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Viernes, 1 julio 2011
Neurología

Personas invidentes con cierta capacidad de "ver" a través de ecos de sonidos como los murciélagos

Mucha gente ha oído hablar sobre la ecolocalización en los murciélagos. Estas criaturas emiten sonidos y escuchan los ecos que rebotan. Esto les permite detectar los objetos en su entorno. Lo que es menos conocido, sin embargo, es que los seres humanos, con el debido entrenamiento, podemos desarrollar una capacidad de ecolocalización que, aunque dista mucho de la de los murciélagos en cuanto a eficiencia, sí puede permitirnos hacer cosas que de otro modo nos resultarían muy difíciles sin el sentido de la vista.

Algunas personas invidentes han aprendido a hacer chasquidos con la lengua u otros sonidos y a usar los ecos de esos ruidos para percibir su entorno.

Ahora, gracias a un nuevo estudio, hay evidencias de que las personas invidentes expertas en ecolocalización usan lo que normalmente es la parte "visual" de su cerebro, para procesar los chasquidos y los ecos. Este estudio es el primero que investiga las bases neurales de la ecolocación humana natural.

El equipo de Lore Thaler (Universidad de Ontario Occidental, Canadá) y Stephen Arnott (Instituto Rotman de Investigación en Toronto) comenzó por hacer grabaciones de los chasquidos y sus muy débiles ecos usando diminutos micrófonos en los oídos de los ecolocalizadores invidentes mientras estos estaban al aire libre y trataban de identificar diferentes objetos como un automóvil, un asta de bandera, y un árbol.

Después, los investigadores reprodujeron los sonidos grabados a los ecolocalizadores. Mientras estos escuchaban las grabaciones, se les medía su actividad cerebral mediante fMRI.

Sorprendentemente, cuando las grabaciones de ecolocalización se reprodujeron para los expertos invidentes, éstos no sólo reconocieron los objetos basándose en los ecos, sino que también mostraron actividad en áreas del cerebro en las cuales la gente dotada de visión suele procesar la información visual.

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Otro detalle muy interesante fue que las áreas cerebrales que procesan la información auditiva no se activaban más por las grabaciones de audio hechas en exteriores y que contuvieran ecos, que por las grabaciones de audio hechas en exteriores y a las que se les habían eliminado los ecos.

Es importante destacar que cuando se realizó el mismo experimento con personas dotadas de visión y que no tenían práctica en la técnica de la ecolocalización, estos individuos no pudieron percibir los objetos, y su cerebro tampoco mostró actividad alguna relacionada con la ecolocalización.


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