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Martes, 27 octubre 2015
Psicología

Prevención de trastornos mentales a través de la actividad física

Los adultos residentes en la Comunidad de Madrid (España) que declaran realizar niveles altos o moderados de actividad física total, o durante su tiempo de ocio, presentan niveles de salud mental superiores a aquellos que realizan un nivel bajo de actividad física. Esto es lo que concluye un estudio llevado a cabo por investigadores de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte –INEF de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM)–, en colaboración con investigadores de la Universidad Europea (UEM).

 

El trabajo ha encontrado además que el nivel de actividad física realizada en el tiempo libre se relaciona de forma inversa con la vulnerabilidad a los trastornos mentales. Estos resultados podrían ser relevantes de cara al desarrollo de políticas y estrategias encaminadas a la mejora de la salud de la población con el consiguiente uso más eficaz de los recursos sanitarios.

 

El deterioro de la salud mental es percibido con creciente preocupación especialmente en las sociedades con mayores índices de desarrollo económico. Estrategias que puedan disminuir la incidencia de este tipo de patologías son cada vez más necesarias. En este contexto, el equipo de investigadores de la UPM y la UEM ha llevado a cabo un análisis que revela la existencia de relaciones entre la actividad física y la salud mental en la población de Madrid.

 

En una muestra de residentes, de entre 15 y 74 años, se encontró que el 15% padecía algún tipo de trastorno mental y que el 19,8% eran insuficientemente activos según las recomendaciones actuales. El objetivo consistió en analizar, además, la posible asociación entre la actividad física y los niveles de salud mental, valorando si dicha asociación se modificaba en función del nivel de actividad física (bajo, medio y alto) y el ámbito en el que se realizaba (ocupación, desplazamiento o el tiempo libre).

 

Finalmente, también se evaluó si la actividad física se encontraba relacionada con la vulnerabilidad a los trastornos mentales. La metodología utilizada resulta más completa que la usada en otros estudios previos. En concreto, para cuantificar la actividad física se utilizó el Global Physical Activity Questionnaire (versión 2), que proporciona información sobre la intensidad, la frecuencia y duración de las actividades físicas desarrolladas en diferentes dominios (trabajo, desplazamientos y tiempo libre).

 

Y para medir el estado de salud mental se utilizó el General HealthQuestionnaire, un instrumento autoadministrado de cribado que detectar morbilidad psicológica y posibles casos de trastornos psiquiátricos en contextos como la atención primaria o en población general.

 

Los resultados obtenidos muestran que los niveles de salud mental de la población madrileña varían según sus niveles de actividad física en el tiempo libre y de actividad física total (suma de la actividad física realizada en el trabajo u ocupación habitual, en los desplazamientos activos y en el tiempo libre). Así, entre las personas que señalaron realizar niveles altos o moderados de actividad física total, se encontraron mejores niveles de salud mental.

 

Considerando solo la actividad física efectuada en el tiempo libre, el riesgo de padecer patologías de salud mental en los individuos “suficientemente activos” (es decir, en aquellos que realizaban niveles altos o moderados de actividad física) se reducía hasta un 56% o un 54% con respecto a los individuos “insuficientemente activos”, según fuese el nivel de actividad física moderado o alto respectivamente.

 

Pese a que estas relaciones entre actividad física y salud mental también han sido halladas en otras investigaciones previas, aún existen muchas lagunas en el conocimiento de los mecanismos que las regulan, por lo que resulta necesario desarrollar más investigaciones al respecto.

 

En la actualidad, los problemas de salud mental vinculados a trastornos considerados menores constituyen un importante problema de salud comunitaria, consumen una buena cantidad de recursos sanitarios, tanto en visitas como en fármacos, y son una de las principales causas de medicalización de la vida cotidiana.

 

Por ello, abordar preventivamente este tipo de problemas a través de la actividad física podría ser de utilidad para lograr un uso más eficaz de los recursos sanitarios. Este aspecto debería ser tenido en cuenta de cara al desarrollo de políticas y estrategias encaminadas a la mejora de la salud de la población. (Fuente: Universidad Politécnica de Madrid)

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