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Lunes, 6 marzo 2017
Mineralogía

Minerales antropogénicos, una muestra más de que ha comenzado una nueva era geológica

A raíz de una nueva investigación, se puede afirmar que los humanos somos los mayores contribuyentes a la diversidad de los minerales desde la acción geoquímica del oxígeno a gran escala cuando su abundancia en la atmósfera terrestre creció notablemente hace unos 2 200 millones de años. Esto queda reflejado en el hecho de que mientras que la totalidad de los minerales oficialmente reconocidos, creados por la naturaleza, son algo más de 5 000, la mera acción humana ya ha generado 208.

 

El ingenio del Ser Humano y su actividad industrial han hecho más por diversificar y distribuir minerales sobre la Tierra que cualquier otro proceso desde el aumento del oxigeno atmosférico hace unos 2 200 millones de años. Esta es la sorprendente conclusión a la que se ha llegado en una nueva investigación. El trabajo refuerza el argumento científico que propugna designar oficialmente un nuevo intervalo de tiempo geológico, distinguido por el impacto generalizado de las actividades humanas: la época antropocena.

 

El equipo de Marcus Origlieri y Robert Downs, de la Universidad de Arizona, así como Robert Hazen, del Instituto Carnegie de Ciencia, en Washington, D.C., ambas instituciones en Estados Unidos, ha identificado por vez primera un grupo de 208 especies minerales que se han originado exclusivamente o en gran parte debido a las actividades humanas. Eso es casi el 4% de los aproximadamente 5 200 minerales reconocidos oficialmente por la Asociación Mineralógica Internacional.

 

La mayoría de los minerales reconocidos que se atribuyen a las actividades humanas se han originado a través de la minería.

 

Hay algunos con un origen particularmente exótico. Por ejemplo, seis fueron encontrados en las paredes de hornos de fundición, y tres se formaron en un sistema de conducción geotérmica.

 

Algunos minerales formados a raíz de acciones humanas también se pueden formar de modo natural. En esta categoría se descubrieron tres en objetos de plomo oxidados a bordo de un pecio tunecino, dos en objetos de bronce en Egipto, y dos en objetos de estaño en Canadá. Cuatro datan de bastante tiempo atrás; fueron descubiertos en asentamientos prehistóricos donde se practicaban sacrificios con fuego, en una zona montañosa austriaca.

 

Además de crear nuevos compuestos, las actividades humanas como la minería y el transporte de bloques de piedra, rocas, sedimento y minerales desde su lugar original, para ayudar a construir carreteras, puentes, canales navegables, monumentos, encimeras de cocina hechas de mármol o materiales similares, y otras infraestructuras humanas, rivalizan en escala con la redistribución natural, como la que sucede mediante los glaciares.

 

Las operaciones mineras, además, han despojado de minerales y de combustibles fósiles al entorno próximo a la superficie, dejando grandes fosos abiertos, redes de túneles y, en el caso de la minería a cielo abierto, montañas recortadas.

 

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La simonkolleita es un mineral antropogénico, hallado en un artefacto de la minería del cobre, en la mina Rowley, del condado de Maricopa, en Arizona (EE.UU.). (Foto: RRUFF)

 

Tal como argumenta Downs, debido a las influencias generalizadas de la humanidad sobre el medio ambiente, debe haber cientos de “minerales” aún no reconocidos en viejas minas, fundiciones, edificios abandonados y otros lugares. Ahora mismo podrían estar formándose incluso nuevos tipos de compuestos, por ejemplo en basureros de residuos sólidos, donde baterías, aparatos electrónicos y otros desechos tecnológicos complejos son expuestos a la erosión química vinculada a la meteorología y otros agentes naturales de alteración.

 

En las capas de sedimento que nuestra época dejará en el terreno, los futuros mineralogistas encontrarán abundantes materiales de construcción, como ladrillos, bloques de hormigón y cemento, aleaciones metálicas como el acero, junto con muchos subproductos radiactivos letales de la era nuclear. Podrán también maravillarse de algunas gemas hermosamente fabricadas, como la circona cúbica, la moissanita, los rubíes sintéticos y muchas otras.

 

Estos minerales, así como los compuestos parecidos a ellos, quedarán conservados en el registro geológico como una clara frontera entre la época de la civilización humana y el tiempo transcurrido sin ella. Su alcance geográfico será además claramente global.

 

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