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Martes, 23 agosto 2011
Heliofísica

Aclarando el enigma del último periodo de baja actividad solar

Los astrónomos saben desde hace décadas que la actividad solar aumenta y disminuye en un ciclo que dura 11 años en promedio. En la fase más activa, llamada máximo solar, las manchas solares o puntos oscuros en la superficie del Sol, y las frecuentes erupciones, conllevan el envío de miles de millones de toneladas de plasma caliente al espacio. Si el plasma golpea a la Tierra, los efectos que eso provoca pueden incluir interferencias en las comunicaciones, cortes de suministro en las redes eléctricas y hasta daños en los satélites artificiales.

Durante el mínimo solar, el Sol se calma, y tanto las manchas solares como las erupciones, se vuelven poco frecuentes. Eso también afecta a la Tierra, aunque de un modo distinto. Por ejemplo, la capa más exterior de la atmósfera terrestre se reduce y se acerca un poco a la superficie, lo que significa que hay menos rozamiento de la basura espacial que está en órbita, y que por consiguiente dicha basura entorpecerá el tráfico espacial durante un tiempo extra.

Además, el debilitamiento del viento solar que sopla a través del sistema solar conlleva un debilitamiento de las barreras magnéticas protectoras, con el resultado de que más rayos cósmicos nos alcanzan desde el espacio interestelar.

El mínimo solar más reciente tuvo un número inusualmente largo de días sin manchas: 780 días durante el período 2008-2010. En un mínimo solar típico, el Sol está libre de manchas unos 300 días.

El último mínimo solar tuvo pues dos características fundamentales: un largo periodo sin manchas solares y también un débil campo magnético polar. Ese campo magnético es el que está presente en los polos norte y sur del Sol.

Las observaciones han demostrado, sin embargo, que los efectos magnéticos sobre la Tierra debidos al Sol, que causan la aparición de las auroras, no estuvieron en sincronía con el ciclo de bajo magnetismo del Sol.

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Ahora, un nuevo estudio, llevado a cabo por el equipo de Bruce Tsurutani en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, en Pasadena, California, ha encontrado una explicación para ese enigma.

Los resultados revelan que esos efectos sobre la Tierra alcanzaron un mínimo notable, pero unos ocho meses más tarde.

Los científicos creen que factores relacionados con la velocidad del viento solar, la fuerza de los campos magnéticos asociados y la dirección de estos, ayudaron a producir este descenso anómalo.


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