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Martes, 26 enero 2016
Arqueología

Valencia realizó un cambio urbano radical tras el incendio de 1447

Carmel Ferragud y Juan Vicente García Marsilla, profesores de historia de la Universidad de Valencia, en España, han llevado a cabo un estudio que indaga en las consecuencias económicas y urbanísticas del incendio del año 1447 en Valencia.

 

El fuego, en una de las partes más activas económicamente de la ciudad y de calles muy estrechadas, próxima a la muralla islámica, llegó a ser de grandes dimensiones, como relatan los notarios de la época Berenguer Cardona y Jaume Vinader. La catástrofe provocó la destrucción de 46 viviendas, todos los puestos de venta del mercado y la muerte de 10 personas, además de varios heridos. Melcior Miralles, cura del rey Alfonso el Magnánimo y autor de la más célebre obra cronística del siglo XV valenciano, hace referencia a este incendio y la relación con el crimen, como también Jaume Roig en su obra l’Espill.

 

El fuego comenzó hacia las nueve de la noche del 16 de marzo en una carpintería próxima al Mercado de la ciudad y se prolongó durante siete horas. Otras fuentes afirman que se produjo en el patíbulo donde se había ejecutado a los acusados del crimen de Paiporta.

 

Según los informes de la época, el crimen fue perpetrado por la familia de un ex alto cargo del Ayuntamiento de Valencia, Genís Ferrer, el cual había sido jurado (un símil con lo que hoy sería concejal) el año anterior. El fuego habría sido provocado por los partidarios de Ferrer, que quemaron el patíbulo, ante el espectáculo provocado en la ciudad por el ajusticiamiento. De hecho, durante las horas del incendio, las parroquias de Valencia sacaron a los santos en procesión, para aplacar la ira divina. A lo largo de muchos años, el incendio de Valencia y el crimen estuvieron unidos en la memoria colectiva.

 

El trabajo que narra estos hechos se ha publicado en la revista Urban History (de la Universidad de Cambridge) y establece un paralelismo con otros incendios que ocurrieron en ciudades europeas, con posteriores reformas urbanísticas de gran envergadura (Madrid, León y Londres, entre otras). La investigación también destaca a Petro Vetxo, un relojero de origen italiano que es quien supervisó la rehabilitación del área después del fuego y se convirtió en uno de los artífices de la reforma urbana.

 

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El área del incendio, sobre el mapa elaborado por el Padre Tosca (año 1709). El círculo marca la zona afectada, el triángulo presupone el lugar donde comenzó el fuego y el rectángulo, la ubicación donde se exhibieron los cuerpos  de los asesinos de Paiporta. (Foto: UV)

 

“Este acontecimiento, impactante para los ciudadanos de la época, tuvo unas consecuencias económicas y urbanísticas relevantes, pero a pesar de todo ha pasado desapercibido para la historiografía, puesto que a menudo los momentos de esplendor nos pueden hacer olvidar las crisis, las catástrofes y cómo nuestros antepasados les hicieron frente”, destacan los expertos.

 

Los investigadores de la Universidad apuntan que analizando el plano de Valencia del padre Tosca del año 1709, dos siglos y medio después del siniestro, se puede observar un trazado mucho más regular en la parte de la trama urbana de la ciudad correspondiente a la reforma urbanística promovida por el consejo municipal de Valencia a raíz del incendio.

 

Con la reconstrucción de la parte afectada por el fuego, se puede conocer la aportación de personajes como Petro Vetxo, un ingeniero traído a la Península por el rey Alfonso el Magnánimo con el fin de construir un reloj para el Palacio Real de Valencia. Posteriormente continuó trabajando para la Corona en la construcción de armas, y en otros momentos, tanto en Russafa como en Montcada, haciendo acequias o, en 1447, manteniendo el nuevo reloj situado en el Micalet, la torre de la Catedral de Valencia.

 

“Individuos como Vetxo hay más de los que pensamos, y están todavía esperando que hoy la investigación los saque del anonimato”, destacan los expertos. La investigación pone de manifiesto “el esfuerzo económico del consejo municipal para indemnizar a los afectados en el siniestro (algunos lo perdieron todo) y para restablecer el entorno del mercado, aprovechando también antiguas reivindicaciones vecinales”.

 

Ferragud y García Marsilla han utilizado como fuentes para este trabajo materiales del Archivo Municipal de Valencia (manuals de consells i Sotsobreria de Murs i Valls); del Archivo del Reino de Valencia (Justicia civil); y del Archivo del Real Colegio del Patriarca o del Corpus Christi (protocolos notariales).

 

En las ciudades medievales los riesgos de sufrir pavorosos incendios eran muy elevados, como también las dificultades para sofocarlos, a pesar de disponer de servicios de extinción y estrategias para hacerles frente. Lámparas de aceite nocturnas en viviendas construidas con gran cantidad de madera y casas tocándose entre sí, eran factores de riesgo, además de la existencia de calles estrechas que dificultaban el acceso. Entre las estrategias contra el fuego también “formaba parte la plegaria y las procesiones para apaciguar la ira divina”, destacan los dos investigadores de la Universitat.

 

La ciudad de Valencia a finales del siglo XV tenía unos 40.000 habitantes intramuros, y quizás unos 20.000 en el diseminado que la rodeaba, destaca trabajo,  y era la ciudad más poblada de la Península Ibérica. Los siglos anteriores se había producido incendios en la ciudad como los de los años 1405, 1415 y 1423 y también eran especialmente significativos los que se produjeron en la Catedral el año 1469. (Fuente: UV)

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