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Jueves, 16 junio 2011
Entrevista

José J. Martínez Díaz, geólogo

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(Entrevista realizada por Jorge Munnshe) 

José J. Martínez Díaz, profesor del Departamento de Geodinámica en la Universidad Complutense de Madrid, España, cuenta con una intensa trayectoria científica, dentro de la cual ha hecho trabajo de campo en la Antártida, en zonas volcánicas activas, y hasta en zonas afectadas por terremotos actuales. En su labor de investigación, ha trabajado de manera destacada en campos bastante nuevos, como la paleosismología, y también se ha especializado en técnicas de vanguardia como por ejemplo la interferometría de radar aplicada a sismotectónica.

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-¿Cómo surgió su vocación científica? ¿Cómo decidió dedicarse a la geología?

Pues la verdad  es que es difícil decir cuando surgió mi vocación por la ciencia, el cómo es un poco más fácil. Siempre me gustó salir a la montaña a observar  y creo que de ahí,  de esa curiosidad por observar y entender el paisaje surgió mi afición a la ciencia. Elegir la geología no fue algo del todo premeditado. Al principio me atraían por igual la biología y la geología. Cuando salía a la montaña me hacía preguntas de todo tipo, que abarcaban tanto el porqué de esa piedra con esa forma extraña, pasando por el ¿cómo es posible que esa hormiga encuentre el camino a su hormiguero? o cómo puede crecer tan rápido esa nube. Con el tiempo  creo que la capacidad que nos da la geología de viajar en el tiempo, de entender cómo ha evolucionado un paisaje durante millones de años hasta alcanzar su aspecto actual hizo el resto.

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-Ya me imagino que la perspectiva de lograr avances científicos en el campo de la sismología que sirvan para mejorar los pronósticos de riesgo sísmico de zonas habitadas y ayudar a evitar desgracias personales debe ser un aliciente para usted. Pero ¿no cree que hay una presión excesiva del público sobre los científicos que, como usted, hacen investigación sismológica? Parece que se espera que ustedes consigan predecir qué día habrá un terremoto, con una precisión comparable a la de los meteorólogos actuales que pronostican una fuerte nevada o el paso de un huracán, sin tener en cuenta que los pronósticos sísmicos son mucho más difíciles.

Ciertamente creo que la presión que se ejerce  sobre los científicos en determinados casos, o más exactamente las exigencias que los organismos relacionados con la gestión del riesgo sísmico, así como la incomprensión que a veces muestra el público ante la imposibilidad de prever el fenómeno sísmico nunca consideran los escasos medios técnicos y económicos que tanto la administración como las empresas privadas dedican a la investigación de los riesgos geológicos.  Si bien es cierto que el fenómeno sísmico alberga en su naturaleza  un grado de complejidad  bastante mayor que otros procesos naturales como la meteorología, lo que dificulta mucho más la previsión sísmica, un mayor conocimiento  de las fallas activas y su parametrización nos permitiría definir con bastante exactitud donde pueden generarse los terremotos y de qué tamaño pueden ser. Alcanzar ese grado de conocimiento en una ciencia basada en la obtención de datos de campo depende en gran medida de los recursos financieros que se dediquen a ello en los programas científicos.

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-La paleosismología está registrando avances notables en los últimos tiempos, y es también un campo en el que usted ha estado trabajando. ¿Cómo valora lo conseguido hasta ahora? ¿Espera avances importantes a corto y medio plazo? Estudiar terremotos antiguos a través de sus huellas actuales ¿puede ser decisivo para hacer una valoración fiable del nivel de riesgo sísmico de un lugar?

La paleosismología es una ciencia muy joven. Se sistematizó y adquirió un cuerpo metodológico propio en los años 80,  fundamentalmente en los países con una tectónica activa  más intensa como Estados Unidos, Nueva Zelanda o Japón.  En España, los estudios paleosísmicos no comenzaron hasta mediados los años 90 y a pesar de ello en muy poco tiempo se han formado varios grupos de investigación de calidad que han realizado estudios de mucho interés en numerosas fallas activas. Para llevar tan poco tiempo activa  en España, la paleosismología ha avanzado mucho. Reflejo de ello es el gran número de trabajos de muy alta calidad que se presentaron el pasado mes de octubre de 2010 en la Primera Reunión Ibérica sobre Fallas Activas y Paleosismicidad (IBERFAULT 2010) que organizamos con un éxito de asistencia y de presentación de comunicaciones que superó todas nuestras expectativas. Fruto de esta reunión, se gestó la primera base de datos de fallas con actividad cuaternaria de la Península Ibérica (QAFI: Quaternary Active Fault database of Iberia) que en breve será accesible a toda la comunidad científica, y que además podrá ir incorporando en ella los nuevos datos que se vayan generando con el tiempo. Otra de las conclusiones más importantes que se extrajo de IBERFAULT 2010 es la gran importancia que tiene la aplicación de distintos métodos de datación numérica en un país de actividad tectónica moderada como es España. Ello hace que para datar nuestros paleoterremotos  hemos de utilizar  metodologías que abarquen más tiempo que el Radiocarbono 14 y para los que existen muy pocas instalaciones en España. Para ello es muy importante que nuestro país se dote de laboratorios de datación que abarquen distintas metodologías (Isótopos cosmogénicos, Luminiscencia Óptica, Radiocarbono 14 etc.) que permitan a nuestros grupos de investigación ganar en competitividad a la hora de poder realizar un mayor número de dataciones.  

En cuanto a la importancia de los resultados de la paleosismología en los estudios de riesgo sísmico, puede afirmarse que los resultados que estamos obteniendo en los últimos años están empezando a ser considerados en los estudios de actualización del mapa de peligrosidad sísmica en que se basa la Norma de Construcción Sismorresistente Española.  Gracias a la geología y en especial a la paleosismología, se está parametrizando un número cada vez mayor de fallas activas en  la península Ibérica. Por otra parte el reciente terremoto catastrófico ocurrido en Lorca  nos ha mostrado la gran importancia de considerar la localización de fallas activas en las proximidades de los grandes núcleos de población y de instalaciones especialmente sensibles como las centrales nucleares, ya que terremotos de no muy elevada magnitud pueden localmente inducir aceleraciones en el movimiento del suelo mucho mayores de las hasta ahora consideradas.

-Otro campo en el que usted ha trabajado es el del almacenamiento subterráneo de CO2. ¿Podría hablarnos un poco de su labor en el tema?

MI labor en esta línea se ha centrado también en el papel que puede ejercer la tectónica activa y en especial las fallas activas en los almacenes potenciales de CO2. Estos almacenes deben situarse en formaciones selladas que presenten la probabilidad más baja posible de apertura del sistema debida a la eventual reactivación de fallas sismogénicas,  ya sea en el propio almacén como en su entorno. Por ello es fundamental realizar estudios sismotectónicos y paleosísmicos dentro de los proyectos de emplazamiento de estos almacenes.

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-Ir a la Antártida, a una zona volcánica o al escenario de un terremoto reciente, es hacer investigación geológica de un modo que, por regla general, entraña más peligros potenciales que el trabajo de laboratorio. En su labor de campo, ¿le ha tocado vivir alguna situación de peligro o ha tenido al menos la sensación de estar asumiendo un cierto riesgo personal?

En general,  los riesgos en las campañas antárticas están bastante controlados, no en vano tanto en la base Juan Carlos Primero en la Isla Livingstone, como en la Gabriel de Castilla en la Isla Decepción, existe un amplio equipo de personal de apoyo formado por técnicos del CSIC y por miembros del Ejército de Tierra que se encargan de apoyar  la labor de los científicos tanto en el aspecto logístico como de seguridad. A pesar de ello, cuando se hace trabajo de campo durante muchas horas en zonas de clima hostil pueden darse situaciones complicadas. En el caso de la Isla Decepción, al presentar forma de herradura, gran parte de los recorridos han de hacerse en zódiac, y sin duda el mayor peligro que puede darse en estas circunstancias es la hipotermia que puede sufrir en cuestión de minutos en caso de caída accidental a un agua que rara vez sube de los 2 grados. En una ocasión tuvimos que ser rescatados de una bahía en mitad de una ventisca  por vía marina en zódiac y estuvimos muy cerca de volcar debido al fortísimo viento que azotaba la Bahía de Foster que nos separaba de la base. Al final afortunadamente todo quedó en un gran susto.


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