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Miércoles, 29 julio 2015
Neurología

Mantener el ritmo, importante en la música y también en la actividad de las neuronas

De modo comparable a cómo un grupo de músicos debe mantener el mismo ritmo estricto al tocar para que la pieza musical conserve su coherencia, ante tareas intelectualmente exigentes, grupos de neuronas deben sincronizar sus “disparos” unas con otras, en una fracción de segundo, a fin de cumplir debidamente con su función.

 

En una nueva investigación se ha profundizado en este fenómeno. Un mejor conocimiento del mismo podría abrir un camino hacia tratamientos más específicos para personas con trastornos cerebrales en los que se generan ondas cerebrales más rápidas o más lentas de lo normal, o que presentan otras anomalías en comparación con las ondas normales. Las ondas son el fruto de la actividad conjunta de las neuronas, La correcta generación de dichas ondas, así como de la música, depende de una buena coordinación entre quienes intervienen en el trabajo, las neuronas en el caso de las ondas cerebrales, y los músicos en el caso de la música.

 

Hacer un seguimiento de los ritmos cambiantes de las ondas de un cerebro humano sano mientras realiza tareas cognitivas es una vía idónea para profundizar en el conocimiento de tales trastornos asociados a patrones anómalos de ondas cerebrales, como el Mal de Parkinson, la esquizofrenia e incluso el autismo, que se caracterizan en parte por ritmos cerebrales desacompasados.

 

En general, el cerebro humano tiene algo más de 80.000 millones de neuronas, todas intentando hablar entre sí en esta “sopa” electroquímica increíblemente desordenada y ruidosa. Los resultados de la investigación realizada por el equipo de Bradley Voytek, de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos, ayudan a explicar el mecanismo por el cual las redes cerebrales alcanzan con rapidez una sintonía común, o por el contrario la dispersión en sintonías distintas, según se necesite en cada momento o situación.

 

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Voytek y sus colaboradores midieron la actividad eléctrica en los cerebros de pacientes epilépticos cognitivamente sanos. Encontraron que, a medida que los ejercicios mentales se hacían más exigentes, las ondas theta en la frecuencia de los 4 a 8 hercios o ciclos por segundo se sincronizaban dentro del lóbulo frontal del cerebro, permitiéndole conectarse con otras regiones cerebrales, como la corteza motora.

 

Experimentos anteriores en animales han mostrado cómo controlan la actividad cerebral las ondas del cerebro. Este estudio más reciente se halla entre los primeros que usan la electroencefalografía intracraneal (modalidad para la que se colocan electrodos directamente sobre la superficie expuesta del cerebro) a fin de medir las oscilaciones neurales a medida que las personas realizan tareas cognitivamente exigentes y mostrar cómo estos ritmos controlan la comunicación entre regiones cerebrales.

 

Existen cinco tipos de frecuencias de ondas cerebrales (Gamma, Beta, Alfa, Theta y Delta), y se piensa que cada una desempeña un papel diferente. Por ejemplo, las ondas Theta ayudan a coordinar las neuronas a medida que nos movemos en nuestro entorno, y por tanto son cruciales para el procesamiento de la información espacial.

 

En personas con autismo, se ha visto que la conexión entre las ondas Alfa y la actividad neural se debilita cuando procesan imágenes emocionales. Por su parte, las personas con la enfermedad de Parkinson muestran ondas Beta anormalmente fuertes en la corteza motora. Esto bloquea a las neuronas en un ritmo incorrecto e inhibe movimientos corporales.

 

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