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Miércoles, 19 agosto 2015
Biología

¿Por qué no ha sucumbido la reproducción sexual frente a la asexual en el transcurso de la evolución?

El enigma ha motivado muchos debates en la comunidad científica desde tiempos lejanos: ¿Por qué en el transcurso de la evolución no ha sucumbido la reproducción sexual frente a la asexual, a pesar de la eficiencia intrínseca de esta segunda?

 

La presentación pública, semanas atrás, de los resultados de una investigación al respecto, ha despertado un notable interés, reavivando los debates sobre el tema y estimulando el desarrollo de nuevas ideas y la adopción de nuevos enfoques. Esa investigación, realizada por Juan Carranza, de la Universidad de Córdoba, y Vicente Polo, de la Universidad Rey Juan Carlos en Madrid, ambas instituciones en España, aporta elementos de juicio que pueden resultar decisivos para aclarar definitivamente esta cuestión teórica.

 

El problema de la conservación evolutiva del sexo fue planteado en los años 70 y consiste en que si los organismos sexuales producen machos que no contribuyen a la producción de crías sino que gastan su "presupuesto" en competir entre ellos por conseguir parejas, el linaje sexual tiene una productividad del 50 por ciento en comparación con un linaje asexual en el cual todos los individuos producen descendientes.

 

Aunque la reproducción sexual puede llevar asociados ciertos beneficios (entre ellos, por ejemplo, los relacionados con la variabilidad de la descendencia), los autores de la nueva investigación consideran que no hay ningún estudio que demuestre realmente que el sexo pueda aportar el doble de beneficios por generación en comparación con la reproducción asexual, de modo que se compense el doble coste.

 

Tal como argumenta Carranza, con quien los redactores de NCYT de Amazings en Noticiasdelaciencia.com hemos estado en contacto para la preparación de este artículo, el enfoque del nuevo estudio es distinto a los habituales de esta clase de investigaciones. Se sabe que el doble coste existe cuando los machos no contribuyen a producir crías más allá de su aportación inicial. Lo que Carranza y Polo hacen, mediante un modelo digital, es poner juntos a competir en el espacio virtual del ordenador tanto a individuos con reproducción sexual de la clase "costosa" (en la que los machos no contribuyen a producir crías, son poligínicos y especialistas en competir por las hembras), asexuales, y también sexuales de la clase "no costosa" (en la que los machos aportan parte de su presupuesto a la producción de crías, como sucede por ejemplo en las aves monógamas, un caso bien conocido en el que los machos ayudan a la hembra a alimentar a los polluelos).

 

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Reproducción asexual (izquierda) versus reproducción sexual (derecha), dos formas muy distintas por las que la vida se perpetúa y que presentan distintas ventajas y desventajas. En la nueva investigación se ha profundizado en los motivos por los que la reproducción sexual no ha sucumbido frente a la asexual en el transcurso de la evolución. (Imagen: Amazings / NCYT / JMC)

 

Poniendo a interaccionar a estos tres modos reproductivos ocurre que los de sexo no costoso pueden ser más productivos que los asexuales (con poco beneficio que exista relacionado con la recombinación sexual), luego los de sexo costoso se expanden a costa de los de sexo no costoso porque los machos del primer tipo son especialistas en la competencia por los apareamientos y, por así decirlo, de algún modo "se quedan con todas las hembras". Entonces, al pasar a predominar el tipo de sexo costoso en la población, la productividad general baja y pueden adquirir más preponderancia los asexuales hasta que más tarde, al haberse reducido los machos poligínicos, pueden volver a adquirir mayor predominio los individuos de sexo no costoso, y así sucesivamente.

 

En la nueva investigación, el cambio fundamental con respecto a estudios previos es que hasta ahora nadie había considerado modelar esta interacción triple. La interacción entre asexuales y sujetos de sexo costoso no tenía solución (el sexo se extingue), pero cuando se coloca a las tres clases en un modelo digital e interactúan entre ellas, de un modo más parecido a lo que sucede en la evolución real, se ve que el sexo no se extingue. "Es una de esas cosas que cuando la ves parece obvia pero que a nadie se le ha ocurrido antes durante más de 40 años", comenta Carranza.

 

La investigación de Carranza y Polo se presentó públicamente en la revista académica Open Science, de la Royal Society (la sociedad científica en existencia continua más antigua del mundo, fundada en 1660, y entre cuyos miembros han figurado científicos tan célebres como Isaac Newton, Charles Darwin y Albert Einstein).

 

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