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Lunes, 29 agosto 2016
Zoología

Un orangután demuestra poseer una habilidad intelectual que se creía exclusiva de humanos

La capacidad de predecir con acierto el sabor de una mezcla de ingredientes sin haberla probado antes, y hacer suposiciones parecidas en situaciones comparables, no es exclusivamente humana, a juzgar por los resultados de una investigación.

 

Sin haber saboreado antes una nueva mezcla de zumos específica, un orangután en un zoo sueco tiene la suficiente inteligencia deductiva para saber si tendrá buen sabor o no, juzgando a partir de sus conocimientos y de combinarlos adecuadamente. Hasta ahora se creía que solo los humanos tenemos esta capacidad de predicción, en la que se emplean experiencias previas para imaginar otra distinta, en situaciones del todo nuevas.

 

En general, tomar decisiones es mucho más fácil cuando podemos guiarnos por experiencias previas iguales a aquella a la que ahora nos enfrentamos, pero esto no siempre es posible en nuevas situaciones. En tales casos, una predicción eficaz es de suma importante. Permite a las personas saber, por ejemplo, si una situación será placentera o no, recombinando mentalmente elementos de experiencias anteriores en escenarios posibles, y permitiéndolas preexperimentar lo que podrían sentir. Esta capacidad de predicción nos ahorra el coste y el riesgo de tener que comportarnos de una forma concreta para descubrir con la experiencia directa el resultado de una acción ante una situación nueva.

 

Hasta ahora se asumía que esta capacidad se había desarrollado solo en humanos. Por ejemplo, dada una experiencia previa con los ingredientes, pero en ausencia de experiencia directa con una mezcla en particular, se creía que solo los humanos podríamos predecir que la limonada sabe mejor con azúcar que sin él. Y, a la inversa, se creía que todos los demás animales estaban limitados a sus experiencias anteriores. Como mucho, deberían ser capaces de predecir que el zumo que saborearon antes tendrá de nuevo el mismo sabor. Pero serían incapaces de darse cuenta de que una nueva mezcla de zumos conocidos tendrá unas nuevas cualidades gustativas que dependen de las de los ingredientes. Enfrentados con esas nuevas situaciones, los animales deberían carecer de pistas y actuar por el método de la prueba y el error.

 

[Img #38164]

 

Para examinar si esa capacidad de predicción está en efecto limitada a los humanos, el equipo de Gabriela-Alina Sauciuc, de la Universidad de Lund en Suecia, desarrolló una prueba no verbal para evaluar cómo responde un animal ante nuevos sabores. Un macho de orangután (Pongo abelii) de Sumatra, de 21 años de edad y llamado Naong, viviendo en el zoo de Furuvik en Suecia, fue uno de los sujetos de estudio en la investigación, como lo fueron diez personas con edades comprendidas entre los 20 y los 35 años. Las pruebas precisaron, entre otras cosas, que todos los participantes elaborasen mentalmente nuevas mezclas de zumos a partir de ingredientes que ya conocían, y que predijeran si los productos finales serían agradables o no. En el proceso combinaron cuatro ingredientes conocidos (cereza, limón, ruibarbo y vinagre) en seis mezclas bebibles que jamás habían probado.

 

Se constató que tanto los sujetos humanos como el orangután hicieron de forma reiterada elecciones que reflejaban sus preferencias particulares de sabor para los diversos ingredientes. Podían integrar mentalmente recuerdos relevantes para generar nuevas mezclas líquidas, y predecir si el producto final sería sabroso o no. La actuación del orangután en este aspecto estuvo a la altura de las mostradas por los humanos. El animal efectuó elecciones consistentes cuando se encontró con situaciones jamás experimentadas, y no respondió aleatoriamente mediante el proceso de prueba y error.

 

Los resultados de este estudio se han publicado en la revista académica Animal Cognition, editada por Springer.

 

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