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Lunes, 23 enero 2017
Geología

Cómo el descenso de temperatura exterminó a los dinosaurios

Hace 66 millones de años, la súbita extinción de los dinosaurios propició el inicio del ascenso de los mamíferos, lo cual desembocó a su vez en el reinado de la humanidad sobre la Tierra. Unos climatólogos han reconstruido ahora cómo las diminutas gotas de ácido sulfúrico que se formaron a gran altitud en la atmósfera tras el impacto de un gran asteroide, y que bloquearon la luz solar durante varios años, tuvieron buena parte de culpa de aquella extinción masiva. Muchas plantas murieron, y la muerte se extendió a lo largo de la red alimentaria. Las teorías anteriores sobre el mecanismo exacto de la extinción consideraban que el actor principal fue el polvo expulsado por el impacto, que durante un periodo relativamente breve flotó en la atmósfera interceptando la luz solar. Las nuevas simulaciones por ordenador, en cambio, muestran que las citadas gotas provocaron un enfriamiento mucho más duradero y por tanto más dañino, el cual contribuyó en gran medida a la muerte de los dinosaurios terrestres. Un mecanismo mortal adicional, este para las criaturas marinas, lo tendríamos en una mezcla especialmente vigorosa del agua de los océanos, anulando corrientes marítimas estabilizadoras, lo que habría alterado de modo letal los ecosistemas marinos.

 

El gran frío que siguió al impacto del asteroide que formó el cráter Chicxulub en México es un punto de inflexión en la historia de la Tierra, tal como comenta Julia Brugger, del Instituto para la Investigación de Impactos del Clima, en Potsdam, Alemania, y coautora del nuevo estudio.

 

Para investigar el fenómeno, el equipo de Brugger y Georg Feulner utilizó por vez primera un tipo específico de simulación por ordenador aplicada normalmente en contextos distintos, un modelo climático que conecta atmósfera, océano y hielo marino. Estos científicos partieron de investigaciones que muestran que los gases que contenían azufre y que ingresaron en la atmósfera como consecuencia del violento impacto del asteroide en la superficie de nuestro planeta fueron la principal causa del bloqueo de la luz solar. Este bloqueo provocó un notable descenso de las temperaturas en la superficie de la Tierra.

 

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Situación de las temperaturas 5 meses tras el impacto. Los colores representan temperaturas. En la columna de la derecha, estos aparecen ordenados por temperatura, desde el negro como el más frío (extremo inferior) hasta el rojo intenso como el más caliente (extremo superior). (Imagen: PIK / Mapa de fondo: C.R. Scotese)

 

Hizo realmente mucho frío. La temperatura media anual global del aire descendió en al menos 26 grados centígrados. Los dinosaurios estaban acostumbrados a vivir en un clima cálido. Tras el impacto del asteroide, la temperatura media anual se quedó por debajo del punto de congelación durante unos 3 años. Evidentemente, los casquetes polares se extendieron. Incluso en los trópicos, la temperatura media anual cayó de los 27 grados centígrados a apenas 5. El enfriamiento a largo plazo ocasionado por los aerosoles de sulfatos fue mucho más importante para la extinción masiva que el polvo que se quedó en la atmósfera durante solo un tiempo relativamente corto. Fue también más importante que los sucesos catastróficos locales, como el extremo calor en las inmediaciones de la zona de impacto, los incendios forestales o los tsunamis.

 

También fue importante la grave alteración sufrida por la circulación oceánica. Las aguas superficiales se enfriaron, haciéndose por tanto más densas y consecuentemente más pesadas. Mientras que estas masas de agua más fría se hundían en las profundidades, el agua más caliente de las capas oceánicas profundas se elevó hacia la superficie, llevando nutrientes que probablemente alimentaron a grandes proliferaciones de algas. Es posible que estas proliferaciones masivas condujeran a una alta producción de sustancias tóxicas, perjudicando aún más a la vida en las costas. En cualquier caso, los ecosistemas marinos resultaron gravemente conmocionados, y esto debió contribuir de manera decisiva a la extinción de especies en los océanos, como los amonites.

 

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