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Lunes, 19 octubre 2015
Astronáutica

‘The Martian’ vista por el astronauta Pedro Duque

En el año 2035 los miembros de la misión Ares III toman muestras en los barrancos y los depósitos de sedimentos de Marte. Una gran tormenta de arena les obliga a abandonar el planeta, pero durante la evacuación queda atrás el astronauta Mark Watney, al que dan por muerto.

 

Así comienza la película The Martian, que ya se ha estrenado en los cines españoles, y que un astronauta real, Pedro Duque, de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha comentado desde Alemania y por videoconferencia a un grupo de periodistas reunidos en el Centro de Astrobiología (INTA-CSIC), en Madrid.

 

“En Marte no existen tormentas de ese tipo, con vientos tan intensos”, comenta Duque, “y tampoco sería posible llevar durante mucho tiempo –al final Watney sobrevive meses en el planeta rojo– los trajes tan finos que aparecen en la película, ya que no resistirían las dosis de radiación, que son cancerígenas”.

 

Pero al margen de estas licencias cinematográficas, el astronauta español considera que la película “está muy bien llevada y se respetan bien los tiempos”, con misiones de varios años de preparación y ejecución. También piensa que es bastante fiel en el día a día de los astronautas, con sus bromas, y los debates que a menudo se establecen con el centro de control y los jefes: “Me han hecho sonreír”.

 

Otro de los aspectos que se tratan en The Martian es el dilema de comunicar las noticias que puedan generar inquietud a la tripulación, en este caso, informar que sigue vivo en Marte el compañero que consideraban muerto. Duque ha recordado que, en alguna ocasión, ha ocurrido algo similar a la hora de notificar a un miembro recién incorporado a la Estación Espacial Internacional que su madre u otro familiar cercano había fallecido.

 

Respecto a los efectos de la ingravidez durante los largos periodos de tiempo en el espacio, el astronauta español ha explicado que es preocupante, porque el cuerpo se acomoda a la falta de gravedad: “Los huesos y los músculos pierden fuerza, e incluso el cerebro y el corazón cambian el ritmo al no tener que bombear la sangre hacia arriba”.

 

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En la película este efecto se atenúa gracias a que la avanzada nave Hermes en la que viajan los protagonistas cuenta con un tambor rotatorio, que genera una gravedad artificial para permitir que los astronautas se muevan con facilidad, a la vez que los protege de los efectos de la ingravidez a largo plazo.

 

“Ya nos gustaría tener ese tipo de naves tan lujosas, con ese pedazo de gimnasio para hacer ejercicio”, dice Duque, “pero supongo que en la realidad tendrán unos espacios más pequeños”.

 

A la pregunta sobre cuándo iremos a Marte, afirma: “Relativamente pronto, aunque esto puede ser un montón de años”, sin llegar a confirmar si podría ser en la década de los 30 como ocurre en la película y ya plantean en la actualidad las grandes agencias espaciales.

 

“Dependerá del entusiasmo que pongan los gobiernos a la hora de apoyar este proyecto, aunque se detecta un impulso renovado”, añade, “y este viaje no necesariamente puede ser fruto de la cooperación (como sucede en The Martian), también mediante una competencia sana entre las grandes agencias o grupos formados entre ellas, como sucedió en el caso de la Luna”.

 

El astronauta español considera muy importante enviar primero vehículos, aparatos y herramientas de control remoto al planeta rojo, “aunque al final tendrán un volumen y complejidad tal, que será más rentable y eficaz mandar seres humanos”.
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En todos los casos el papel de la ciencia resultará esencial, porque es “el único método que nos permite predecir lo que puede pasar en el futuro, conocer las diversas opciones y sacar el máximo partido de todas las cosas, como hace el protagonista de la película”.

 

En cuanto a las razones que mueven a la humanidad para dirigirse al planeta rojo, al margen de la búsqueda de agua e indicios de vida, o incluso de recursos minerales, Duque parece coincidir con lo que dice el director ficticio de la NASA: “Quizá lo que nos impulsa a aventurarnos tan lejos sea el deseo innato del ser humano de explorar, que esconde ese otro deseo de saber quiénes somos y de dónde venimos”. (Fuente: SINC)

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