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Martes, 8 marzo 2016
Astronomía

Una estrella moribunda permite vislumbrar el futuro del Sol

Este es el canto del cisne que emite una estrella antes de apagarse para siempre en la inmensidad cósmica. En el centro de este colorido remolino de gas se esconde una estrella moribunda con una masa equivalente a la de nuestro Sol.

 

A medida que las estrellas envejecen, las reacciones nucleares que las hacen brillar empiezan a flaquear por la escasez de combustible. Estas reacciones erráticas hacen que las estrellas pulsen de forma irregular, expulsando sus capas externas al espacio.

 

Cuando una estrella se desprende de su revestimiento, deja al descubierto un núcleo súper caliente que emite enormes cantidades de luz ultravioleta. Esta radiación hace que los restos de su antigua envoltura brillen con intensidad, creando la hermosa estructura que podemos ver en esta imagen.

 

Esta nebulosa se conoce como Kohoutek 4-55 en honor al astrónomo checo que la descubrió: Luboš Kohoutec. Se encuentra a 4.600 años luz de la Tierra, en la dirección de la constelación de Cygnus.

 

Esta imagen fue la última ‘foto bonita’ tomada por la Cámara Planetaria y de Gran Angular 2 (WFPC2) del Telescopio Espacial Hubble. Este instrumento fue instalado en 1993 y funcionó hasta el 2009, dejando un legado de 16 años de imágenes impactantes.

 

Gran parte de las imágenes más icónicas del Hubble fueron tomadas con WFPC2, haciendo que esta misión ganase popularidad por todo el mundo.

 

[Img #34435]

 

Esta imagen en particular es una composición de tres observaciones, cada una de ellas a una longitud de onda específica para revelar las emisiones de un tipo particular de átomos. Las distintas longitudes de onda han sido codificadas por colores para facilitar su interpretación.

 

El rojo se corresponde con las emisiones del nitrógeno, el verde con las del hidrógeno y el azul con las del oxígeno. La secuencia completa se tomó el 4 de mayo de 2009 a lo largo de 2 horas.

 

Estos complejos remolinos de gas nos permiten vislumbrar cómo será la muerte de nuestro Sol. Dentro de unos 5.000 millones de años le llegará su hora a nuestra estrella. Se espera que se comporte de una forma muy similar a la de este ejemplo, expulsando sus capas externas para dejar al descubierto su ardiente núcleo, que se irá enfriando poco a poco hasta convertirse en una enana blanca.

 

La Tierra desaparecerá mucho antes de que eso ocurra, abrasada por el Sol en su agonía. No obstante, el canto del cisne de nuestro Sol brillará por todo el Universo. (Fuente: ESA)

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