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Lunes, 8 junio 2015
Ecología

Un mexicano, a la caza en Europa de disminuir gases efecto invernadero vía mercados de carbono

Con el fin de reducir las emisiones de dióxido de carbono y contribuir al control del cambio climático, se estableció en la Unión Europea (UE) una herramienta de fiscalización verde, denominada mercado de carbono, que fomenta la innovación al incitar a las empresas a mejorar sus prácticas mediante la implementación de procesos y tecnologías limpias.

 

Las compañías europeas que participan en este tipo de mercados son las que contaminan más, como las industrias acerera, química, energética y de la construcción, refiere el ingeniero mexicano Francisco Grajales Cravioto, quien se desempeña como gerente regional de Emisiones Globales en la compañía sueca Vattenfall.

 

En entrevista, refiere que el sistema se creó en Europa a partir de la firma del protocolo de Kyoto, que fue un acuerdo internacional en donde casi todos los países acordaron controlar las emisiones de gases de efecto invernadero. Cada nación adoptó un límite de contaminación.

 

Para cumplir con su compromiso de reducción, la UE impone a su vez límites de contaminación a diferentes sectores de la economía, los cuales están por debajo de las emisiones actuales, lo que obliga a las compañías a buscar soluciones para disminuirlas y cumplir con la ley. Una de ellas es participar en el mercado de carbono.

 

Por ejemplo, las compañías A y B emiten 100 toneladas de dióxido de carbono al año, en tanto el límite de emisión determinado por el gobierno se ubica en 95. Esto significa que ambas firmas están obligadas a reducir dicha emisión en cinco toneladas.

 

Ahora, suponiendo que la firma A implementa proyectos de energía renovable o tecnologías limpias en sus procesos, lo que hace que al final del año reduzca sus emisiones a 90. Mientras tanto, a la B le resulta muy caro o casi imposible disminuir los gases de efecto invernadero por debajo de 100 toneladas. La compañía A puede cumplir con el límite de 95 y además recibe 5 bonos de carbono por haber reducido sus emisiones más de lo necesario.

 

Esos bonos pueden ser comercializados y en este ejemplo la firma B los compraría para compensar sus emisiones que sobrepasan el límite y de esta manera cumplir con la ley. El proceso se hace entre miles de empresas y se crea el mercado de carbono.

 

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Al final, el resultado es que en conjunto se cumple con el límite de emisiones de manera costo-efectiva y se les da flexibilidad a las empresas de decidir cómo cumplir con la ley.

 

"El bono de carbono es un producto intangible, un permiso que se puede vender a las empresas obligadas a bajar sus emisiones y que por alguna razón no les ha sido posible alcanzar su meta”, explica Grajales Cravioto, quien forma parte de la Red de Talentos Mexicanos, Capítulo Holanda.

 

A las compañías que les cuesta más trabajo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero compran los bonos de carbonos; con el capital obtenido, se financian proyectos y prácticas a favor del medio ambiente, con lo que se consigue la eficiencia del sistema.

 

Cabe destacar que el mercado de carbono pone un precio a las emisiones de dióxido de carbono y entre más elevado sea, las empresas se ven obligadas a tomar medidas cada vez más eficientes para reducir la contaminación.

 

“Prácticamente es como un sistema bancario, pues a cada empresa se le otorga una cuenta vinculada a una unidad central controlada por el gobierno europeo. Ahí se depositan los bonos de carbono y se contabilizan contra las emisiones que generan al año. Asimismo, se pueden hacer transferencias de esos permisos a otras compañías”, subraya.

 

De acuerdo con Grajales Cravioto, los mercados de carbono en Europa han sido muy efectivos. El objetivo al que se comprometió con el protocolo de Kyoto consistió en reducir sus emisiones en un ocho por ciento, en comparación con el año de 1990, hacia el 2012; la disminución alcanzada fue casi del 12 por ciento.

 

Ahora la UE busca reducir sus emisiones en un 20 por ciento hacia el año 2020. En 2014 ya se había alcanzado una disminución del 19 por ciento y de acuerdo a las tendencias actuales se espera que en 2020 sea del 23 por ciento.

 

Respecto a la posibilidad de instaurar en México un mercado de carbono, señala que se requiere voluntad política y social, pues el país tiene muy buenos recursos para instaurar energías renovables y tecnologías limpias.

 

“Habría que ver si la sociedad y las industrias mexicanas lo aceptan y trabajan con el gobierno para que se puedan implementar los mecanismos para reducir la contaminación. Para ello se requiere educación y crear conciencia sobre las efectos que trae consigo el cambio climático”, puntualiza. (Fuente: AGENCIA ID/DICYT)

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