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Jueves, 23 julio 2015
Botánica

Así controla la planta de la patata la formación de ramas y estolones

Investigadores del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), en España, revelan cómo la planta de la patata, el tomate o la berenjena se adaptan a las características ambientales formando más o menos ramificaciones en sus tallos.

 

El estudio, publicado en la revista Current Biology, indica que los responsables son dos productos diferentes del gen BRC1a que aparecieron evolutivamente hace unos 19 millones de años.

 

Según explica Pilar Cubas, científica del departamento de Genética Molecular de Plantas del CNB y una de las autoras del estudio, el gen BRC1a ha evolucionado de forma que su RNA mensajero codifica dos proteínas con funciones opuestas.

 

“La variante BRC1aL inhibe la formación de nuevas ramificaciones, mientras BRC1aS se une y secuestra a la anterior para impedir que entre al núcleo de la célula a hacer su trabajo”, explica la investigadora.

 

En presencia de luz, la planta produce más BRC1aS para facilitar la formación de ramas, mientras que en la oscuridad prevalece la forma BRC1aL y se impide el crecimiento de nuevas ramificaciones. Fitohormonas como la auxina o la presencia de otras plantas, que compiten por la captura de luz roja necesaria para la fotosíntesis, también modifican la proporción de una y otra variante y, por tanto, la aparición de nuevas ramas.

 

 

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Plantas con la expresión de BRC1a modificada para producir más o menos ramificaciones. (Foto: Pilar Cubas (CNB-CSIC))

 

“Los cambios ambientales modulan la proporción de estas dos proteínas. En el caso de la patata, esta proporción controla el número de ramas y de estolones –ramas subterráneas que dan lugar a los tubérculos–. Esto les permite adaptarse mejor al ambiente”, apunta Cubas.

 

Este es un mecanismo que apareció por un pequeño cambio en el ADN de la familia de las Solanáceas hace 19 millones de años, después de que se separaran evolutivamente el género Capsicum (pimiento) y el Solanum, al que pertenecen el tomate, la patata y la berenjena.

 

Este cambio de una sola base en el ADN ha permitido que el género Solanum se adapte mejor y más rápido a los cambios. “Es una ventaja evolutiva que les ha facilitado mayor éxito en ambientes con condiciones fluctuantes”, concluye la autora. (Fuente: CNB-CSIC)

 

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