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Miércoles, 22 marzo 2017
Antropología

Atapuerca, escenario del caso más antiguo de caza comunal documentado

Podría ser una jornada cualquiera de hace 400.000 años en la Sierra de Atapuerca (Burgos, España), cuando la alimentación no se regía por horarios como hoy en día y uno había de procurarse la comida casi a diario aprovechando lo que encontraba a su alrededor. A medida que el comportamiento de los homínidos se hizo más complejo también aprendieron a organizarse para no perder oportunidades y si salía bien, eran reincidentes.

 

En el yacimiento de Gran Dolina, concretamente en el nivel TD10.2, el IPHES (Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social) ya había identificado una gran concentración de huesos de bisontes (una verdadera manta), pero ahora ha podido comprender el motivo de esta acumulación. Las últimas investigaciones efectuadas han permitido averiguar que este fenómeno aconteció por la reiteración de determinados eventos en el mismo lugar, concretamente episodios de caza comunal de manadas de estos animales.

 

El proceso de cooperación de los homínidos era fundamental ya que se coordinaban para conducir a los bisontes hacia Dolina donde los acorralaban, mataban y, posteriormente, los procesaban para poder llevarse la carne, los huesos y las pieles a los campamentos. Aún se desconoce la ubicación de éstos, pero seguramente no debían de estar muy lejos de la zona de caza.

 

Así se constata en un artículo que acaba de publicar el Journal of Human Evolution (JHE) cuyo autor principal es el arqueólogo Antonio Rodríguez-Hidalgo, investigador postdoctoral Juan de la Cierva de la Universidad Complutense de Madrid e investigador asociado en el IPHES. “Hasta ahora se pensaba que este comportamiento era exclusivo de los humanos modernos, pero nosotros hemos demostrado que hace 400.000 años estaba plenamente desarrollado. Los pre-neandertales de la Sima de los Huesos (otro yacimiento situado a escasos metros de Gran Dolina), probables protagonistas de esta acumulación, tenían las capacidades cognitivas y el desarrollo social necesario para aplicar este tipo de estrategias de caza”, asegura Antonio Rodríguez-Hidalgo.

 

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Concentración de restos de bisontes en Gran Dolina. (Foto: IPHES)

 

Esto, según alguno de los revisores del artículo, puede considerarse uno de los descubrimientos de la década para la prehistoria de Eurasia. Es el caso de John Speth, catedrático emérito de arqueología en la Universidad de Ann Arbor, en Míchigan, y uno de los zooarqueólogos más relevantes en cuanto a conocimiento sobre subsistencia neandertal y cazaderos de bisontes paleoindios: “La caza comunal de presas grandes, ágiles y potencialmente peligrosas como el bisonte implica que los cazadores pudieron cooperar entre sí y coordinar eficazmente sus actividades en una escala que no se había demostrado previamente para los seres humanos pre-modernos hace unos 400.000 años”, asegura.

 

Además, el investigador, añade: “Los esfuerzos cooperativos para matar a múltiples individuos de un animal tan grande como el bisonte implica que los cazadores pueden haber compartido carne entre los participantes, insinuando nuevamente un nivel de complejidad social que no se había demostrado previamente durante un período de tiempo tan remoto”.

 

Todo ello se ha sabido aplicando la zooarqueología, una importante herramienta para la reconstrucción de la subsistencia y para inferir aspectos relevantes del comportamiento social en el pasado. La composición taxonómica y el perfil anatómico observado en aproximadamente 23.000 huesos de bisonte (de una especie aún por identificar, pariente cercano de Bison priscus) extraídos en el nivel TD10.2 de Gran Dolina, indican un conjunto monoespecífico fuertemente dominado por elementos del esqueleto axial (cabeza, costillas y vertebras).

 

Según los estudios realizados cabe destacar que la zona del yacimiento donde se han hallado los restos de bisonte podría haber sido empleada como lugar de matanza y primer punto de procesado de las carcasas. Los huesos muestran una representación muy sesgada del esqueleto y a su vez poco común en los yacimientos prehistóricos, ya que predominan los elementos axiales. “Al tratarse de cazas comunales con gran cantidad de presas los homínidos podían seleccionar las partes más ricas en nutrientes, como son las patas, y se las llevaban a los campamentos dejando la zona axial a merced de los carroñeros, los lobos y las hienas”, observa Rodríguez-Hidalgo.

 

“Junto con estos restos se conservan, además, una gran cantidad de huesos hioides (situados bajo la lengua) con marcas de corte, lo que significa que durante el despiece de las presas los homínidos consumieron las lenguas de los bisontes a modo de tentempié o snack por ser ricas en grasa y proteínas”, añade el mismo investigador.

 

Las características y abundancia de las modificaciones antrópicas en los huesos revelan un acceso primario e inmediato a las carcasas, así como el desarrollo de un procesado carnicero sistemático dirigido a la explotación de la carne y grasa, y a la preparación para el transporte de elementos de alto rendimiento hacia algún lugar fuera de la cavidad (actualmente es el conjunto con mayor número de marcas de corte del registro paleolítico). “Las analogías etnográficas, etnohistóricas y arqueológicas han permitido interpretar el ‘lecho de huesos de bisonte’ como cazadero utilizado durante varios eventos estacionales de caza comunal en los que rebaños completos de bisontes fueron sacrificados para ser explotados intensamente por los homínidos que ocuparon la cueva”, puntualiza Antonio Rodríguez-Hidalgo.

 

Según la misma investigación, este tipo de caza se repetía estacionalmente, es decir, de manera puntual en unos momentos del año. Utilizaban Dolina para la captura y como matadero de los bisontes, al final de la primavera y a inicios de otoño, probablemente siguiendo las migraciones de estos animales.

 

“A través del estudio del patrón de erupción, reemplazamiento y desgaste dental hemos podido inferir que los bisontes de TD10.2 murieron sincrónicamente en dos estrechas ventanas estacionales, lo que unido al patrón de mortalidad catastrófica que presenta la población (esto es, una disminución de la frecuencia de individuos muertos conforme avanza la edad), apoyan la caza en masa o caza comunal como técnica depredatoria”, comenta el mismo arqueólogo del IPHES.

 

Antonio Rodríguez-Hidalgo ha añadido: “La existencia temprana de la caza comunal como táctica depredatoria nos informa sobre la emergencia de habilidades cognitivas, tecnológicas y sociales similares a aquellas exhibidas por otros cazadores comunales modernos en un momento tan temprano como el Pleistoceno medio”. Además, dicho arqueólogo ha especificado: “Se necesita un gran número de individuos coordinados y trabajando de forma cooperativa con un mismo objetivo para llevar a cabo dicho tipo de caza, que hasta ahora se pensaba que era monopolio de los humanos modernos y quizás de los últimos neandertales”.

 

Del hallazgo en Dolina se ha extraído que la actuación de aquéllos homínidos era similar a los eventos que se generaban hace unos 10.000 años aproximadamente en los grupos de paleoindios en América. Asimismo, existen varias similitudes entre la caza comunal de bisontes empleada por los indios de las praderas americanas anteriores al siglo XVIII y las prácticas aplicadas por los homínidos de Gran Dolina, quienes además tenían una capacidad de previsión elevada y conocían el comportamiento de los animales y el entorno.

 

Por este motivo la organización de los eventos podría haberse estructurado de una forma similar ya que en estas circunstancias era necesario que todos los miembros tomasen parte en el desarrollo del proceso, algunos como cazadores y otros como bateadores. Por otro lado, los investigadores han podido documentar que en el entorno había otras presas que cazar, pero los homínidos decidieron deliberadamente optar sólo por los bisontes y con la técnica de la caza comunal durante un período que pudo durar varias generaciones. (Fuente: IPHES/DICYT)

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