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Lunes, 13 marzo 2017
Química

El funcionamiento de los artículos luminosos para fiestas

La ciencia se cuela en todos los aspectos de nuestra vida. Está presente en la medicina y su aplicación nos ayuda a mantener o mejorar nuestra salud. También la encontramos en la tecnología, que nos proporciona comodidades en nuestro día a día, optimizando así nuestro bienestar. Y, como no, el ser humano es capaz de emplearla en el ocio, siendo las fiestas un foco de atención en constante investigación.

 

Los productos fluorescentes se conocen desde la prodigiosa década de los 60. Su nacimiento se sitúa exactamente en 1962, cuando el Dr. Edwin Chandross, un químico de los laboratorios Bell Labs, se convirtió en el padre –involuntario– de las barritas luminosas. Aunque su nombre no consta en los libros de patentes, todos los estudios posteriores que sí fueron registrados están basados en los experimentos con luminol del Dr. Chandross. En base al descubrimiento inicial, un equipo dirigido por el experto en química Michael A. Rauhut, director del departamento de investigación exploratoria de la compañía American Cyanamid en Stamford (Connecticut), se dedicó a estudiar la reacción química. Tras mejorarla, comenzó la comercialización de las primeras barritas luminosas en 1971; pero fue Richard Taylor Van Zandt el científico que solicitó la patente y el que consta, desde 1977, como descubridor –oficial– de los denominados “dispositivos de luz química”.

 

En la actualidad, sus usos son cuantiosos: en el ámbito del entretenimiento, se han convertido en el compañero perfecto para conciertos o eventos nocturnos, tales como bodas o cumpleaños; en la cotidianidad, son elementos eficaces a la hora de señalizar obras, dirigir el tráfico o como accesorio deportivo para prácticas como el submarinismo. 

 

Cuando adquirimos este tipo de productos, nos explican cómo activarlo. De cara al usuario, el funcionamiento es sencillo. En la mayoría de los casos, simplemente se trata de doblar el elemento, agitarlo y voilà! Ya tenemos luz. Y no nos ha hecho falta ni combustible, ni pilas, ni baterías. ¿Entonces? ¿Cómo hemos conseguido ‘crear’ esa luz? La respuesta la encontramos en la quimioluminiscencia.

 

Para comprender el significado de la palabra, acudiremos a su etimología. Según la RAE, luminiscencia es la “propiedad que tienen algunos cuerpos de emitir luz sin elevación de temperatura”; por su parte, el prefijo quimio- “indica relación con la química, sus productos y sus procesos”. De esta manera deducimos que la luz que se produce es consecuencia de una reacción química: la recombinación de dos o más sustancias es capaz de crear un nuevo compuesto. Además, según la naturaleza de las sustancias participantes en el proceso, el resultado puede emitir energía y, por lo tanto, luz.

 

Los artículos luminosos para fiestas están fabricados con polietileno y en su interior coexisten dos compuestos químicos: el peróxido de hidrógeno, considerado el elemento activador, se encuentra contenido en una cápsula de cristal pequeña y frágil; y el éster de fenil oxalato, junto con un tinte fluorescente que le otorga el color deseado a la mezcla.

 

Cuando doblamos el producto, estamos forzando la combinación de los dos compuestos y, al agitarlo, aceleramos el proceso. De esta reacción, se produce una emisión de energía capaz de excitar a los átomos del tinte, aumentado el nivel energético de los electrones y alejándolos de su núcleo; poco después, los electrones recuperan su estado de equilibrio y desprenden la energía sobrante en forma de fotones. Esos fotones serán las partículas responsables de producir luz sin calor, la conocida como luz fría.

 

La calidad y el tipo de los compuestos condicionarán la duración e intensidad de la luz, que puede oscilar de apenas unos minutos hasta varias horas. Asimismo, también afecta la temperatura: si calentamos el producto, la reacción será más rápida, la luz más fuerte, pero el efecto durará menos tiempo; si, por el contrario, decidimos enfriarlo, la reacción será más lenta, la luz producida más débil, pero más prolongada en el tiempo. Es más, si lo metemos en el congelador, será capaz de aguantar hasta el día siguiente; la reacción no se interrumpe, pero sí que se ralentiza.

 

En el caso de los artículos fluorescentes para fiestas, la aplicación de esta reacción química es infinita. Además, son altamente seguros, no tóxicos, por lo que su público abarca todas las edades. En tiendas online, como FiestasMix, encontrarás tantos complementos como alcance tu imaginación. Desde las tradicionales barritas luminosas hasta gafas, gorras y globos. Tampoco se queda fuera el menaje, con los sorprendentes cubiertos, los vasos y copas y los increíbles cubitos de hielo. Todo lo necesario para organizar una celebración original y memorable. ¡Qué la ciencia te acompañe en tu próxima fiesta!


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