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Viernes, 2 septiembre 2011
Climatología

Los incendios en zonas de tundra podrían acelerar el calentamiento global

Después de una prolongada ausencia que duró unos 10.000 años, los incendios forestales han regresado a la tundra ártica, una mala señal sobre cómo está cambiando el clima. Y ahora, un nuevo estudio muestra que los efectos de esa clase de incendios podrían extenderse mucho más allá de las áreas afectadas directamente por ellos.

El equipo de los ecólogos Michelle Mack y Ted Schuur, de la Universidad de Florida, han cuantificado la cantidad de carbono emitido a la atmósfera desde los suelos en el incendio del 2007 en la zona del río Anaktuvuk, Alaska. Los 2,1 millones de toneladas de carbono que se liberaron a la atmósfera, cerca del doble de la cantidad total de gases de efecto invernadero que emite la ciudad de Miami en un año, representan una cantidad lo bastante grande como para influir sobre el clima global.

"El incendio del 2007 fue como el canario en la mina de carbón", advierte Mack. "En ese vasto páramo, a cientos de millas de la ciudad o fuente de polución más cercanas, estamos viendo los efectos del calentamiento atmosférico. Es un aviso de que el ciclo ártico del carbono podría cambiar rápidamente, y necesitamos saber cuáles serían las consecuencias".

El humo del incendio bombeó gases de efecto invernadero hacia la atmósfera, pero ésta es sólo una pequeña parte del impacto medioambiental potencial de un fuego descontrolado en la tundra. El incendio también consumió el 30 por ciento de la capa aislante de materia orgánica que protege el permafrost ubicado bajo el suelo de la tundra, cubierto de matas y musgo.

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En un bosque de pinos, aquel incendio habría quemado la hojarasca, pero no el terreno bajo ésta. Sin embargo, como la tundra ártica tiene un suelo rico en turba, el propio terreno es un material combustible, y cuando el fuego cesa, una parte del suelo ya se ha perdido. Por si fuera poco, el vulnerable permafrost no sólo queda más expuesto, sino que también pasa a estar cubierto por una capa de material ennegrecido que absorbe más calor solar y puede a su vez acelerar el deshielo del permafrost.

Cuando el permafrost de un lugar se calienta lo suficiente, los microbios están en condiciones de empezar a descomponer esa materia orgánica que había estado aislada en el hielo. La descomposición acarrea la liberación a la atmósfera de carbono que ha estado atrapado en el permafrost durante cientos o miles de años, lo que afecta aún más a la atmósfera. Si ese gran almacén de carbono que es la tundra se vacía lo suficiente, la cantidad de dióxido de carbono presente en la atmósfera aumentará drásticamente.

El nuevo estudio demuestra que los incendios aislados pueden tener un impacto bastante global.


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