar culpables de la propagación histórica de una enfermedad, a veces con un tinte claramente xenófobo. Por eso, los resultados del estudio sobre el que hablamos en este artículo deben ser interpretados exclusivamente desde el terreno científico.

 

La lepra, que a lo largo de los siglos fue una enfermedad incurable, causaba también una fuerte estigmatización social, tanto por el aspecto que adquirían los enfermos en fase avanzada, como por el riesgo de contagio. Por todo ello, la figura del leproso se convirtió en uno de los terrores más punzantes de diversas épocas y culturas humanas, incluyendo por ejemplo la Edad Media, cuyas leproserías fueron descritas a veces como cementerios para vivos.

 

Aunque la lepra está hoy virtualmente erradicada en bastantes países, en algunas partes de la Tierra aún aparecen nuevos casos, del orden de cientos de miles al año en todo el mundo. Por suerte, esta enfermedad que ataca sobre todo a la piel y los nervios del paciente, se puede ahora tratar, aunque un diagnóstico tardío complica las cosas. Si se diagnostica mal o no se trata, la enfermedad puede llevar a considerables lesiones cutáneas, deformidades en la cara y las extremidades del paciente, discapacidades e incluso la muerte.

 

Indagar en la propagación de esa enfermedad en una época tan lejana como hace 1500 años no es tarea fácil, pero un equipo internacional, incluyendo expertos de la Universidad de Leiden en los Países Bajos, y de las de Southampton, Birmingham, Surrey y Swansea en el Reino Unido, examinaron un esqueleto masculino de esa época, desenterrado en la localidad de Great Chesterford, en el condado de Essex, Inglaterra, durante unas excavaciones arqueológicas realizadas en los años 50 del pasado siglo.

 

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Los huesos del hombre, probablemente un veinteañero, muestran cambios coincidentes con los que cabría esperar de la lepra, como por ejemplo el estrechamiento de los huesos de los dedos del pie y daños en las articulaciones, lo que ha venido haciendo sospechar que se trata de uno de los casos británicos más antiguos conocidos de lepra. Las técnicas científicas modernas aplicadas por el equipo de Sarah Inskip, antropóloga forense de la Universidad de Leiden, y Sonia Zakrzewski, arqueóloga de la Universidad de Southampton, han confirmado ahora que el hombre sufría la enfermedad y que pudo llegar a Inglaterra proveniente del sur de Escandinavia.

 

Fueron necesarias pruebas de ADN para conseguir un diagnóstico claro. No todos los casos antiguos de lepra pueden ser identificados por cambios en el esqueleto. Algunos pueden no dejar rastros detectables en los huesos; otros afectan a los huesos de una forma similar a como lo hacen otras enfermedades. En estos casos, la única forma de estar seguro es valerse de huellas genéticas u otros marcadores químicos característicos de la bacteria de la lepra.

 

Los investigadores examinaron el esqueleto en busca de biomarcadores de lípidos y ADN de bacteria para confirmar definitivamente que el hombre tenía lepra, y para permitirles llevar a cabo un análisis genético detallado de la variedad de la bacteria que causó la enfermedad.

 

Tal como acota el profesor Mike Taylor, bioarqueólogo de la Universidad de Surrey, no todas las excavaciones proporcionan ADN de buena calidad, pero en este caso, el ADN de la bacteria de la lepra aislado del esqueleto fue tan bueno que ha permitido identificar la cepa como perteneciente a un linaje que había sido anteriormente encontrado en restos humanos de personas que fueron sepultadas en el sur de Gran Bretaña y en Escandinavia durante la Edad Media, si bien en esta ocasión el ADN procede de un período muy anterior, hacia los siglos quinto o sexto después de Cristo.

 

Los isótopos de los dientes del hombre mostraron que probablemente no procedía de Gran Bretaña, sino que creció en otra parte, al parecer en el norte de Europa, y más concretamente en el sur de Escandinavia. Esto coincidió con los resultados del ADN, y plantea la intrigante posibilidad de que el misterioso individuo trajera en su cuerpo una cepa escandinava de la bacteria de la lepra cuando emigró a Gran Bretaña.

 

Los resultados de la investigación se han hecho públicos a través de la revista académica PLoS ONE. La referencia del trabajo es la siguiente: Inskip SA, Taylor GM, Zakrzewski SR, Mays SA, Pike AWG, Llewellyn G, et al. (2015) Osteological, Biomolecular and Geochemical Examination of an Early Anglo-Saxon Case of Lepromatous Leprosy. PLoS ONE 10(5): e0124282. doi:10.1371/journal.pone.0124282.

 

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