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Martes, 21 marzo 2017
Paleontología

Analizan la osamenta de una mujer hallada en Tlailotlacan, en Teotihuacán

La osamenta encontrada en 2014 en el sitio arqueológico de Tlailotlacan, en Teotihuacán (México), probablemente pertenezca a una persona de la élite maya que vivió entre los años 570 y 660 d.C; tenía entre 35 y 40 años de edad al momento de su deceso y presenta la mayor cantidad de deformaciones y modificaciones corporales intencionales, así como elementos únicos de prestigio, localizados hasta el momento en esa antigua urbe.

 

Hallados en el piso del Cuarto 2 del Entierro 13, en posición estirada boca arriba (decúbito dorsal extendido), los restos de la mujer estaban acompañados de una ofrenda de 19 piezas de cerámica, las cuales fueron estudiadas recientemente por investigadores del Servicio Arqueomagnético Nacional (SAN) del Instituto de Geofísica de la UNAM –con sede en Morelia, Michoacán–, a cargo de Avto Gogichaishvili, Juan Morales y Ana Maria Soler.

 

La datación de la osamenta de la mujer de Tlailotlacan apunta a la misma temporalidad de Álvaro, los restos de un hombre encontrados en la zona de Cuitzeo, Michoacán, con tratamiento dental complejo y datados también por los académicos de esta casa de estudios.

 

Gogichashvili sugiere que “esta conexión da la pauta para suponer que ambos vivieron durante una época de desarrollo en tratamientos terapéuticos dentales en la región mesoamericana”, pues ella tenía una protesis dental de jadeíta en uno de los incisivos centrales inferiores.

 

“Esto es un hallazgo único”, acotó Verónica Ortega, arqueóloga de la zona de Teotihuacán, quien informó que en la mujer también se identificaron otras modificaciones dentales en los incisivos centrales superiores, con incrustaciones de pirita, para lo cual –según los arqueólogos– se requirió de un taladrado en el esmalte, una técnica reportada principalmente en la zona maya de Petén en Guatemala.

 

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En la osamenta de la mujer de Tlailotlacan encontraron modificaciones dentales en los incisivos centrales superiores, con incrustaciones de pirita. (Foto: UNAM)

 

Además, presenta una deformación intencional del cráneo (modificación cefálica intencional de tipo tabular con compresión frontal-occipital, nuca) que no es común en la población teotihuacana.

 

En cuanto a las vasijas de la ofrenda, colocadas del cráneo a la pelvis, se determinó que 17 fueron elaboradas en Teotihuacán y eran del tipo de piezas utilizadas en actividades cotidianas, mientras que las otras dos fueron llevadas del sur de Mesoamérica (en el área que ahora comprende la costa del Golfo de México –a la altura de Veracruz– y los valles centrales de Oaxaca).

 

Para determinar su temporalidad, los universitarios analizaron las magnetizaciones termoremanentes, adquiridas por los minerales magnéticos (magnetita y hematita) presentes en la cerámica durante el enfriamiento de las vasijas luego de su fabricación o última utilización.


Con esta técnica arqueomagnética es posible determinar la intensidad absoluta del campo magnético de la Tierra al momento de elaborar las vasijas, pues éstas se manufacturan con arcillas que contienen partículas de oxidos de fierro y de titanio. Los investigadores establecen su magnetización y la comparan con un registro ya establecido para estimar la época en la que vivió el individuo que las poseía.

 

Basados en consideraciones arqueológicas y el estilo de la cerámica, los arqueólogos reportaron una temporalidad temprana, entre los años 350 a 400 d.C.; sin embargo, destacó Avto Gogichashvili, “nuestro procedimiento permitió determinar una temporalidad más tardía, entre los años 570 y 660 d.C.”.

 

Por el lugar donde se localizó, “inferimos que pudo ser una persona de élite proveniente del sur de Mesoamérica (Oaxaca o la zona maya)”, agregaron Verónica Ortega y Jorge Archer, antropólogo físico de la zona arqueológica de Teotihuacán.

 

Tlailotlacan es un vecindario teotihuacano localizado a tres kilómetros al poniente de la Calzada de los Muertos; ahí se han encontrado, desde hace más de cinco décadas, vestigios prehispánicos que indican la residencia de personas con costrumbres y tradiciones originarias de otras urbes como Monte Albán, en Oaxaca; Kaminaljuyú, en Guatemala; o Matacapan, Veracruz.

 

Desde 2008 se han excavado ocho conjuntos arquitectónicos que formaban parte de un vecindario en el que convivían diferentes familias que compartían el espacio doméstico. En el subsuelo de la mayoría de las habitaciones había tumbas y en una de ellas se localizó el Entierro 13. (Fuente: UNAM/DICYT)

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