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Martes, 24 enero 2017
Arqueología

Un ejército de voluntarios ‘online’ resucita las ruinas de Mosul y Palmira

Cada martillazo que los yihadistas del Dáesh propinaban con saña contra las esculturas del Museo de Mosul (Irak) en febrero de 2015 ha quedado grabado en la memoria colectiva de los ciudadanos de occidente, atónitos al observar un vídeo que corría por los medios de comunicación y las redes sociales. Ese era el objetivo: provocar el horror y la indignación destruyendo vestigios de Mesopotamia, la cuna de las primeras civilizaciones y un vínculo entre Oriente y Occidente.

 

Con cada golpe, a Matthew Vincent, nacido en Seattle (EE UU), se le encogía el estómago frente al ordenador de su despacho del Centro de Arqueología Virtual DigitalMED de la Universidad de Murcia (UMU). “Es horrible asistir a ese desastre porque invertimos nuestra vida en la conservación del patrimonio, que es propiedad de la humanidad, mucho más allá de nacionalidades ni religiones”.

 

Automáticamente, Vincent inició un debate en el grupo de Facebook que mantiene con los otros 19 investigadores becados dentro de la Red de Formación Inicial para el Patrimonio Cultural Digital (ITN-DCH), un proyecto europeo Marie Curie.

 

“No quería quedarme solo en la protesta y lancé la idea de crear un proyecto solidario de crowdsourcing para recuperar los restos que estaban siendo aniquilados mediante una plataforma online y recurriendo a la realidad virtual, que es nuestra área de estudio”, recuerda Vincent.

 

La idea enseguida motivó a su colega del ITN-DCH Chance Coughenour, otro estadounidense que trabaja para el Instituto de Fotogrametría de la Universidad de Stuttgart (Alemania).

 

Precisamente las técnicas de fotogrametría eran la clave para recrear en el ciberespacio el patrimonio arrasado. La plataforma, que inicialmente fue bautizada como #projectmosul, proponía a voluntarios de cualquier parte del mundo subir imágenes de las piezas perdidas que hubiesen obtenido en viajes turísticos y visitas profesionales.

 

“A partir de las fotos de un objeto o una superficie, podemos deducir sus formas y dimensiones gracias a la fotogrametría –explica Coughenour–. Se trata de una técnica donde la principal fuente de información es la simple fotografía, y a partir de sus dos dimensiones se puede recrear el objeto tanto en 3D como en 4D, lo que le añade el tiempo y el movimiento”.

 

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Mayo de 2016. Un soldado ruso limpia de minas las ruinas de Palmira, en Siria. En 2015, el Dáesh las arrasó. Filmó en sus teatros macabras ejecuciones y voló sus templos con explosivos. Ahora, los arqueólogos del proyecto Rekrei se han propuesto reconstruir virtualmente esta ciudad grecorromana, Patrimonio de la Humanidad. (Imagen: Vadim Savitsky/EFE)

 

La respuesta que obtuvieron en la red fue apabullante: decenas de voluntarios de todas las partes del mundo subían a la web sin cesar miles de imágenes tanto de los restos de Mosul como de otras ciudades históricas de Oriente Medio destruidas por los yihadistas, tales como Palmira o Hantra.

 

Los primeros en involucrarse fueron unos militares de EE UU que habían recopilado fotografías del patrimonio que encontraban en los reconocimientos del terreno efectuados en Irak. “Uno de ellos me conocía y me las enviaron cuando se enteraron de lo que habíamos montado”, recuerda Vincent.

 

Pronto los usuarios dieron un paso más e introdujeron en la plataforma rescates virtuales de patrimonio devastado por desastres naturales. Es el caso del antes y el después de la plaza Durbar de Katmandú, hecha añicos por un terremoto, o la reconstrucción de la cabeza de la estatua de San Sebastián, en la Estación de Rossio en Lisboa, que un turista decapitó al hacerse un selfie. En total, medio centenar de localizaciones de todo el planeta y más de 300 voluntarios han subido hasta la fecha unas 7.000 fotografías.

 

“Por eso decidimos llamar a la plataforma Rekrei (www.rekrei.org), que significa ‘recrear’ en esperanto, un idioma universal sin nacionalidad ni religión. La destrucción del patrimonio no es, por supuesto, nada nuevo. Los ejércitos invasores han borrado los nombres de los reyes anteriores, arrasando el patrimonio con el fin de destruir la memoria del pasado. Si bien no podemos evitar la pérdida del patrimonio en todo el mundo, al menos podemos tomar medidas para preservar la herencia que se ha perdido”, defiende el investigador de la UMU.

 

Las ruinas del templo de Bel se consideraban las mejor conservadas de Palmira, en Siria. El Dáesh las destruyó en 2015. Aquí, la reconstrucción virtual llevada a cabo gracias a los participantes del proyecto Mosul.

 

Su colega Coughenour puntualiza: “A partir de una cámara digital común, tenemos la tecnología y la capacidad para crear representaciones digitales del patrimonio y colocarlas en los repositorios y museos virtuales, tanto para el público como para los profesionales. Al hacerlo, podemos preservar las narrativas de los pueblos y culturas de todo el globo en acceso abierto para que sirva como base para la investigación, la educación, la curación digital y el nuevo arte”.

 

En el proceso de recreación virtual de una escultura o un templo a partir de fotografías, el primer paso es identificar las localizaciones donde se ha perdido patrimonio. “Para ello, hemos integrado en la plataforma todas las licencias disponibles de Flickr a través de su API de geolocalización –detalla a Sinc el arqueólogo de Seattle–. Los usuarios pueden ajustar el radio de búsqueda a través de un control deslizante, extendiéndolo hasta un kilómetro de distancia del centro de la ubicación por el que están navegando”.

 

“Antes, estos voluntarios se han creado una cuenta en rekrei.org tanto para subir fotos de los vestigios dañados como para organizarlas o descargárselas e iniciar el proceso –continúa Coughenour–. Socios del proyecto, como Agisoft Photoscan, nFrames o 3Dflow, nos han cedido licencias de sus programas de fotogrametría y otros softwares para que los usuarios se los puedan bajar gratuitamente”.

 

“Cuantas más fotos tenemos, más profundidad podemos darle al escenario 3D –precisa Vincent–. Los puntos obtenidos de las imágenes nos dan las coordenadas exactas que tenía el objeto. Por triangulación, se genera una malla y se va creando una superficie con la apariencia y la textura que presentaba la escultura o el templo que estamos rescatando. Después, los modelos se suben a Sketchfab, que es como un YouTube de 3D”.

 

Gracias al apoyo del Media Lab de la revista británica The Economist, los artífices de rekrei.org pudieron cumplir en 2016 el sueño de montar una exposición en Ámsterdam con reproducciones de los objetos ‘resucitados’. “No queremos exhibir copias del patrimonio perdido, como se hizo con el Arco de Palmira en Trafalgar Square (Londres). Nuestra idea era combinar un museo virtual y uno tradicional”, cuenta Coughenour.

 

En ocasiones, los modelos que crean estos arqueólogos virtuales aficionados alcanzan cotas de precisión muy elevadas. ‘Ruimx’ es el nick de Pedro Máximo, un ingeniero civil de Oporto que ha demostrado ser un voluntario aventajado.

 

A pesar de que las cuentas en rekrei.org son anónimas para proteger a los usuarios de represalias a manos de los fanáticos del autoproclamado Estado Islámico, Máximo no tiene problema en desvelar su identidad: “Nunca he tenido problemas con el Dáesh y tampoco temo recibir amenazas. Nuestro trabajo es una propuesta pacifista para compartir conocimientos y concienciar a la gente de la importancia de la conservación del patrimonio”.

 

Ruimx se involucró en el proyecto en cuanto supo que reclutaban voluntarios con dotes como las suyas para la fotogrametría. “No me siento como un arqueólogo –reflexiona–, pero es una experiencia muy satisfactoria cuando termino uno de los modelos y puedo observar cómo era antes de su destrucción”.

 

Una obra como las suyas requiere responsabilidad: debe proporcionar un modelo fiel al original. “Me gusta mucho reconstruir en 3D un artefacto perdido para compartirlo con otras personas que nunca tuvieron la oportunidad de ver el real y que, desafortunadamente, nunca la tendrán”, cuenta Ruimx.

 

Sin ir más lejos, el propio creador de la ONG ciberarqueológica no conoció las ruinas arrasadas en Irak y Siria. “No llegué a tiempo –se lamenta Vincent–, pero con Rekrei al menos podré observar cómo fueron”.

 

Ni Chance Coughenour ni Matthew Vincent se han propuesto obtener beneficios económicos con rekrei.org ni dar el salto al crowdfounding para recaudar fondos, aunque sí destacan la relevancia de sus socios, principalmente instituciones de investigación académica como digitalMED, el Instituto de Fotogrametría de Stuttgart, el Centro de Visualización y Tecnologías Aplicadas Espaciales de la Universidad del Sur de Florida y la Fundación Bruno Kessler en Trento (Italia), donde Vincent comienza otra etapa como investigador sin dejar de colaborar con la Universidad de Murcia.

 

Además, reciben un respaldo tecnológico por parte de empresas informáticas como CyArk y AD & D 4D, junto al apoyo institucional del Centro de Gilgamesh de Antigüedades y Patrimonio Protección de Irak, del embajador iraquí en Alemania y del ex comisario de Museo Mosul de la Cultura o del Servicio Europeo de Acción Exterior, entre otros muchos.

 

El último gran espaldarazo se lo ha brindado Naciones Unidas al incluir a rekrei.org en #Unite4Heritage, un movimiento mundial impulsado por la UNESCO para salvaguardar el patrimonio cultural. (Fuente: SINC/Paz Gómez)

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