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Lunes, 8 agosto 2011
Ingeniería

Piel artificial con capacidades táctiles, para robots

Nuestra piel es un portento de comunicación sensorial: Los nervios transmiten al cerebro la temperatura, la presión, las vibraciones y las fuerzas, permitiéndonos captar vívidamente desde una agradable brisa marina acariciando nuestra piel, hasta el dolor de una quemadura.

Un equipo de científicos de la Universidad Técnica de Múnich está desarrollando una piel artificial para robots, con una utilidad parecida a la descrita: Le brindará al robot una importante información táctil, y así complementará su percepción derivada del uso de cámaras ópticas, escáneres infrarrojos y los sensores básicos del mecanismo de agarre de las manos o pinzas del robot.

Al igual que sucede con la piel humana, el contacto con la piel artificial podría, por ejemplo, hacer que el robot apartase su mano si ésta ha alcanzado algo que pueda no ser conveniente tocar, o que dirija su mirada hacia el lugar del contacto táctil para ver qué es lo que le ha tocado.

Tal comportamiento es especialmente importante para los ayudantes robóticos de personas que se desplazan a menudo por entornos cambiantes, algo que para un robot es muy distinto a desempeñar esa tarea dentro de una vivienda estándar ya conocida por él.

El componente decisivo de esta nueva piel para robots es una placa hexagonal de circuitos de 5 centímetros cuadrados. Cada una de estas diminutas placas contiene cuatro sensores infrarrojos que detectan cualquier cosa a menos de 1 centímetro. También hay seis sensores de temperatura y un acelerómetro. Esto permite al robot registrar con precisión el movimiento de cada una de las extremidades, por ejemplo de sus brazos, y así tener un conocimiento claro y directo de qué parte del cuerpo se acaba de mover.

Las placas se colocan formando una estructura plana, con una configuración que recuerda a la de un panal.

[Img #3747]
Para que funcione la capacidad de detección del robot, el ordenador central de éste debe procesar las señales de los sensores. Éstas le llegan de un modo que permite que cada módulo sensorial transmita su propia información. Es un proceso automático que asegura que las señales puedan tomar vías alternativas si una conexión falla.


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