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Jueves, 9 marzo 2017
Paleontología

Los ojos, y no las extremidades, ¿la clave del paso evolutivo de animales del agua a tierra firme?

Un nuevo y provocador estudio sugiere que fue el poder de los ojos y no el de las extremidades lo que llevó a nuestros ancestros acuáticos a realizar el trascendental salto desde el agua a la tierra hace unos 385 millones de años. Unos animales parecidos a cocodrilos vieron primero alimentos fáciles de obtener en tierra y posteriormente desarrollaron extremidades que les permitieron alcanzarlos con más facilidad, según la hipótesis presentada por el equipo de Malcolm MacIver, de la Universidad del Noroeste en Estados Unidos.

 

MacIver y sus colegas estudiaron el registro fósil y descubrieron que los ojos casi triplicaron su tamaño antes (no después) de la transición del agua a la tierra. Ello coincidió con un cambio en la ubicación de los ojos, desde un lateral de la cabeza a la parte superior. El mayor alcance visual por ver a través del aire podría haber llevado a desarrollar cerebros más grandes en los primeros vertebrados terrestres y a la habilidad de planificar acciones, y no solamente reaccionar ante situaciones como hacen los peces.

 

El agrandamiento de los ojos es significativo. Solo asomando esos ojos por encima de la superficie del agua, los peces podían ver 70 veces más lejos en el aire que en el agua. Esto sucedió millones de años antes de que existieran animales totalmente terrestres.

 

Unos ojos más grandes son casi inútiles en el agua porque la visión está limitada básicamente a lo que se halla justo ante el animal. Pero un ojo mayor es muy valioso cuando se mira a través del aire.

 

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Vista lateral de un modelo en 3D de Tiktaalik, en una turbia vía fluvial en el Devónico, hace 385 millones de años, mirando por encima del agua a través de unos ojos situados en la parte superior del cráneo, y respirando a través de espiráculos situados justo detrás de ellos. (Imagen: Malcolm MacIver, Northwestern University)

 

En la evolución, a menudo todo se basa en las contrapartidas. ¿Vale la pena, metabólicamente hablando, agrandar los ojos? ¿Qué sentido tiene? Los autores del nuevo estudio creen que el sentido se hallaba en capacitar a esos animales para buscar alimento en tierra firme.

 

La selección natural condujo por tanto a unos ojos más grandes, aunque el estudio muestra que en el agua, estos llevaban a incrementos insignificantes en el alcance visual. De hecho, un grupo que surgió después de que los animales por vez primera pisaran tierra firme, regresó a una vida subacuática a tiempo completo, y, significativamente, sus ojos volvieron a ser pequeños.

 

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