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Martes, 3 enero 2017
Neurología

El anhelo dictado por una adicción deja huellas químicas tras la muerte

Una proteína conocida como FosB en el centro de recompensa del cerebro está alterada en personas afectadas de forma crónica por un trastorno adictivo (por ejemplo, la adición a la heroína). Esta alteración consiste en que la proteína está genéticamente modificada, escindida o acortada. Esta modificación, bajo el estímulo de la droga hace que la proteína sea más estable y que por tanto permanezca más tiempo en esta parte del cerebro que en su forma original, incluso varias semanas después de dejar de consumir la droga. Esto provoca que persista el anhelo por este estímulo. Este deseo adictivo queda almacenado en una especie de “memoria" y, sorprendentemente, puede ser aún detectado tras la muerte. Esto ha sido ahora demostrado por científicos del Departamento de Medicina Forense de la Universidad de Medicina de Viena en Austria.

 

FosB es un factor de transcripción en el cerebro que, junto con otras moléculas, está implicado en la transmisión de estímulos a las células, es decir, que transporta información genética entre las células y también determina si ciertos genes están activados o no.

 

En los casos en que la persona consume con regularidad drogas como la heroína, el FosB se convierte en DeltaFosB, que se ve estimulado cada vez más en caso de consumo crónico y que incluso influye en los factores de crecimiento y en los cambios estructurales (plasticidad neuronal) en la región cerebral donde se forman los recuerdos.

 

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La proteína FosB está alterada en personas que sufren de forma crónica un trastorno adictivo. (Imagen: Medizinische Universität Wien)

 

El equipo de Monika Seltenhammer ha mostrado ahora que los efectos de este estímulo crónico pueden ser identificados incluso tras fallecer el individuo, como una especie de “recuerdo de la dependencia”. El estudio implicó examinar muestras de tejido del núcleo accumbens (otra región cerebral) de 15 adictos a la heroína fallecidos. Usando métodos de detección altamente sensibles, el DeltaFosB aún podía detectarse nueve días después de la muerte. Los investigadores suponen que este período de vigencia de DeltaFosB será mucho más largo en sujetos vivos, llegando quizás incluso a meses.

 

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