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Domingo, 19 marzo 2017
Microbiología

Analizan en un estudio la dispersión de parásitos que realizan las aves en América

La comprensión y el monitoreo de la dispersión de microorganismos con potencial patológico constituye una preocupación constante de las autoridades sanitarias y epidemiológicas de todo el mundo. Los riesgos que esto reviste son evidentes, debido a la posibilidad de eclosión de brotes de enfermedades emergentes en humanos o en animales domésticos y de cría.

 

El transporte de agentes patológicos que atraviesa fronteras puede transcurrir debido a la movilidad humana, pero también a causa del tránsito de animales silvestres. Entre los principales animales sospechosos que deben monitorearse se encuentran las aves migratorias, que transportan parásitos a través de largas distancias. Así y todo, poco se sabe sobre la transferencia de esos parásitos a las poblaciones de aves residentes en los lugares de invernada o de procreación de las aves migratorias.

 

Recientemente salió publicado en Journal of Biogeography un estudio internacional pionero, realizado con base en el análisis de parásitos del paludismo en muestras de sangre extraídas de más de 24 mil aves migratorias y residentes de 23 países de los dos hemisferios americanos.

 

“Se trata del mayor estudio realizado hasta ahora referente a la parasitología de las aves migratorias de América”, dijo la bióloga Maria Svensson-Coelho, investigadora del Instituto de Ciencias Ambientales, Químicas y Farmacéuticas de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), en Brasil. Nacida en Suecia, Svensson-Coelho se encargó de procesar parte de las muestras, y cuenta con el apoyo de la FAPESP mediante una Ayuda a la Investigación – Joven Investigador, en el marco del programa BIOTA.

 

“Año tras año, centenas de especies de aves dejan sus áreas de invernada tropicales o subtropicales para pasar el verano en las áreas de apareamiento a altas latitudes, para luego regresar a las bajas latitudes, al final de la estación de apareamiento. Esas especies están expuestas a distintos parásitos en sus áreas de apareamiento boreales o templadas y en las áreas de invernada tropicales o subtropicales. Potencialmente, pueden dispersar parásitos en esas regiones”, dijo la investigadora.

 

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Macho y hembra de gorrión común (Passer domesticus), en el parque de Bercy (París). (Foto: DICYT)

 

El conocimiento referente a la distribución de las poblaciones de patógenos en vastas áreas geográficas resulta esencial para la comprensión de la epidemiología de los parásitos, de sus patrones locales de virulencia y de la evolución de la resistencia en los portadores.

 

En el año 2007 se llevó a cabo un estudio con 259 linajes de parásitos de aves distribuidos entre Europa y África. Y se descubrió que 31 linajes que infectan a aves migratorias pueden transmitirse a aves residentes locales. “El objetivo de nuestro trabajo consiste en realizar el mismo tipo de estudio entre las aves del Nuevo Mundo”, dijo Svensson-Coelho.

 

En Brasil, la extracción de muestras de sangre de las aves migratorias y residentes se concretó en la Estación Ecológica de Águas Emendadas, en Brasilia (la capital del país), y en los parques de Cantão y Lajeado, en el estado del Tocantins. Alan Fecchio, de la Universidad Federal de Bahía, fue el encargado de las extracciones en la zona de sabana, el Cerrado.

 

También en América del Sur, se estudió material proveniente de la Amazonia ecuatoriana y del semiárido de Venezuela. De América Central y América del Norte participaron Panamá y México.

 

El trabajo también se realizó en nueve estados del este de Estados Unidos (Alabama, Connecticut, Illinois, Indiana, Luisiana, Michigan, Misuri, Pensilvania y Tennessee) y en todas las Antillas con excepción de Cuba (Antigua, Bahamas, Barbados, Barbuda, Granada, Guadalupe, Islas Caimán, Islas Vírgenes, Jamaica, Martinica, Montserrat, Nieves, Puerto Rico, República Dominicana, San Cristóbal, Santa Lucía, San Vicente y Trinidad y Tobago). No se estudiaron las aves cuyas rutas migratorias se extienden a lo largo de la costa del Pacífico, en la vertiente occidental de los Andes.

 

Entre las especies de aves de las cuales se extrajeron muestras sanguíneas son ejemplos los gorriones (Paser domesticus, Paserella iliaca y Melospiza melodia), el tordo acanelado o zorzal chocolate (Turdus fumigatus) y otros tordos (Hylocichla mustelina, Turdus grayi, T. lherminieri, T. migratorius, T. nudigenis y T. plumbeus), la oropéndola de Baltimore (Icterus galbula), el hormiguero alirrojo (Phlegopsis erythroptera), el hormiguerito colirrufo (Epinecrophylla erythrura), la mascarita común (Geothlypis trichas), las reinitas y reinitas azuladas (Coereba flaveola y Setophaga caerulescens), los juncos ojioscuros (Junco hyemalis), los vireos ojirrojos (Vireo olivaceus), los sinsontes (Mimus polyglottos) y las reinitas gusaneras y los chipes trepadores (Helmitheros vermivorus y Mniotilta varia).

 

Todas las muestras se barrieron en busca de ADN de parásitos del paludismo mediante el empleo de la tecnología de reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Entre las 24 mil muestras de sangre estudiadas se detectaron alrededor de 4.700 con infecciones que representaban a 79 parásitos de la malaria pertenecientes a los linajes de paludismo aviar del género Plasmodium spp. (42 linajes en 1.982 ejemplares huéspedes) y también del parásito Haemoproteus spp. (37 linajes en 2.022 ejemplares huéspedes), un género de protozoarios que parasita aves.

 

“Normalmente, la prevalencia es baja. En el lugar que estudiamos en Ecuador era del 21,6% (ó 539 en 2.488 pájaros infectados), y un sitio con muchas muestras en Estados Unidos exhibió un 37% de prevalencia (ó 271 en 726 pájaros infectados)”, dijo Svensson-Coelho.

 

Según la científica, es necesario reunir muchas aves para obtener una muestra de un tamaño considerable de parásitos, toda vez que los parásitos generalmente infectan tan sólo una fracción de la población de aves.

 

“La prevalencia puede variar mucho, y no solo entre lugares sino también entre especies dentro de una misma zona. Por ejemplo, en Ecuador, únicamente seis entre 107 ejemplares (un 5,6%) de Pipra filicauda (Pipridae) tenían paludismo, en tanto que 31 de 34 ejemplares (o un 91,2%) de Formicarius colma (Formicariidae) estaban infectados. Estos datos figuran en el artículo publicado en 2013 en Ornithological Monographs”, dijo.

 

Los parásitos que causan el paludismo aviar (Plasmodium spp.) son responsables por su transmisión en todos los continentes, menos en el Antártico. Ya se han descrito alrededor de 60 especies del linaje, sobre un total estimado de más de 500.

 

En América el sistema migratorio se diferencia del que existe entre Europa y África, ya que las rutas migratorias son más cortas, especialmente en las Antillas y en América Central. Las aves migratorias también son más propensas a hallar especies residentes relacionadas con ellas en las áreas de apareamiento y de invernada del Nuevo Mundo, al contrario de lo que sucede entre Europa y África.

 

“La afinidad de familias o incluso de géneros entre las aves migratorias y residentes americanas probablemente eleva la probabilidad de transmisión entre portadores migrantes y residentes”, dijo Svensson-Coelho.

 

Una de las diferencias más notables entre el estudio realizado en 2007 y este último consiste en que sólo dos linajes (entre 250 de tres géneros de parásitos) aparecieron en aves huéspedes de Europa y África, comparados con los 13 entre 79 linajes de Plasmodium y Haemoproteus detectados en las aves residentes americanas.

 

“El papel de las aves migratorias en la dispersión de esos linajes de parásitos entre las regiones templadas y tropicales parece maximizarse en las Américas. Esto es quizá producto de que las rutas migratorias de diversas especies que pasan el inverno en América Central y en el Caribe son relativamente cortas, o a causa de la afinidad taxonómica de una gran parte de las aves americanas de regiones templadas y tropicales”, dijo Svensson-Coelho.

 

Los linajes de malaria aviar no son transmisibles a los humanos, pero las aves migratorias transportan muchos otros microorganismos. Entre los patógenos que infectan a los humanos, las aves migratorias fueron responsables de la rápida expansión por América del Norte de una enfermedad emergente como la fiebre del Nilo Occidental, por ejemplo, una afección originaria de África.

 

Otro ejemplo es el virus de la gripe, que es endémico e inofensivo en las aves acuáticas, en su gran mayoría migratorias (patos, gansos y cisnes). Son éstas las responsables de la propagación de los nuevos linajes del virus de la gripe por el planeta. (Fuente: AGENCIA FAPESP/DICYT)

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