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Martes, 7 junio 2016
Psicología

La psicología de la confianza y la desconfianza hacia los robots

Si hemos de hacer caso a la industria del cine y la televisión, existen dos clases de robots, los buenos, como Data, de Star Trek, o R2D2, de La Guerra de las Galaxias, y los malos, como cada Terminator asesino de la saga del mismo nombre. Los primeros pueden ayudarnos y los segundos pueden matarnos.

 

Elaborar criterios científicos basándonos en lo que nos muestran las películas o las series de ciencia-ficción es poco aconsejable, pero al menos muchas de ellas sí plantean un dilema muy cierto: ¿Desconfiamos demasiado de los robots o por el contrario nos fiamos demasiado de sus buenas intenciones?

 

La respuesta a esta pregunta es tan compleja y tiene tantas facetas como los propios robots, según los experimentos realizados por la científica Serena Booth, de la Universidad Harvard en Estados Unidos.

 

Ella examinó el concepto de confiar en demasía en sistemas robóticos llevando a cabo un estudio de la interacción entre humanos y robots en el campus de la Universidad Harvard.

 

Durante este estudio, de un mes de duración, Booth colocó un robot con ruedas en el exterior de varias residencias de estudiantes de Harvard. Mientras ella controlaba a la máquina de forma remota y observaba a través de una cámara sus interacciones, el robot abordaba a estudiantes solos o a grupos de ellos y les pedía que le dejaran entrar en los edificios de dormitorios protegidos con tarjetas de acceso.

 

Cuando el robot abordaba a personas solas, lo ayudaban a entrar en el edificio en el 19 por ciento de las ocasiones. Cuando Booth lo colocó dentro del edificio y el robot abordaba a las personas pidiendo que lo dejaran salir, aceptaban su solicitud el 40 por ciento de las veces. Sus resultados indican que las personas, al interactuar con robots, podrían sentirse seguras ante la fuerza del número, dado que la máquina consiguió acceder al edificio el 71 por ciento de las ocasiones cuando abordaba a grupos.

 

Las interacciones entre humanos y robots adoptaron un carácter decididamente amistoso cuando Booth disfrazó al robot como un agente de reparto de galletas de una nueva empresa (ficticia) llamada “RobotGrub”. Cuando eran abordadas por este robot, las personas solas lo dejaban entrar en el edificio el 76 por ciento de las veces.

 

[Img #36447]

 

Tanto si les gustaba el robot, que les llegaba hasta la rodilla, como si le tenían miedo, las personas mostraron una amplia gama de reacciones durante las 72 pruebas que llevó a cabo Booth. Una de las personas, asustada cuando el robot habló, salió corriendo y llamó a seguridad, mientras que otra dio un amplio rodeo para evitarlo, ignorando su petición, y entró en el edificio a través de una puerta distinta.

 

Si bien el robot de Booth era inofensivo, a ella le ha preocupado bastante el hecho de que solo una persona planteara formalmente la cuestión de si la máquina estaba autorizada a entrar en los dormitorios. Si el robot hubiera sido peligroso (llevando por ejemplo una bomba en su interior), los efectos de ayudarlo a entrar en el edificio podrían haber sido desastrosos, tal como enfatiza Booth.

 

Booth es una entusiasta de los robots, y se siente ilusionada ante cada nueva aplicación de la robótica que permita mejorar la vida de las personas, pero nos lanza una seria advertencia: La gente debe tener más cuidado ante robots de procedencia poco clara y debe evitar tener una fe ciega en que las motivaciones de un robot desconocido siempre son buenas o que nunca puede cometer errores que resulten peligrosos para la gente de su entorno.

 

Información adicional

 

 

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