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Martes, 14 junio 2011
Bioquímica

El inesperado papel de la pirita en la biología marina

Las bacterias y las plantas pequeñas que viven en el océano necesitan, al igual que los seres humanos, una cierta cantidad de hierro para su correcta nutrición. Pero no tienen el acceso a este elemento que sí tenemos otros seres vivos en tierra firme.

Así que, ¿de dónde les llega el hierro?

Una nueva investigación apunta a que una fuente importante de hierro en el mar está justo en el fondo: diminutas partículas de pirita, emitidas por las fumarolas hidrotermales del suelo oceánico.

Los científicos ya sabían que las emisiones de esas fumarolas, que expulsan agua caliente con partículas minerales provenientes del interior de la Tierra, incluyen partículas de pirita, pero pensaban que eran partículas demasiado grandes, que simplemente acababan depositadas en el fondo marino, sin que resultasen aprovechables por los seres vivos.

Ahora, el equipo de George Luther, de la Universidad de Delaware en Estados Unidos, y Mustafá Yucel de la Universidad Pierre y Marie Curie en Francia, ha demostrado que esas fumarolas emiten una cantidad significativa de partículas microscópicas de pirita, que tienen un diámetro 1.000 veces menor que el de un cabello humano.

Como las nanopartículas son tan pequeñas, se dispersan en el océano en vez de caer al fondo del mar.

La pirita, que consta de hierro y azufre, no reacciona rápidamente con el oxígeno del agua de mar para formar hierro oxidado, u "óxido", lo que permite a las partículas pequeñas de este mineral permanecer intactas y moverse a lo largo y ancho del océano más de lo que se mueven otras formas de hierro.

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Conforme la pirita viaja por el mar y se oxida gradualmente, va liberando poco a poco el hierro, que así pasa a estar disponible en zonas donde había escasez del mismo. De esta manera, los organismos pueden asimilar debidamente el hierro, que les ayudará a crecer.

Esta investigación fue posible gracias al trabajo de campo efectuado en el Océano Pacífico mediante el submarino tripulado Alvin y el vehículo teledirigido Jason, ambos operados por el Instituto Oceanográfico de Woods Hole, en Estados Unidos.


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