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Miércoles, 15 febrero 2017
Paleontología

La dieta y la movilidad quedan grabadas en nuestros huesos y nuestros dientes

El estudio, realizado por un grupo de investigación de la UPV/EHU (España), analiza la dieta de los individuos musulmanes encontrados en un yacimiento en Tauste (Zaragoza) y determina las diferencias existentes en la alimentación según el sexo y la edad. Este trabajo es parte de la tesis doctoral que está realizando la geóloga, Iranzu Laura Guede sobre la dieta y la movilidad en época medieval en el norte de la Península Ibérica.

 

Esta investigación aplica técnicas propias de la geología para dar respuesta a las incógnitas surgidas en otras disciplinas como la arqueología o la antropología en el yacimiento arqueológico de Tauste (Zaragoza). Unas excavaciones realizadas en este municipio desenterraron los esqueletos de 44 individuos musulmanes que vivieron entre los siglos VIII y X. A partir de ese descubrimiento un grupo de investigación del departamento de Mineralogía y Petrología de la sección de Geología de la UPV/EHU se ha encargado de analizar muestras dentales de estos restos humanos para establecer la dieta de esta comunidad islámica medieval.

 

La investigadora Guede ha utilizado la técnica de ablación laser para realizar análisis puntuales en las piezas dentales. Una de las características de esta técnica es que la muestra no necesita una gran preparación y que, además, es poco agresiva con los restos fósiles. Por ello, permite la conservación de estos restos, que en arqueología son limitados,  preservándolos para futuros estudios.

 

Los resultados químicos han desvelado la existencia de notables diferencias en la alimentación de los hombres adultos con respecto a la de las mujeres y de los jóvenes. Se ha comprobado que los hombres adultos tenían una mayor ingesta de proteínas de origen animal que las mujeres y los jóvenes, que tenían una dieta más rica en legumbres y vegetales.

 

Los análisis realizados por este grupo de investigadores se tienen que anclar en los estudios de historiadores, de antropólogos y de los propios arqueólogos. “Los datos numéricos por si solos no indican nada, pero son imprescindibles para apoyar las hipótesis y descubrimientos arqueológicos e históricos” subraya la doctora Zuluaga, una de las directoras de la tesis doctoral de Guede. Por ello, aunque “no podemos saber exactamente el origen de la proteína animal mediante estos análisis, basándonos en los textos escritos y en el conocimiento antropológico de la sociedad musulmana medieval, cabe suponer que provendría, sobre todo, de cabras y ovejas”.

 

En ese sentido, este tipo de estudios es la prueba de que “somos lo que comemos” según apuntaba Samuel Epstein (1951), geólogo famoso por desarrollar métodos de análisis de isotopos estables. “Lo que ingerimos pasa a formar parte de nuestros cuerpos y nos aporta información muy valiosa que se queda grabada en nosotros y nosotras”, en este caso en los dientes.

 

El estudio se ha centrado en la dentina ya que es, según la geóloga Iranzu Guede, “más adecuada” que el esmalte dental para establecer la dieta; “la composición química de la dentina se va remodelando a los largo de la vida y por ello quedan registrados los elementos que formaban parte de nuestra alimentación durante los últimos años de la vida de las personas”.

 

Además de lo referente a la alimentación, esta investigación también ha realizado otros hallazgos muy interesantes como altas concentraciones de plomo en la dentina de cuatro individuos. “La concentración de plomo es tan alta que sugiere que estaban intoxicados por ese elemento” subraya esta joven investigadora. El origen de este elemento es antropogénico y según diversos estudios puede ser debido al trabajo que realizaban manipulando minerales de plomo, posiblemente en la elaboración de vidriados para cerámicas.

 

Entre los individuos hallados destaca una mujer que fue enterrada con un pendiente. “Este hecho es realmente curioso ya que los musulmanes nunca enterraban a nadie con joyas u otros elementos pertenecientes a su vida” explica Iranzu Guede. Según los estudios de movilidad que esta llevando a cabo la doctoranda, “se ha podido constatar que esta mujer nació en el pueblo de Tauste, vivió fuera del mismo largo tiempo y regresó posteriormente unos pocos años antes de morir, aunque siempre desconoceremos las razones de su viaje”.
Estas investigaciones también han podido demostrar que esta comunidad musulmana era una comunidad estable ya que la mayoría de las personas nacieron y fallecieron en Tauste a excepción dos hombres y dos mujeres foráneos.

 

Este yacimiento se encontró a consecuencia de unos trabajos realizados en la vía pública del municipio y posteriormente la Asociación Cultural “El Patiaz”  realizó diferentes intervenciones entre 2010 y 2013. Las excavaciones se realizaron bajo la supervisión  del arqueólogo Francisco Javier Gutiérrez, quien considera que en las dos hectáreas que puede ocupar esta necrópolis podría haber hasta 4.500 tumbas. El estudio antropológico de los restos humanos encontrados, por su parte, lo ha realizado la antropóloga Miriam Pina.

 

Asimismo, los análisis de carbono 14 establecen que esta población data de entre los siglos VIII y X en una época convulsa tras la conquista de los musulmanes. De hecho, estas investigaciones han sido fundamentales para constatar la presencia musulmana en una población en la que se desconocía su existencia.
El estudio de Iranzu Guede forma parte de su tesis doctoral, dirigida por los doctores Maria Cruz Zuluaga y Luis Ángel Ortega, que analiza la movilidad y la dieta en diferentes poblaciones de la edad media en el norte de la Península Ibérica. (Fuente: UPV/EHU)

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