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Miércoles, 25 mayo 2016
Ecología

Las ovejas producen menos daños en la dehesa mediterránea que las vacas

Las dehesas se distribuyen principalmente por el suroeste de la península ibérica y representan el 20% de la superficie forestal española, es decir unos 3,5 millones de hectáreas. Son sistemas reconocidos a escala internacional por su importancia ecológica, socioeconómica y cultural, manteniendo niveles altos de diversidad biológica en comparación con los bosques originales de los que proceden.

 

La Directiva Hábitats de la Unión Europea lo considera un hábitat considerado de interés comunitario. Además, en Europa, representa un excelente ejemplo de sistemas de alto valor natural gracias a su manejo sostenible (extensivo) que incrementa la diversidad biológica, a la vez que proporciona distintos recursos naturales y servicios ecosistémicos adicionales (corcho, forraje para el ganado, estabilización y protección del suelo, mitigación del microclima, secuestro de carbono, recreo, caza, valores estéticos del paisaje).

 

Las dehesas ibéricas requieren de pastoreo para su conservación. El ganado o los grandes herbívoros silvestres (por ejemplo, los ciervos) son los encargados de mantener y perpetuar la diversidad de especies herbáceas a través del pastoreo. La intensidad, el tipo y la continuidad del pastoreo determinará la estructura y composición de las dehesas así como las posibilidades de regeneración del arbolado (encinas y alcornoques).

 

Un grupo de investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), en España, y la Universidad de Stanford (California, EE UU) ha estudiado las posibilidades de regeneración de este ecosistema bajo tres modelos representativos de gestión en régimen extensivo: con ganado ovino (ovejas), con ganado bovino (vacas) y con ungulados silvestres (fundamentalmente ciervos).

 

El trabajo, publicado en la revista Forest Ecology and Management, evaluó específicamente la capacidad de regeneración de las encinas situadas en dehesas del centro peninsular. Para ello, se analizó el efecto de los tres modelos de gestión (ovino, bovino y ciervos) en fincas donde se practicaba el mismo tipo de manejo durante los últimos 30 años.

 

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Los resultados muestran densidades de regenerado (plántulas y pequeños arbolillos) muy bajas, con menos de 1,25 plántulas por cada 100 metros cuadrados, en las dehesas pastoreadas por ganado bovino. Por su parte, las pastoreadas por ganado ovino tenían tres veces más regeneración, mientras que las que eran transitadas por ungulados silvestres (ciervos en densidades bajas) contaban con hasta cinco veces más plántulas que las primeras.

 

Además, los investigadores descubrieron que la probabilidad de ocurrencia de daños producidos por el ganado bovino es mayor que los generados por el ganado ovino o por los ungulados silvestres. Asimismo, los daños producidos por el ganado bovino fueron más intensos, con un daño promedio por planta (consumo) de más del 70%.

 

Con independencia del tipo de ganado que transite por las dehesas, la existencia de especies de matorral sirvió como protección para las plántulas más pequeñas. “Las conclusiones del trabajo permiten proponer una serie de recomendaciones para la conservación de estos sistemas agroforestales que, desgraciadamente, en muchos casos no se están aplicando”, explica el investigador de la UPM Ramón Perea.

 

Este  investigador, que en la actualidad realiza una estancia Marie Curie en la Universidad de Stanford, añade que “en muchas fincas sería aconsejable reducir la carga ganadera (densidad de animales), particularmente del ganado bovino, y fomentar en la medida de los posible el uso de la ganadería ovina para permitir un mejor y más rápido desarrollo de las pequeñas plántulas de encina y alcornoque”.

 

Los expertos abogan también por promover formas de ganadería más tradicionales y menos competitivas, como establecer rotaciones en el movimiento del ganado dentro de la finca, reduciendo la presencia permanente del ganado. También sugieren la utilización de protectores individuales para reducir los daños sobre los futuros individuos que sustituirán a los grandes árboles que año tras año mueren por diferentes circunstancias (enfermedades, sequía, incendios, sobrepastoreo, etc.).

 

“Un aspecto importante sería optar por el manejo de múltiples especies ganaderas”, asegura Aida López-Sánchez, otra de las investigadoras de la UPM que participa en el trabajo, que forma parte de su tesis doctoral presentada hace unos meses.

 

Para la científica, “sería muy beneficioso, ya que se aprovecharían muy bien los recursos del pasto a la vez que se conserva el arbolado". Densidades más bajas y sostenibles de ganado o ciervos, o incluso la exclusión temporal en algunas parcelas, permitirían el desarrollo de las escasas plántulas hasta alcanzar una altura suficiente que les permita escapar del consumo (herbívora) por vacas, ovejas y ciervos.

 

Por último, los investigadores subrayan la importancia de enfocar de un modo diferente las ayudas a los ganaderos si se quieren conseguir resultados. “Sin incentivos económicos estas medidas no son atractivas para los propietarios. Las administraciones deben potenciar y fomentar económicamente estas formas de gestión si queremos garantizar la persistencia futura de estos emblemáticos sistemas de alto valor natural”, afirma la investigadora.

 

El trabajo no solo subraya los efectos y consecuencias que puede tener un manejo ganadero inadecuado y prolongado sobre la vegetación, y en particular sobre la regeneración arbórea, sino que también deja un espacio para la esperanza: “Nuestro estudio demuestra que si se aplican adecuadas medidas de gestión se puede preservar el sistema y conseguir que la regeneración arbórea prospere”, asegura López-Sánchez. (Fuente: UPM)

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