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Jueves, 18 febrero 2016
Geología

El dióxido de carbono almacenado artificialmente puede escapar a la atmósfera de múltiples modos

Cuando se almacena dióxido de carbono (CO2) bajo tierra en un proceso conocido como secuestro de dióxido de carbono (o captura geológica), este puede encontrar múltiples rutas de escape debido a las reacciones químicas entre él, el agua, las rocas y el cemento de los pozos abandonados, según los resultados de un nuevo estudio.

 

El equipo de Li Li y Zuleima Karpyn, de la Universidad Estatal de Pensilvania en Estados Unidos, investigó las propiedades de las rocas porosas por las que es inyectado el dióxido de carbono. Estas rocas, conocidas como rocas anfitrionas, funcionan como muros de contenedores para el dióxido de carbono.

 

El equipo examinó dos clases de roca anfitriona abundantes, la piedra caliza y la piedra arenisca, que poseen propiedades químicas diferentes. Seleccionó rocas de estos tipos porque se encuentran bajo tierra en todas partes, y porque ha habido dudas sobre si el dióxido de carbono puede escapar una vez es inyectado bajo tierra. Incluso si no llega a escapar hacia la superficie terrestre, hay cierta preocupación de que pueda filtrarse hacia los acuíferos de agua potable subterráneos.

 

Además de entrar en contacto con las rocas anfitrionas, el dióxido de carbono almacenado bajo tierra puede también entrar en contacto con masas de agua salada y disolverse en ella. Cuando pasa esto, el CO2 incrementa la acidez de esta última. La mezcla de agua salada y dióxido de carbono, de elevada acidez, puede disolver ciertos tipos de rocas, como la piedra caliza, así como las cubiertas de cemento en pozos abandonados de gas y petróleo.

 

[Img #33996]

 

Si este penacho de solución salina saturada con dióxido de carbono alcanza un pozo abandonado, reaccionará con el cemento. Esto podría abrir grietas en el cemento dependiendo de las condiciones, que incrementarían la probabilidad de fugas masivas de CO2.

 

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