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Martes, 16 febrero 2016
Neurología

Localizan el punto del cerebro donde se forjan en buena parte los sentimientos de soledad

Los humanos, como todos los animales sociales, tenemos una necesidad fundamental de contacto con otros. Este instinto profundamente arraigado nos ayuda a sobrevivir; es mucho más fácil encontrar comida, refugio y otras necesidades estando dentro de un grupo que en solitario. Privadas por tiempo prolongado del contacto humano, la mayoría de las personas se sienten solas y emocionalmente afligidas.

 

El equipo de las científicas Kay Tye y Gillian Matthews, del Instituto Picower para el Aprendizaje y la Memoria, adscrito al MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) en Cambridge, Estados Unidos, ha identificado un conjunto de células cerebrales que constituye el principal soporte físico donde se generan los sentimientos de soledad. Este conjunto de células, situado cerca de la parte trasera del cerebro, en un área llamada núcleo dorsal del rafe (DRN, por sus siglas en inglés), es necesario para generar la mayor sociabilidad que normalmente acaece después de un periodo de aislamiento social, a juzgar por los resultados de la investigación con ratones.

 

Hasta donde sabe el equipo de investigación, es la primera vez que alguien ha asociado un estado descriptible como sensación de soledad a un sustrato celular. "Ahora tenemos un punto de partida para empezar realmente a estudiarlo”, dice Tye.

 

Si bien se ha investigado mucho acerca de cómo el cerebro busca interacciones sociales provechosas y responde ante ellas, se sabe muy poco sobre cómo la soledad y el aislamiento motivan también el comportamiento social.

 

La investigación indica que las neuronas del núcleo dorsal del rafe reaccionan ante el estado de aislamiento. Cuando en los experimentos unos animales eran alojados juntos, sus neuronas del núcleo dorsal del rafe no estaban muy activas. Sin embargo, durante un periodo de aislamiento lo bastante largo, estas neuronas se volvían más sensibles al contacto social y cuando a los ratones que habían estado aislados se les reunía con otros, se iniciaba una clara actividad en el núcleo dorsal del rafe. Al mismo tiempo, esos ratones se mostraron mucho más sociables que aquellos a los que no se había aislado en ningún momento.

 

[Img #33946]

 

Cuando el equipo de investigación bloqueó las neuronas del núcleo dorsal del rafe usando optogenética, una técnica que permite controlar con luz la actividad del cerebro, encontraron que los ratones aislados no mostraban el mismo rebrote intensificado en sociabilidad cuando se les reintroducía en grupos con otros ratones.

 

Eso sugiere que estas neuronas son importantes para el rebrote incrementado de sociabilidad provocado por el aislamiento.

 

Los investigadores encontraron asimismo que los animales con un rango más alto en la jerarquía social eran más receptivos a cambios en la actividad del núcleo dorsal del rafe, lo que sugiere que podrían ser más susceptibles a los sentimientos de soledad, y al reencuentro con otros individuos después del aislamiento.

 

Tal como reflexiona Tye, la experiencia social de cada animal en un grupo no es idéntica. Es fácil suponer que al ratón dominante le puede gustar su entorno social, mientras que el ratón subordinado, acosado a diario por al menos un miembro de su especie, puede ser más proclive a preferir estar solo que mal acompañado, por así decirlo.

 

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